Crisis del Coronavirus

De San Adrián para el mundo: una vacuna para el coronavirus

«No esperábamos que llegase a España así porque no conocíamos bien sus características»

Resulta complicado hacerle una pregunta a Isabel Sola que no le hayan hecho ya las decenas de medios que la han entrevistado estos días. Isabel es una de las mayores expertas de España en coronavirus y sigue trabajando en su laboratorio del CNB-CSIC pese al estado de alarma. El equipo que lidera junto a Luis Enjuanes busca una vacuna para el SARS-CoV-2, el virus que causa la COVID-19.

Isabel Sola es natural de San Adrián y, después de unos días teletrabajando por un caso positivo de coronavirus en su laboratorio, ya le han confirmado su negativo y a partir del lunes volverá a sus laboratorios a seguir trabajando en su proyecto.

– Asegura que la vacuna en la que están trabajando en España será más efectiva que las de China o Estado Unidos. ¿Por qué?

– No existe una forma única certera de trabajar en vacunas. En las que se están trabajando en Estados Unidos y China son más rápidas porque son más sencillas. Sólo trabajan sobre una proteína de las que contiene el virus. Es verdad que esta proteína F es muy inmunogénica, pero no es la única. La vacuna en la que nosotros estamos trabajando sería más potente y más equilibrada porque trabajamos con una derivada del virus en la que se eliminan todos los elementos que contribuyen a que el virus haga daño, pero conservan todas las proteínas. Por eso creemos que va a ser más eficaz.

– ¿Para cuándo podríamos tener la vacuna española contra el SARS-COV2 (para este coronavirus)?

– Es difícil hablar de plazos. Las vacunas tienen dos objetivos fundamentales: uno es demostrar su eficacia y otros su seguridad. Es decir, que sea efectiva y que no tenga efectos adversos para la seguridad del paciente. La etapa más sencilla es quizás construir el prototipo, que nos puede llevar entre dos y tres meses, pero luego hay que hacer estudios preclínicos (en animales) y después producirla en la escala que necesitamos para llevarla al ser humano sin que pierda esas propiedades de las que hablábamos. Después hay que evaluarla en seres humanos. Todo esto en tiempos normales llevaría años, pero en estos momentos en los que las administraciones están facilitando más las cosas podemos hablar de un año o año y medio siendo optimistas.

– ¿Crear una vacuna es dar por hecho que el virus del que hablamos va a quedarse con nosotros, que no va a ser pasajero?

– Tal y como lo vemos ahora, lo más probable es que este virus se convierta como otros en un virus emergente cada año. Por eso es tan importante la vacuna. Ahora mismo ninguno tenemos inmunidad sobre el virus por dos motivos: nunca habíamos estado expuestos a él y no teníamos vacuna. No había nada que nos protegiese frente a él. Por eso se ha convertido en una epidemia. Cuando el virus se convierta en estacional, ya habrá gente inmune a él y además podremos tener esa vacuna tan necesaria. Aunque aparezca, tendrá más complicado poder contagiar a otras personas. Por otro lado, no sabemos cuánto va a durar esa inmunidad, ya que hay virus cuya inmunidad no es para siempre y dura uno o dos años. Ese es otro motivo por el que crear una vacuna es tan necesario.

– Preséntenos un poco a este virus. ¿En qué se parece a otros? ¿En qué se diferencia?

– Este SARS-COV2 tiene un primo hermano que es el SARS1, que apareció en 2002. Se parece a él en un ochenta por ciento, pero tiene una personalidad diferente. La diferencia es que el SARS1 se multiplicaba en el pulmón, mientras que este es capaz de multiplicarse en en las vías respiratorias altas. Por eso le resulta más fácil salir al exterior y es más eficaz a la hora de contagiar a otras personas. Esto principalmente es lo que le ha llevado a convertirse en una pandemia. Además, es más escurridizo. Con esto quiero decir que el ochenta por ciento de la población puede estar sin síntomas o con síntomas muy leves y estar contagiando. Eso le da una ventaja con respecto a otros virus. Es verdad que la letalidad del virus es menor. El SARS 1 tenía una letalidad del diez por ciento y en este caso, aunque es difícil tener todavía datos fiables, todo indica que puede ser de entre un uno y un tres por ciento. A pesar de lo que muchos dicen, es una mortalidad mayor que la de la gripe.

– ¿A qué causas se puede achacar que los datos de Europa estén siendo peores incluso que en China?

– Hay varios motivos. Uno de ellos es que la población europea está mucho más envejecida y debemos saber que no en todos los países se está contando de la misma forma a los fallecidos. Hay países en los que las personas mayores que fallecen en residencias sin haberles hecho el test no cuentan como fallecidos por coronavirus. En España se está contando al que muere por coronavirus y al que fallece con coronavirus. También tienen que ver las costumbres de los países. Los países mediterráneos somos más dados al contacto cercano y eso también ha contribuido mucho en la transmisión. Además, también influye el colapso sanitario. No se trata a los enfermos de la misma forma cuando dispones de todos los recursos que cuando no los tienes.

– Cuando comenzó el virus en China, ustedes comenzaron a estudiarlo. ¿Se pensaba en ese momento que llegaría de esta manera tan letal a España?

– Yo tuve la primera noticia del virus allá por el 3 de enero. Entonces era imposible pensar que en España se iba a vivir lo que se está viviendo por un motivo fundamental: los casos previos que teníamos hasta la fecha eran el SARS y el MERS. Ahí teníamos la tendencia, pero entonces no sabíamos las características de transmisión tan eficientes que tenía este virus. Era imposible anticipar que podía llegar a España de esta forma. A mediados de febrero yo di una charla sobre el tema y aún éramos optimistas. Entonces solo se intuía que podía haber gente sin síntomas que transmitiese la enfermedad. No esperábamos que llegase a España así porque no conocíamos bien sus características.

Intervenció de Isabel Sola en televisión el 24 de enero

– A mediados de marzo se nos dijo que en dos o tres semanas se empezarían a notar las medidas de aislamiento. Llevamos ya casi tres semanas y los casos siguen en aumento…

– Cuanto más conocemos el virus, más pistas nos da. Ahora sabemos que el paciente que te da positivo hoy pudo contagiarse hace incluso tres semanas. Otro de los motivos por los que aumentan los casos es porque en estos momentos se están haciendo muchísimos más test que los que se hacían hace dos semanas. Se tiene que ver un efecto radical de las medidas y desde los hospitales ya se ve esa percepción de que la presión asistencial está disminuyendo. Eso son buenas noticias.

– Otra buena noticia parece ser que el número reproductivo básico está bajando en algunas comunidades.

– El R0 depende de esas medidas de aislamiento. Por eso está reduciéndose. El número de contagiados por paciente es menor porque la mayoría de las personas estamos teniendo contacto con dos, tres o cuatro personas. Es lo que pasa un poco en verano con virus como la gripe, que es más difícil la transmisión. En verano, el virus no desaparece, pero sí que hacemos más vida al aire libre y el ambiente cálido y seco permite que el virus pierda algunas de sus propiedades malignas. Esto podría pasar también con este coronavirus: el buen tiempo contribuirá a ponérselo más difícil para transmitirse.

– ¿Cambiará nuestra forma de relacionarnos a partir de ahora?

– El hombre es un animal de costumbres. Al principio nos costará, pero luego volveremos a tener un contacto cercano y nuestra relaciones volverán a ser estrechas. Lo que espero que no olvidemos es algunas medidas muy sencillas que tomamos ahora y que debemos tomar siempre que haya un virus al acecho como la de aprender a toser y estornudar o lavarnos las manos. Esto es muy eficaz para evitar la transmisión.

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