La Rioja

Tres mujeres «incansables» en La Rioja rural que saben hacerse valer

Más allá de ser mujeres y madres asentadas en el medio rural, lo que les une es su afán de superación. «Trabajadoras» e «incansables». Así se definen este trío de riojanas pertenecientes a la Federación de Asociaciones de Mujeres Rurales (FADEMUR) que han apostado por los pueblos como lugar para su desarrollo profesional, pero también personal. Tres figuras que reivindican su papel como mujer todos los días más allá de este domingo 8 de marzo, porque como coinciden todas ellas, «lo importante es hacerse valer como persona».

A pesar de trabajar durante toda su vida en un mundo de hombres, Raquel Planchuelo nunca ha tenido «ningún problema» de discriminación por ser mujer: «Con la crisis tuve que reinventarme y dejar atrás mi trabajo en el sector de la construcción para convertirme en agricultora, pero nunca he sufrido impedimentos. Es más, lo que he querido hacer siempre lo he hecho pero gracias a mi esfuerzo».

Raquel Planchuelo en una de sus viñas de Fuenmayor.

La tradición agraria ya le venía de familia, así que a esta agricultora a título principal de Alesón tampoco le supuso mucho cambio sustituir el casco por el tractor. Una profesión que, además, le permite compaginar mejor su vida laboral con la familiar, especialmente en lo que respecta al cuidado de su hija dependiente: «El no tener unos horarios fijos me aporta una mayor flexibilidad para llegar a todo, aunque el campo es muy esclavo y te obliga a estar de lunes a domingo pendiente».

Victoria Mateo deshuesando cerezas riojanas.

Con el sello de ‘Artesanía de La Rioja’, otra figura femenina se abre paso en la economía de la región. Victoria Mateo y su incansable espíritu por sentirse realizada le llevaron hace nueve años a montar ‘La Casa de la Mermelada’ en Anguiano con productos cien por cien de temporada. Pero este trabajo no deja de ser un «complemento a la actividad económica de la familia», recalca Mateo.

El afán por crear algo suyo propio, sin ayuda de nadie, la convirtió en autónoma porque, asegura, «era la mejor opción» a la hora de incorporarse al mundo laboral: «Con más de 40 años y siendo mujer es muy complicado buscar un nuevo trabajo. Yo no quería un sustento familiar, buscaba montar un negocio y vi que el autoempleo era la forma más fácil de hacerlo». Mateo incide en esa motivación carente de rentabilidad económica porque este «no es un trabajo que te de para comer».

Es esa necesidad por un aprendizaje continuo la que la ha llevado hasta donde está, con «empeño y voluntad». Así creó unas mermeladas totalmente artesanas con el 90 por ciento de fruta y sin presencia de jarabe de glucosa, purés de frutas o azúcares añadidos. Un trabajo con el que revalorizar también el producto de proximidad, ya que las frutas que emplea proceden de su huerta y de las cooperativas y agricultores de la región, a excepción de las fresas que las adquiere en el mercado central.

A casi 50 kilómetros de Anguiano, el Hotel Villa de Ábalos alberga a una apasionada de la hostelería. Mercedes Ruiz gestiona desde hace 18 años, junto a su pareja, este emplazamiento turístico en la localidad riojalteña donde también imparte cursos de cocina. «En el pueblo nos recibieron con los brazos abiertos, primero porque traíamos actividad económica, pero también porque suponía un niño más en municipio», apunta.

Mercedes Ruiz en su restaurante de Ábalos.

Pero su actividad no se queda ahí. Su papel como concejala de Turismo en el Ayuntamiento de Ábalos, donde también fue alcaldesa, le aporta una desconexión y socialización con las gentes del municipio más allá de los fogones: «Lo veo como una vía de escape, un cambio de chip de la familia y el restaurante que me permite adquirir un punto de vista diferente al estar en contacto con más gente». Una energía constante que la acompaña, asegura, desde el principio.

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