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Deportes

La invención de sueños

La Segunda B es la hostia. La Segunda B te atrapa, te estruja, te exige y a veces, muy de vez en cuando, parece ser que te devuelve sobradamente todos esos esfuerzos que le has dedicado durante tanto tiempo. Juras en hebreo por esta maldita categoría. La odias, la aborreces, la detestas; quieres huir de ella como de la peste… hasta que te paras a mirarla un instante, quieto, con actitud reflexiva y ánimo emocionado porque barruntas que pronto la echarás de menos.

La Segunda B es una tarde de tormenta tras un largo día de bochorno. La Segunda B es el primer día de frío intenso a cobijo del hogar. La Segunda B es el olor a primavera. Es el otoño en el Hayedo de Tobía. La Segunda B es tu infancia en el pueblo. La Segunda B es el primer beso furtivo tras el escenario de la plazoleta. La Segunda B es un grito en la cumbre. La Segunda B son esos calcetines gordos, es la ropa de estar por casa, es un libro bajo un chopo, es el río de tu vida. La Segunda B es el lugar donde fuiste feliz por primera vez. Es el lugar donde te volviste a enamorar. La Segunda B es tu chandal de los domingos, es ir descalzo por casa, es un pedo sabanero. La Segunda B es esa canción que te acerca al llanto, es la caricia de tu hija, el beso de tu padre, es el inicio del camino y el final de una etapa.

La Segunda B es nuestra categoría, la única que conocemos; la única, la primera, la que siempre recordaremos. Es ese amor que nunca se olvida porque jamás volverás a tener quince años. La Segunda B es Zamudio, Getxo, Amorebieta, Lemona… es Sestao, y son historias. Porque un día cualquiera en Segunda B te juegas ser más líder que nunca y al mismo tiempo puedes seguir impresionado por lo que ves a tu alrededor. Ves, desde donde tratas de contar algo con sentido para los oyentes, a familias riojanas acudir un sábado por la tarde a una grada de uralita, ilusionados por lograr una victoria más, que ni mucho menos será determinante ni histórica. La Segunda B es piel. En esta Segunda B de los Fadura le pones cara a todos esos seguidores que tragan kilómetros con gusto. Uno a uno forman tu otra familia, esa que inventa sueños.

La Segunda B es la oportunidad de pasar página, de superar viejos errores, es el espacio ideal para hacer las paces, para volverse a enamorar, para superar viejas rencillas con el fútbol. Es ese espacio que te permite pasar tus primeros nervios viendo a tu equipo. La Segunda B garantiza el acceso directo a los futbolistas, al club, a chocar puño. La Segunda B es esa maravillosa peluquera de provincias. La Segunda B somos tú, yo, el de al lado… Si te gusta el fútbol, suspira por la Segunda B porque es una toma de tierra constante con la realidad circundante.

Pero a la Segunda B hay que prestarle atención, preguntarle, escucharle, atenderle diariamente. Te exige máxima implicación. Si tratas de pasar de puntillas, la Segunda B te sacude una buena hostia para que sigas mirando a esos otros equipos que nada tienen que ver contigo. La Segunda B te cuenta historias como ésta: Fadura es Fadura y pronto dejará de ser un campo de fútbol para convertirse en un estadio de fútbol con capacidad para 7.000 personas en tres gradas. Sí, en tres gradas, no en cuatro. Porque justo enfrente desde donde has visto a tu equipo remontar al Arenas, pasa un pequeño río, que se llama Gobela, que desemboca por donde está Gobela que era hasta el curso pasado donde jugaba el Arenas y donde se lesionaban riojanos, la Jaula, recuerda. Pasa de Fadura hasta Gobela un equipo que tiene una Copa del Rey y un río, un pequeño río, sobre el que no habrá grada alguna pese a la profunda reforma que va a experimentar Fadura. Y no habrá grada porque hay unos pequeños pececillos de colores, deben ser muy pequeños, que no existen en ninguna otra parte del mundo. Solo existen en este río. No hay de estos peces en ningún otro río del mundo. Así que ese río está protegido. Y sobre ese río no puede haber una grada. Así que la Segunda B nos confirmaba algo que ya sospechábamos: que el fútbol, afortunadamente, no arrasa con todo. Que los peces de colores seguirán yendo de Fadura a Gobela sin hacerse socios.

La Segunda B te permite disfrutar con rubor de puro goce de una rueda de prensa del mejor equipo de los ochenta que juegan en esta categoría en el interior de una caseta de obra. Mientras otros compañeros se preocupan de si habrá o no wifi en las amplias salas de prensa de los grandes estadios, en Segunda B el técnico de moda ofrece sus valoraciones en una caseta de obra que da acceso directo a un urinario al aire libre donde dos fulanos se alivian tras ver cómo su equipo ha sido sorprendido en una segunda parte para olvidar (para ellos, claro). Remonta el líder, pero en Fadura mean al aire libre, y eso un lujo.

Vivan los peces de colores, los meaderos en la tapia de la sala de prensa, las tejabanas de uralita y las cabinas de prensa al aire libre. Viva la Segunda B, porque es donde se produce la invención de sueños, como el que hace un tiempo os contamos: ése en el que un técnico riojano, exjugador del club y de la casa logra el ascenso (Sergio Rodríguez), liderado sobre el terreno de juego por un futbolista riojano (Iñaki) dispuesto a pasar a la historia, porque todos queremos ver cómo Bobadilla, Arnedo…, por ejemplo, superan sus lesiones y logran jugar en Segunda para seguir llevando al equipo de su tierra lo más lejos posible de la Segunda B, a la que sin duda echaremos mucho de menos. Puestos a imaginar, inventemos un sueño realmente bonito, que suficientemente puta es la Segunda B.

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