Deportes

Un triunfo generacional

Maneja un dato la Unión Deportiva Logroñés que no lo conoce mucha gente. Es un dato sencillo, un porcentaje, sin más. En cualquier otro club este número de dos cifras no supondría gran cosa: un dato más, que hablaría, tan solo, de la buena salud de un club que cuenta con el seguimiento de muchos jóvenes aficionados al fútbol local.

Pero es un dato importante dentro del panorama futbolístico riojano. El 42 por ciento de los abonados de la Unión Deportiva Logroñés, por edad, no ha podido ver jugar al Club Deportivo Logroñés en Primera o en Segunda. No habían nacido. Por tanto, el 42 por ciento de sus aficionados no saben de qué les hablamos, de qué les escribimos o a qué corresponden todas esas imágenes que surgen en pleno Siglo XXI desde los archivos televisivos públicos. “Pura naftalina camuflada en rancia nostalgia de lo que pudo ser y entre todos se cargaron”, intuyo que piensan.

No tienen ni idea ni les preocupa en absoluto esos debates estériles sobre herencias y herederos, sobre nacimientos y fundaciones, sobre escalas de autenticidad o grados de antiguos compromisos. Quiero pensar -hace tiempo fui un adolescente con ganas de fútbol local en blanco y rojo- que les preocupa, tan solo, ir al fútbol y echar un rato con los amigos. Les preocupa tener una grada a la que acudir cuando tampoco tienen muchas más motivaciones. Les preocupa, como a mí en su momento, que su equipo gane para tener motivos suficientes para hacerles entender a sus padres que ir a León es necesario porque “mi equipo me necesita; si no voy vamos a perder”. Les preocupa no conseguirlo, y en caso de conseguirlo perdérselo, que sería la mayor de las tragedias para un adolescente apasionado por la marcha de su equipo.

Y esto es el fútbol. Ni más ni menos. Sentarse en una terraza de una ciudad nunca antes conocida para tomarse algo, quizás ese primer pitillo sintiéndose un poco más mayor, y de paso echarse unas risas a la espera de la hora del partido. El fútbol es juntarse con “mis amigos del fútbol”. El fútbol es ir e idear el mejor once posible para ganar al rival de esa tarde. El fútbol son muchas cosas, esas cosas pequeñas que le dotan de sentido más allá de la victoria o de la derrota. El fútbol es explicarle a tu mejor amigo que el nuevo fichaje es un “fichajazo”.

Por eso, León, de no haberse ganado el partido, hubiera sido igual de fructífero para los 400 riojanos que lograron hacerse con una entrada. Porque jugaron, al menos por unas horas, a invadir deportivamente una ciudad con 12.000 locales en la grada contraria. Jugaron a sentir en primera persona lo que parecía sin duda un encuentro de categoría superior. Jugaron a afición grande, aun sabiendo que está en plena construcción. Fueron los primeros que cantaron “¡A Segunda!”. Los primeros que lo verbalizaron alto y claro, sin complejos, que ya vendrá el tiempo de aprender nuevas lecciones. Fueron los primeros en ensayar lo que sería un ascenso a domicilio. Lograron un ambiente de fútbol pocas veces antes vistas en este siglo XXI por la afición blanquirroja.

Fueron testigos de una victoria generacional que atrapa a unos chavales con sed de fútbol, que fueron la avanzadilla de muchos otros que se tuvieron que quedar en casa. Y ya verás este lunes en las aulas o en los trabajos: “Estuve en León, qué gozada, tío. Tremendo. Qué equipo. Qué dos goles. Qué manera de sufrir. Afónico de empujar con ellos. Es el año”. La mejor de las pequeñas cosas del fútbol, sin duda, tiene que ser ésta.

Y no se sienten herederos de nada ni de nadie, tan solo son protagonistas de su propia historia con el equipo de su ciudad que busca pasar a la historia. Porque ayer vi a niños pequeños con sus padres y madres esperar alrededor del autobús de la Unión Deportiva Logroñés para hacerse fotos con los futbolistas. Ander Vitoria lo petó, y os garantizo que ante los micrófonos de la SER estaba emocionado. Porque esto no es habitual en estas categorías. Y qué queréis que os escriba: para mí esto ya es el mayor éxito que en lo deportivo puede tener una generación. Jugadores de Segunda B siendo requeridos por familias enteras para retratar una tarde de fútbol en León que jamás olvidará una nueva generación de seguidores al fútbol riojano.

Estamos ante un triunfo irresistible. Es lo que muchos estaban esperando, la constatación de que esta gente va realmente en serio. Y es posible porque se están haciendo bien las cosas, claro. Se trabaja bien en lo económico, en lo social, en lo deportivo. Se han profesionalizado muchas pequeñas cuestiones que son necesarias cuando se pretender competir contra equipos cuyas estructuras son de categorías superiores. La Unión Deportiva Logroñés por fin parece dispuesta -y preparada- para intentarlo con todas sus fuerzas. Pero el elemento determinante de todo esto es la conexión que se está logrando entre grada y futbolistas. Barakaldo, Haro, León… cada día es un paso más hacia el convencimiento mutuo entre jugadores y aficionados de que lo del ascenso al menos ahora es posible.

Ya nos existen los domingos de indiferencia. Cada domingo se sigue trabajando en el monolito del ascenso: todos juntos, al mismo tiempo. Unos jugadores que representan sobre el césped a una grada. Esto es el fútbol. Sentirse representado por los colores que defiende aquel tipo que está sobre el verde. Y la energía se transmite del campo a la grada donde se transforma en un estado de felicidad permanente que regresa al césped para alimentar a unos futbolistas convencidos en lo más íntimo y personal que pueden ser una plantilla para la historia del fútbol riojano, convencidos de que pueden ser aquel equipo que recordará por mucho tiempo una nueva generación al fútbol local. Miño, Fid, Miguel, Iago, Santos, Caneda, Gorka, Bobadilla, Zabaco, Paredes, Iñaki, Sierra, Arnedo, Errasti, Andy, Olaetxea, Rubén, Petcoof, Carrige, Zelu, Rayco, Roni, Álamo, Vitoria, Ñoño, Socorro, Ousama Siddiki… Nuevos futbolistas de un nuevo club para una nueva generación.

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