Entrevista

Astrid Díez: «Siempre hemos tenido que demostrar más que ellos»

La inspectora jefe de la Brigada Judicial en la Jefatura Superior de Policía de Logroño

Con un pie en Madrid y otro en Logroño, aunque con las maletas ya casi hechas para abandonar La Rioja y aterrizar en la capital, las funciones de mando le han caracterizado desde sus inicios en el Cuerpo de la Policía Nacional. Con 22 años entró directamente en la escala ejecutiva dentro de la Brigada Judicial, una materia que le ha acompañado durante toda su trayectoria profesional. Así, Astrid Díez, es la única inspectora jefe de la Jefatura Superior de Policía de Logroño, un cargo superior que adquirió catorce años después de entrar en el Cuerpo.

Sus días en Logroño están contados porque la capital la vuelve a recibir con los brazos abiertos después de dos años en la región. Un traslado voluntario después de haber ejercido también en Las Palmas de Gran Canaria, siempre con unas responsabilidades de inspectora vinculadas a la protección de mujeres y menores, así como a las materias de crimen organizado, tráfico de drogas, investigaciones patrimoniales y delincuencia económica.

– ¿Qué supone haber trabajado siempre con los grupos más vulnerables?

– Las situaciones en las que viven estas mujeres y menores es lo que más me impacta personalmente, porque es la parte del trabajo que requiere de una mayor sensibilidad por mi parte. Pero, a la vez, el trabajo con estos grupos y la posibilidad de prevenir, ayudar y trabajar en el reconocimiento de estas circunstancias es una de las parcelas de la policía que mas me ha aportado tanto personal como profesionalmente, y si me apuras, me quedo con el terreno de la protección de los menores y de la violencia de género y violencia doméstica.

Lidero, entre otras cosas, la Unidad de Atención a la Familia y Mujer, donde también tratamos asuntos de pornografía infantil y violencia sexual porque los menores son las potenciales víctimas donde mayor hincapié y dedicación hay que ejercer. Recuerdo casos en los que, ante situaciones de este calado, la intervención policial ayudó a prevenir o evitar la continuación de una situación de maltrato, salvando en muchas ocasiones la vida e integridad de los menores sometidos. Para ello, son imprescindibles los mecanismos y protocolos que doten de herramientas operativas  a los grupos de investigación territoriales.

– ¿Son estos los casos en los que más se ha apreciado un incremento en cuanto a las denuncias registradas?

– Junto con el aumento de los delitos informáticos, la delincuencia sexual, sobre todo en la gente joven, es la que más ha crecido. Los motivos pasan por la razón legislativa, debido a la nueva tipificación de los delitos sexuales, y porque ahora las denuncias están aflorando y ya se denuncian muchas actuaciones que antes ni se consideraban delito. Así que está mermando la cifra negra y crece, por tanto, la espera de una respuesta por parte del sistema policial, judicial y también penitenciario.

También ha habido otro incremento en las denuncias referidas a la violencia doméstica (maltrato a la tercera edad, violencia filioparental), algo muy positivo porque antes eran situaciones difíciles de detectar pero que hoy en día, gracias a la concienciación social y los programas de prevención, estos hechos salen a la luz de forma inminente. Además, a pesar de la carencia de personal con la que contamos, colaboramos con la Policía Local y la Guardia Civil para llevar a cabo todos nuestros cometidos.

– Apostó por un traslado forzoso a Logroño a pesar del cambio que suponía en su vida personal.

– Yo era consciente de lo que me suponía el querer ascender, pero tuve la suerte de contar con el apoyo de mi pareja y la facilidad de trasladarnos todos a Logroño. Es cierto que como consecuencia de los problemas de conciliación y la corresponsabilidad familiar, muchas mujeres no se plantean ese ascenso por las consecuencias que conlleva. Cuesta dar el paso, pero nos cuesta a nosotras en la mayoría de los casos, aunque siempre dependa de una decisión propia. Una situación que nos limita a la hora de llegar a puestos de responsabilidad y alcanzar, por tanto, dicha paridad.

– ¿La cultura patriarcal también se aprecia en esta profesión?

– Al final somos un reflejo de lo que sucede en la sociedad en general. Aunque la igualdad de la mujer en la Policía es efectiva y real en cuanto a producción, ascensos, liderazgo, adjudicación de puestos, opciones y oportunidades, siempre hemos tenido que demostrar más que ellos nuestra valía profesional. Nunca he sentido discriminación en el ejercicio de mi trabajo por ser mujer y cuando han tenido que reconocernos los méritos y capacidades, lo han hecho.

Pero, ¿por qué renunciamos más que ellos? Porque existen todavía resquicios de la sociedad patriarcal. Eso es una evidencia en muchas profesiones y lo discuto con otros compañeros que lo niegan. En mi promoción vi cómo cuando un varón tenía que trasladarse fuera por ascenso todo el mundo le felicitaba, mientras que a mí, al tiempo que me daban la enhorabuena, me preguntaban cómo iba a compaginar mi trabajo fuera con mis tres hijos. A ellos nadie les preguntaba sobre la familia porque parecen que no tienen esa responsabilidad.

– ¿Considera que existe paridad en la institución policial?

– Todavía no hemos alcanzado esa paridad absoluta, pero estamos evolucionando y creciendo poco a poco hasta alcanzar el equilibrio. Aunque es una profesión que en su momento estuvo masculinizada, ahora, por ejemplo, existe paridad total a nivel central en las subdirecciones, con dos mujeres y dos hombres en dichos puestos. Mientras, la comisaría general de la Brigada Científica alcanza niveles del 41 por ciento en el número de mujeres.

Podemos hablar, incluso, de que nuestra institución policial es la que más presencia femenina tiene con un catorce por ciento frente al siete de la Guardia Civil, lo que indica que vamos modernizándonos. Además, existe un cuarenta por ciento de mujeres que entran directamente en la escala ejecutiva. Gracias también a aquellas primeras mujeres que hace cuatro décadas comenzaron a formar parte del cuerpo con paso lento pero abriéndonos el camino al resto. Ahora ya no chirría ver a dos mujeres en un coche patrulla, antes incluso te paraban o decían «qué majas».

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