Gastronomía

Chema Rivas, el artesano de las crepes dulces y saladas en la Gran Vía

Puede que en España todavía no seamos conscientes del manjar que tenemos al alcance de nuestras manos. Los vemos en las películas, en las series… pero todavía se nos hace algo lejano, aunque de un tiempo a esta parte ya es más común saborear una buena crepe o un delicioso gofre artesano.

Originarias de Bretaña, las primeras son uno de los platos más populares del país vecino y es que es un producto muy versátil. Se puede consumir tanto fría como caliente, y en versión dulce y salada. Sobre una fina masa de harina de trigo los ingredientes para el relleno son muy variados. Se puede completar con casi cualquier cosa, a gusto y elección de quien lo prepare o consuma.

Hoy en día existen tantas crepes como mentes desean mezclar ingredientes. Y eso es precisamente lo que Chema Rivas trajo a Logroño hace seis años. Tras estudiar la situación de este tipo de restauración en la ciudad, y tras el cierre de la única crepería ubicada en la calle Sagasta, este riojano decidió viajar hasta Barcelona, formarse y trabajar para traer a la capital riojana estos suculentos manjares.

«Durante los últimos meses, hemos llevado a cabo una gran reforma del local porque queríamos dar el concepto de lo que el negocio realmente es: un restaurante. Muchos piensan que es una cafetería, servicio que también damos, pero en verdad somos un restaurante dulce y salado», explica Rivas.

La actual Crepecatessen cuenta con una extensa carta que recoge quince crepes salados y otros quince dulces, además de los que los clientes pueden confeccionar a su gusto con los ingredientes que más les apetezcan. Misma opción con las que cuentan los gofres.

Durante la semana, el local ofrece un menú del día que consta de una crepe salada, bebida y ensalada por 7,90 euros, y si se le añade una dulce el precio asciende a 10,90 euros. «Pese a la gran oferta que presentamos siempre hay unos platos que triunfan más».

En cuanto a los salados, «el más demandado es el de provolone, jamón serrano, tomate rallado y aceite de oliva; seguido del de provolone, jamón york, bacon y tomate en rodajas; y, por último, el que lleva jamón serrano, queso los cameros, huevo frito y tomate rallado».

Y ya en los dulces la Nutella sigue siendo la reina de los postres, aunque ahora se ve las caras con las nuevas cremas como la de Kinder, Ferrero Rocher y Oreo. «Lo que más busca la clientela son las de Nutella con plátano, bolitas de chocolate crujiente y nata montada; junto con el de chocolate con leche y fruta variada: plátano fresas y kiwi; y finalmente la Nutella con fresas y nata montada».

El secreto, como todo, está en la masa. «Se necesita una buena harina, unos ingredientes de calidad, que no sean sucedáneos, y, por supuesto, cariño. La materia prima es lo más importante y luego todo va en cómo trates esa materia. Todo lo que se hace aquí es completamente artesano».

Además de la calidad de la comida y la gran oferta de sabores, «todo se hace al momento y muy rápido. Es más, llevamos a cabo los pedidos delante del público, en la crepera y gofrera que tenemos en la misma barra para que la gente disfrute, también, de la forma tan especial en la que se cocinan los productos».

Desayunos, almuerzos, comidas, meriendas y cenas, todo en la Crepecatessen, que cuenta a su vez con servicio a domicilio. «Es un aliciente para que a la gente que le dé pereza salir de casa puedan disfrutar de estos caprichos que no se comen todos los días».

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