Deportes

Muros emocionales

Jon Errasti prepara el penalti que le dio el pase a la UD Logroñés ante el Cádiz. | FOTO: Edu del Campo.

¿Qué es la realidad? ¿La pastilla roja o la azul? Pocas preguntas tan antiguas y tan desconcertantes al mismo tiempo. ¿La realidad es la perfecta imperfección de unos futbolistas blanquirrojos más reales que la propia realidad? Ni idea.

El mundo, nuestro mundo a lo riojano, se divide entre los que se emocionan con el fútbol local y los que no lo hacen; se divide entre los que creen que es posible y aquellos que siguen levantando muros emocionales contra una evidencia: que llevan bastante tiempo poniendo fútbol en Las Gaunas. Nuestro mundo se divide entre los que desearon saltar al césped tras eliminar al Cádiz, y por educación no lo hicieron; nuestro mundo se divide entre los que festejan la vida con un buen abrazo de gol en la grada de tu ciudad, y los que se mantienen ajenos a una realidad para ellos indescifrable. ¿La pastilla roja o la azul? En tu mano está.

Y en esto de animar al equipo de tu ciudad «no eres tú, soy yo». No es la UD Logroñés. No es la Segunda B. No es que visite Las Gaunas el Somozas, el Lealtad, el Astorga… No es por nada de esto. No es por el frío o por el calor, ni por ir a la huerta, al pueblo, a los quintos o la playa, ni tampoco es por una comida familiar o por estar con los más pequeños en casa. No es ni tan siquiera por el Club Deportivo Logroñés.

Es porque sencillamente dudan de su realidad y establecen muros emocionales que les separan de nuestra realidad, y la pereza devora buenas tardes de fútbol. Las arrebata la posibilidad de mostrar sonrisas durante unos cuantos días, y se niegan a recopilar recuerdos para siempre. Madrid, Barcelona, Atlético… ahí está su realidad, sobre su sofá. Pero contra el desapego, un par de buenas visitas a Las Gaunas y los muros emocionales saltan por los aires.

FOTO: Edu del Campo.

La pastilla roja de una buena noche copera, de un gol en el minuto 89, de una buena tanda de penaltis, de casi 6.000 personas en Las Gaunas, de ver cómo David elimina a Goliat, y su realidad («hace frío») se transforma porque el fútbol de casa (da calor) tiene estas cosas: se rompen las gargantas al ganar un partido de una competición que este equipo no va a ganar. Y qué chorra más da. Porque ayer, al salir de Las Gaunas, seguro, fuiste capaz de mirar más allá del horizonte, y qué bien has dormido.

No está el fútbol riojano como para dejar pasar ninguna oportunidad. Del lleno de El Mazo algo quedará para los próximos encuentros. El sentimiento de orgullo hacia lo propio garantiza fidelidades, al menos hasta el próximo tropiezo. Seguro que de la pasión arrebatada por ganar al líder de Segunda en los penaltis sedimenta alguna que otra vuelta a Las Gaunas. Alguno de la general repetirá. Bienvenido. Alguno de los socios que habitualmente no van al estadio lo harán con mayor asiduidad. Bienvenido. Y los que escuchan o leen, quizás se permitan formar parte de este estado de felicidad permanente con ubicación en Las Gaunas. Bienvenido. Así es como se cambia una realidad, esa que nos obligaron a creer hace unos años y contra la que nos hemos rebelado: es imposible emocionarse con el fútbol en blanco y rojo. Es posible, claro que es posible, solo que no lo entiendes. Tranquilo, ya no corres el peligro de equivocarte. Bienvenido.

FOTO: Edu del Campo.

La Unión Deportiva Logroñés es un torrente de sensaciones porque se ha comprometido a llevar a todos los riojanos hasta un espacio superior. La apatía dejó de tener presencia en Las Gaunas hace mucho tiempo. La exigencia como pastillita roja para ir los domingos al fútbol. Querer crecer obliga pero agudiza el sentimiento de pertenencia. Porque si estuviste en Socuéllamos, todo esto lo estabas esperando y ha llegado. Si estuviste en Las Llanas y viajaste en alguno de esos siete autobuses, todo esto lo estabas esperando y ha llegado. Y tu realidad es que haces la historia de este nuevo club paso a paso, partido a partido. Y sin darnos cuenta, una región, poco a poco, va levantando un nuevo muro emocional en blanco y rojo. Piedra a piedra: Badajoz, Souto, Cervero, Manu García, Pouso, un playoff, otro playoff, Villarreal, y otro más, Badajoz (otra vez), el corteo, Sergio Rodríguez, 2019… Un muro emocional en proceso de construcción con sus imperfecciones y todo: Torrent, Borja Gómez, Alicante… La arruga es bella.

Esta pastilla roja para transformar una realidad indescifrable: te da igual que venga el Barça, el Madrid o el Atlético de Madrid. Venga quien venga vas a estar en el estadio, como el próximo miércoles, como a buen seguro en Haro, y así hasta siempre. Esa pastillita que te ayuda a comprender que solo quieres a uno de estos rivales en el sorteo del próximo martes porque, quizás, tras un lleno de Las Gaunas algo quede, alguno repita, y vuelva al estadio de su ciudad, y tú puedas seguir levantado tu muro emocional en blanco y rojo con una nueva piedra: el día que por fin la UD Logroñés llenó Las Gaunas para un partido de fútbol. La pastilla (blanca y) roja transforma la realidad tanto que lo imposible parece cada día más cercano.

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