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Metamorfosis blanquirroja

Depende de a quien le consultes, te dirá que fueron los de la derecha, y otros, depende de a quien le consultes, que vino dado por los de la izquierda. Y hay incluso quien manifiesta, siempre en privado, que al final esto fue el típico caso en el que por primera y única vez los políticos de esta región, de uno y otro lado, se pusieron de acuerdo. Y entonces pasa lo que pasó aquí: la desaparición del Club Deportivo Logroñés.

PP y PSOE, PSOE y PP… “Y hay hasta papeles de todo eso”, nos dicen de vez en cuando. “Es más, los tengo yo”, ahí es nada; “pero jamás los sacaré a la luz. Igual algún heredero mío lo hace, pero pasará mucho tiempo hasta que esto ocurra”, como si no hubiera pasado tiempo desde entonces. “Es más, a veces pienso en pasarlo todo por la trituradora de papel”… Lo que me lleva a pensar que esta persona no tiene absolutamente nada… nada, al menos, realmente relevante. El autoengaño como mecanismo de defensa para aplacar la frustración periodística de no hallar papel alguno sobre la desaparición del Club Deportivo Logroñés. Tiempo al tiempo.

Así que lo único cierto es que en aquel 18 de enero se acabó para muchos el fútbol en Logroño y en La Rioja. “Nunca más”. Rotura de corazón. Pero toda decisión tiene sus consecuencias: y aquí la más directa y sangrante ha sido la pérdida, por parte de una joven generación de riojanos, de la posibilidad de emocionarse (para bien o para mal, dependiendo de los resultados) con el equipo de su ciudad. Y sin grada una ciudad y una región son un poco menos ciudad y región.

Desde entonces se ha corrido el riesgo de dejar caer por el sumidero de la orfandad deportiva a toda una generación a la que se le robó en su momento la posibilidad de disfrutar del fútbol en blanco y rojo porque ya no había Club Deportivo Logroñés al que animar. “O al histórico o a ninguno”. Al menos es lo que han pretendido, quizás sin quererlo, aquellos extraordinarios seguidores del Club Deportivo Logroñés que no pisaron Las Gaunas en su vida (al menos pagando), pero que de tanto que lo amaban, prefirieron decir desde la distancia (“para no verle sufrir”, se excusaban) lo que se debía hacer durante su proceso de desaparición y qué necesitaba la ciudad tras el colapso del histórico.

UD Logroñes – SD Leioa | Foto: Eduardo del Campo

Y ahí siguen, de luto fingido: repasando nostálgicas batallitas hasta que les preguntas por el precio de un abono de temporada o les consultas, por ejemplo, por aquella gatera trasera del viejo Las Gaunas. Aquella puerta era la calle Portales de aquellos domingos por la tarde de la última década del siglo pasado. Al menos me consuela saber que la directiva del Tedeón sigue todavía a día de hoy contando la taquilla de aquel último no partido gracias a toda la gente que me ha dicho haber estado apoyando al Logroñés hasta el instante final. En fin, fue el fin… y el inicio de algo nuevo. Y es que así es la vida, también cuando hablamos de fútbol.

Y si durante la primera década del siglo XXI se constató la desaparición del Club Deportivo Logroñés; durante la segunda parece (solo el tiempo lo dirá) haberse puesto en marcha un nuevo proceso de enamoramiento. El tiempo cura y cicatriza las heridas, que tienden a desaparecer de la piel, porque el fútbol tiene estas cosas, y es que las ganas por ver fútbol cada domingo pueden con los más amargos sinsabores de este deporte y sus muchas trampas económicas e intereses políticos.

La segunda década del siglo XXI a buen seguro será recordada dentro de unos años como el inicio de una lenta pero necesaria recuperación de la ilusión que hace falta para ir de nuevo al estadio y apoyar en este sinuoso retorno de La Rioja hacia el fútbol profesional. Lenta, muy lenta, sin duda, pero los datos señalan que los pasos son firmes y las bases parecen bien asentadas. La Unión Deportiva Logroñés ya no es un gigante con los pies de barro, como quiso presentar en un inicio. Porque ni es un gigante ni tampoco tiene los pies de barro.

Es sencillamente el club deportivo de referencia de esta región tras una década de trayectoria en la que no le ha dado tiempo a ascender. Es por tanto una entidad que no sabe lo que es el fútbol profesional, pero es un club que no ha sentido la necesidad de apropiarse de la historia, símbolos o emblemas del desaparecido Club Deportivo Logroñés para convencer a nadie. La expectativa por lograr cotas altas y la exigencia asumida desde el principio por la Unión Deportiva Logroñés de estar en Segunda han hecho más socios que el habitual síndrome de casi cualquier proyecto futbolístico post CD Logroñés de apropiarse de una historia que solo le pertenece a las personas que tuvieron la suerte de vivirla durante el siglo pasado.

UD Logroñés – Hércules CF | Foto: Eduardo del Campo

La recuperación de un nuevo sentimiento logroñesista se ha impuesto en la Segunda B, para, en estos primeros diez años, hacerse con un patrimonio propio para una futura ciudad deportiva, para contar a día de hoy con algo más de 4.000 abonados, y para poder presumir de taquillas históricas como contra el Hércules (10.754 espectadores), el Badajoz (9.141), el Villarreal B (7.000), el Sevilla Atlético (8.314), los partidos de Copa ante Primeras (8.000 para ver al Valencia, y 5.314 cuando vino el Sevilla), o para mostrar músculo en blanco y rojo en aquel ’corteo’ de la primavera pasada por República Argentina antes de empatar a cero ante el Hércules… O para que muchos riojanos se convencieran de que volver a Las Gaunas es posible y lo demostraran en esa ovación de más de diez minutos de duración tras el pitido final y donde pareció firmarse la reconciliación entre una ciudad, un club y unos aficionados con ganas de citarse de nuevo en el estadio para la búsqueda de un ascenso.

Hace tiempo se nos dijo eso de que “la ciudad dirá lo que tiene que ser el fútbol en Logroño…”, y la ciudad y la región parece que nos están mostrando cuál debe ser el camino para recuperar algo de brillo fubolístico. Otro asunto es que se les quiera escuchar.

Esta sociedad anónima deportiva (requisito obligado para jugar en Segunda) cuenta con 3.000 fieles incondicionales, es el club de la región con mayor capacidad de crecimiento teniendo en cuenta sus taquillas en los días más señalados, es el de mayor presupuesto (2 millones de euros), es el que menor porcentaje de ayudas públicas recibe para el sustento de su proyecto deportivo, dispone de patrimonio propio en Logroño, y es el que cuenta con más opciones de ascender algún día a Segunda División.

Es, por tanto, tras una década, el club de referencia de esta región en lo social, en lo económico y en lo deportivo, el que ha logrado hacer realidad la metamorfosis que necesitaba esta región para pasar página de lo que fue el Club Deportivo Logroñés durante el siglo XX, y pensar en el futuro con un proyecto nuevo, que va haciendo su propia historia adquiriendo una idiosincrasia dada por una afición cada día más convencida de que la solución para volver a ver fútbol del bueno en Las Gaunas versa sencillamente en ir a Las Gaunas y disfrutar del camino en la medida de lo posible. Porque en esto del fútbol solo hay dos opciones: ir o no al fútbol a animar al equipo de tu ciudad.

Aprender de los errores para generar ilusión
Diez años ni mucho menos exentos de errores, incluso de graves errores que por poco acaban con el club en Tercera división en aquella complicada temporada en la que ni 800 aficionados iban regularmente a Las Gaunas. Fue sin duda el peor momento de este club en estas diez temporadas, que supo reaccionar a lo que se barruntaba como un proceso de agotamiento irreversible.

UD Logroñés – Badajoz | Foto: Edu del Campo

Porque el gran Caballo de Troya de la Unión Deportiva Logroñés ha sido siempre la generación o no de ilusión. Este club estaba, está y estará siempre obligado a generar enormes dosis de ilusión al no contar con el bagaje histórico de rivales importantes en la categoría como el Hércules, el Recreativo, el Murcia, el Cartagena… La UD Logroñés hasta hace diez años no contaba con recuerdo alguno. No había memoria a la que aferrarse, así que solo quedaba presentar un futuro prometedor que se vio sin duda afectado por las brumas de aquella pésima campaña del 2013-2014.

Sin recuerdos mirar al futuro es la única posibilidad para seguir de pie, por eso, durante aquel primer lustro, en cada entrevista, Félix Revuelta debía dar respuesta a una pregunta habitual: “¿Va a seguir el club más allá del final de esta campaña?”. Una pregunta que dejó de realizarse a partir del que ha sido uno de los mayores aciertos de este club para garantizar su supervivencia y aumentar su credibilidad: fichar a Carlos Pouso.

A partir de entonces los aficionados comenzaron a a aglutinar recuerdos: dos playoffs seguidos, gran celebración ante el Lealtad, Torrent, Villarreal… Copa del Rey contra Valencia y Sevilla… Y tras Cervero y Manu García, tras las decepciones de Palencia, Urritxe… comenzaron a llegar nuevos referentes como Miguel Martínez de Corta, Borja García, Miguel Santos, Titi, Pere Milla, Chevi, Muneta, Jacobo Trigo, Menudo o Rico… Coulibaly, Caneda, Iñaki, Ñoño, Ander Vitoria, Carles Salvador, Paredes, Bobadilla, Arnedo, Andy…

Tres playoffs en cuatro temporadas para en casi cinco años alcanzar por primera vez el título sin recompensa alguna de campeón de invierno del Grupo 2, de hacerlo además con un técnico riojano y de la casa, bajo la dirección de un director deportivo contrastado en la categoría, con el apoyo de un completo staff técnico entregado al análisis diario de todos y cada uno de los detalles, con unos servicios médicos a la altura de las circunstancias, y con una directiva algo más profesionalizada que se puede dedicar a pensar y proyectar con algo más de atino lo que es este club y lo que debe ser en un futuro.

Y con cinco puntos de distancia respecto al segundo clasificado y con nueve sobre el quinto, el cuatro playoff en cinco temporadas parece una cuestión de tiempo, si se logra superar el típico mal mes que todo buen equipo puede tener en un momento dado. Diez años después hemos sabido por fin que en esto del fútbol nada sucede por azar, que a fin de cuentas es lo que ha sido la verdadera metamorfosis de este club durante estos primeros diez años de historia.

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