Agricultura

De los ruedos al campo: Diego Urdiales apura las últimas olivas en Arnedo

Las labores tradicionales siempre han estado ligadas a la familia y su compañía a la hora de ‘echar una mano’, sobre todo en las faenas del campo donde, antiguamente, toda ayuda era poca. Con el frío invernal y la época navideña, la temporada de olivas se hace notar en las zonas rurales, cuando el campo deja de verse como un asunto ajeno y aflora el interés por llevarse a casa un poco de aceite propio a cambio de colocarse los guantes y pasar unos días a la intemperie.

Otros, por su parte, cambian el capote y el traje de luces por un gorro, ropa de abrigo y botas. Es el caso del torero riojano Diego Urdiales, quien este viernes apura sus últimas olivas en el término de Arnedo. En la tarea le acompañan su mujer, Marta Tomás, su padre, Ramiro Urdiales, y dos amigos más. Como ya se comentaba, un esfuerzo que se realiza mejor en compañía.

Diego Urdiales (centro), junto con su padre y su mujer (izquierda) y dos amigos (derecha).

La familia cuenta con cerca de cincuenta olivos cuyo fruto lo destinan únicamente al autoconsumo. La recolección de la aceituna, que esta campaña les ha llevado unos tres días de trabajo, la realizan siempre a mano, «de forma ecológica», tal como asegura el torero, y empleando «tratamientos naturales». ‘A ordeño’ o con pequeños rastrillos manuales, todos a una van finiquitando olivo tras olivo.

Esta campaña la valoran «mejor que la anterior, con olivas más gordas y mayor rendimiento». La cantidad, asimismo, también se espera mayor, unos 1.000 kilos de olivas que depositarán en el Trujal 5 Valles de la ciudad del calzado. «Los olivos hay años que pagan y otros que pagan mal», señala Urdiales (padre), quien, a pesar de no ser agricultor de profesión, asegura que siempre ha estado ligado al campo.

Uno de los factores influyentes en esa vecería del olivar es la poda que se le realiza, que provoca que al año siguiente de realizarse el árbol traiga menor producción, de ahí que se alternen cosechas abundantes con otras que no lo son tanto, aunque el torero insiste en que «estos olivos traen siempre olivas». Solo queda un olivo donde tender las mantas y, directamente, a vaciar las olivas en sacos para llevarlas al trujal. Un año más, cosecha concluida.

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