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El día que Oli pudo ser (y no fue) el primer entrenador de la UD Logroñés

Lora, con más de doscientos partidos en el fútbol profesional, en el Sporting de su corazón, ha pegado esta tarde un grito en Las Gaunas que ha roto por las cuatro esquinas la calma de un partido copero más. En el minuto 88, con un 2-0 en contra de su equipo, Lora se ha agarrado un rebote del quince por culpa de una mala decisión del asistente en un balón dividido que, ojo, se perdió por el centro del campo.

Son fascinantes todos aquellos jugadores veteranos que aceptan el reto de seguir no ya jugando en Las Gaunas sino entrenando cinco días a la semana en Miramar de Luanco tras haber tocado la gloria deportiva de poder jugar en el Sporting. No hay agua, viento, frío, calor o lesión que acabe con la ilusión de los Lora, Morán, Caneda o Miguel Martínez de Corta. Y cada día tengo más claro el motivo: son sencillamente hombres de fútbol. El fútbol corre por sus venas y eso les permite seguir peleando sobre el barro de la Segunda B, con la ilusión necesaria como para protestar un saque de banda en el centro del campo con un 2-0 en contra en el minuto 88, viajar toda la noche de vuelta a Asturias y el domingo jugar a las 12 del mediodía en Ibiza.

Son las historias que se cruzan en la Copa del Rey. En los partidos entre semana, con poca gente en las gradas porque todos sabemos que ni UD Logroñés ni Marino ganarán finalmente la Copa del Rey. Se va más al estadio por lo que puede pasar (prórroga, penaltis…) que por lo que finalmente pasa, que es un 2-1 más, muy probablemente esperado por todos, que no sorprende a nadie, y que deja a todos tan contentos al no haber sufrido ninguno de los dos equipos lesiones graves más allá de la acumulación de más minutos sobre el típico césped blando del mes de diciembre.

Historias de una Copa del Rey modesta que cruza en el fútbol de verdad a jugadores de carne y hueso. Porque este partido que nadie recordará dentro de unos cuantos meses, sin duda nos ha permitido conocer esas otras historias del fútbol que quedan al margen de los focos porque nadie decide verbalizarlas, hasta que llega uno, tan locuaz como el gran Oli (mítico 9 del mejor Oviedo de la historia) y se explaya gustosamente en sala de prensa de Las Gaunas, nostálgico, feliz, sereno, pleno y agradecido. Toca escuchar, callar y disfrutar con estas batallitas que te apañan un día en la oficina de Las Gaunas.

OVIEDO. 17/9/2000. OVIEDO-U.D. LAS PALMAS. FOTO: ARMANDO ALVAREZ. SANTIAGO GARCIA.

Porque Oli pudo haber sido el primer entrenador de la historia de la Unión Deportiva Logroñés. “Por eso a este club le tengo un cariño muy especial”. Esto ha contado: “Lo que pasa que le dije que no a Félix Revuelta hace ya diez años porque ya lo tenía hecho con otro equipo”. Y no ha tratado en ningún momento ni bajo ningún concepto de poner en duda el actual cargo de entrenador de Sergio Rodríguez. Porque esta historia del día que Oli pudo ser y finalmente no fue el primer entrenador de la historia de la UD Logroñés se cruza y entremezcla aún más para deleite de los amantes del balompié, y con protagonistas de sobra conocidos por estos lares.

Oli pudo ser el primer entrenador de la UD Logroñés, pero finalmente no lo fue. Ese trono lo ocupa Josip Vijsnic, con honores. Oli, de haber aceptado la oferta de Félix Revuelta, podría haber entrenado por segunda vez a Sergio Rodríguez, actual entrenador de la UD Logroñés, si le hubiera ido bien durante esos primeros años. Cosa difícil, bien lo sabes.

Sí, por segunda vez. Porque resulta que Oli, dirigiendo al Cádiz de Segunda, decidió que para su equipo necesitaba el buen toque y la profesionalidad de dos tipos esenciales en la mejor UD Logroñés de la historia, que es la actual. Oli fichó para aquel Cádiz a César Caneda y… Sergio Rodríguez. “Los quería en este equipo, claro. Eran espectaculares y lo siguen siendo. Me alegro mucho por ellos. Son dos grandes profesionales”. Oli, el mítico delantero centro de uno de los mejores Oviedo de la historia, estaba regalando momentos de fútbol auténtico en una rueda de prensa en Las Gaunas que ni mucho menos será una mas.

Feliz, agradecido, generoso, cariñoso y algo melancólico. “Porque yo he jugado aquí. Bueno, en el viejo Las Gaunas. El césped estaba algo peor. Sarabia, Quique Setién…”. Y todo esto sin ánimo de mezclar ni de confundir a nadie con el cansino juego de las siglas. El histórico fue una cosa, y la actual UD Logroñés es otra. “Pero le tengo un cariño especial. Seguro que lo van a conseguir. Son un equipazo”. Pero el destino y el fútbol no permiten historias rotundamente felices. Apenas hay historias redondas en este deporte. Guardiola, Lillo, Oltra, Garitano… pocos más.

Porque Sergio Rodríguez, a este respecto, no ha podido ocultar cierto entusiasmo y ha aportado más elementos indispensables a esta modesta pero curiosa historia del fútbol de verdad. “Sí, es verdad. Oli nos fichó para jugar en el Cádiz. Es más, Caneda y yo vivíamos juntos en Cádiz. Es un gran entrenador que quizás no ha tenido suerte. Hay muchos y muy buenos entrenadores y Oli lo es”.

Pero no hay sitio para todos. Quizás si le hubiera dicho que sí a Félix Revuelta su historia hubiera sido otra. El fútbol es muy cabrón, tal y como ha señalado Sergio para rematar este historia del día que Oli pudo ser y no fue el primer entrenador de la UD Logroñés: “Nos fichó, el equipo estaba hecho para ascender a Primera… pero en la jornada 10, creo, resulta que perdemos 4-3 en un partido que teníamos ganado. ¿Y a que no sabes dónde y contra quién fue?: contra el Sporting en el Molinón”. Que tiene su gracia para un carbayón de leyenda.

Historias del fútbol, que enganchan a los artífices de este juego. Por eso, creo aunque no lo sé, Lora sigue reclamando un saque de banda en el centro del campo en un partido de primera ronda de la Copa del Rey en Las Gaunas con un 2-0 en contra. El fútbol engancha y nadie quiere dejarlo ir, porque siempre hay historias que protagonizar para luego contar.

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