Agricultura

Tiempo de molturas a expensas de las lluvias

El año climático no ha sido del todo perfecto para la campaña de la aceituna. La escasez de lluvia en invierno y primavera han generado un estrés hídrico en el momento de la floración y el excesivo calor durante el cuajado, cuando la flor se convierte en fruto, han sido algunos de los problemas. En verano también hubo noches muy frescas que provocaron la caída de gran parte de las olivas.

Estos factores van a ser más acusados, sin embargo, en los olivares de secano. Los de regadío mantienen una producción casi constante año tras año. Se afronta así «un año más complicado», consideran desde la Denominación de Origen Protegida (DOP) Aceite de la Rioja, pero con «una cosecha prácticamente similar a la anterior porque en la Denominación se cuenta con la parte mas profesional del sector».

Desde finales de octubre, la recolección ya tiene cabida en los olivares riojanos hasta la entrada de la Navidad. Mientras, los sangrados, trasiegos y decantaciones ya están en marcha en muchas de las almazaras de la Denominación. Es el caso de la del Valle del Iregua, en Albelda, donde estos días las máquinas funcionan aunque no a gran velocidad, puesto que las lluvias recientes han retrasado la recolección.

Entre 700.000 y 800.000 litros de aceite se obtuvieron la pasada campaña de los cerca de cuatro millones de kilos de aceituna recogidos para la DOP, con unos rendimientos de entre el diecisiete y el veinte por ciento. En total, trece trujales forman parte de la Denominación, donde se incluye la almazara experimental Finca La Grajera, cuyos aceites no se comercializan, sino que son de uso exclusivo para la investigación.

En Valle del Iregua, alrededor de 1.800 clientes forman parte de este trujal donde el aceite obtenido, en la mayoría de casos, se comercializa bajo las marcas de la propia almazara (Candor, 916, Santificetur y Valle del Iregua). Otros deciden destinarlo al autoconsumo o bien comercializarlo bajo una marca propia y diferente. «Pero en todos los casos ese aceite cuenta con el sello de la Denominación, lo cual le otorga calidad y prestigio», señala la responsable de comunicación de la DOP Aceite de La Rioja, Elvira Cantabrana.

Un proceso continuo y «natural»

Para evitar que este oro líquido no se fermente, se exige que las olivas se depositen en la almazara justo después de ser recogidas, bien sea en remolques, barcas fruteras, cestos o sacos de rejillas (no de plástico), dependiendo del tipo de técnica empleada para recogerlas (mediante ordeño, rastrillos manuales o mecánicos, paraguas o cosechadoras). Pero una mala conservación puede provocar que la oliva no entre en un perfecto estado sanitario en la almazara y, por consiguiente, genere defectos en el aceite.

Después de lavar, despalillar y deshojar la carga, se pesa y entra en las tolvas. De ahí pasa directamente a la molturación, donde está durante unos veinte minutos de batido de la masa antes de sacar a la luz el aceite resultante. Sin embargo no es hasta marzo cuando los clientes reciben su trabajo convertido en producto. Mientras, ese aceite se almacena en depósitos sin ningún tipo de aditivo, a través de una decantación natural.

«A la semana de recibir las olivas, un sangrado para extraer el agua depositada; al mes, uno o dos trasiegos y, finalmente, el envasado, listo ya para comercializar y consumir», explica una de las responsables de Valle del Iregua, Mamen Martínez, mientras muestra una de las botellas del aceite galardonado con el primer premio en la categoría ‘frutado verde’ 2019 de la mano de la DOP.

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