Universidad de La Rioja

Intervención Asistida con Animales: «Completan las terapias de los médicos»

La Universidad de La Rioja, en colaboración con el proyecto ‘Dejando Huella’, está llevando a cabo una serie de talleres para enseñar a los estudiantes las diferentes intervenciones asistidas con animales en procesos terapéuticos y socio-educativos. Cursos que se desarrollan dentro de la iniciativa Universidad Saludable.

El objetivo primordial de esta iniciativa es «acercar a los estudiantes de Enfermería, Trabajo Social o Magisterio la posibilidad de trabajar o incluir en sus labores las intervenciones asistidas con animales en un futuro», según explica Ana Rodríguez, entrenadora de perros de intervenciones y monitora de los talleres.

Entre las Intervenciones Asistidas con Animales, todas dentro de los ámbitos de la salud, educación y servicios sociales, se distinguen tres categorías: la Terapia asistida con animales (TAA); la Educación asistida con animales (EAA); y las Actividades asistidas con animales (AAA). En estas últimas no hay objetivos terapéuticos definidos y, en general, se pretende promover beneficios motivacionales, educativos y recreativos, que puedan aumentar la calidad de vida de las personas.

Los animales más utilizado para este tipo de acciones son los caballos y los perros, siempre entrenados, pero son estos últimos los que, por su habilidad social, son los más empleados. Pero, ¿sirve cualquier perro? «No nos podemos basar ni en la raza, ni en la edad, ni en el sexo, siempre tenemos que fijarnos en el individuo», cuenta Ana.

De todas formas siempre hay unas razas que son más dadas a trabajar con personas, como los Retrievers o los Pastores, «pero esto no significa que sean las únicas. Deben ser perros que en las intervenciones disfruten, sepan gestionar el estrés y estén a gusto».

«Los perros no hacen magia, pero son un apoyo social»

La especialista Ana Rodríguez deja muy claro que las terapias asistidas con animales nunca son terapias alternativas, sino complementarias. «Los profesionales son los que curan, no los animales. Estos completan las terapias de los médicos».

Estas intervenciones pueden abordarse en cientos de situaciones de la vida cotidiana. Ana lo explica a la perfección: «Imagínate que un señor mayor está en una residencia. Él se ha criado con ganado, perros, siempre tenía animales alrededor. Llega un momento en el que por la edad o por enfermedad, esas cosas se olvidan, pero de repente aparece algo que despierta su instinto más cariñoso, sus recuerdos».

«Si el paciente necesita tonificar su brazo porque, por ejemplo, se ha roto un hueso, y el fisio quiere conseguir que trabaje la movilidad pero el dolor se lo impide y se niega, añade a la ecuación un perro. Dile que hay que pasear al animal, o que le de de comer, o, incluso, que le tire la pelota para jugar… aquí la motivación ya cambia», continúa.

Otro ejemplo claro es el que se puede llevar a cabo con los más pequeños de la casa. «Ponte en la situación de que a tu hijo le cuesta mucho caminar solo por la calle o, cada vez que le sueltas, echa a correr. Dale la correa del perro. La situación vuelve a cambiar. Ahora se siente libre, pero responsable de algo, lo que hace que pasee con libertad pero con cuidado». Por último, Rodríguez señala que los perros bajan la frecuencia cardiaca de los humanos, por lo que la persona se relaja y, de esta forma, se puede trabajar más fácilmente.

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