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El impulso definitivo

No hay quien baile alrededor de esa fuente. Parece el punto más alto de Logroño. Imposible escalarla. Es un monumento al fracaso temporada tras temporada. Un monolito al fiasco. En Murrieta hace mucho tiempo que no se iza ninguna bandera. “En cinco años en Primera”. La madre que lo parió, entregó balas a la infantería del descrédito, principal sustantivo en el fútbol riojano. Porque en esto no ha creído ni el apuntador. Una actitud muy riojana, por otra parte. Ver para creer. Y ni aún así.

La desconfianza como actitud ante el fútbol riojano. En espera, en permanente espera. Vigilantes, eso sí: siempre en alerta ante cualquier mal resultado o mala decisión. A modo de protesta continuada por culpa de los errores de otros con el Club Deportivo Logroñés, ese histórico que nunca tuvo nada propio con lo que poder negociar. Fue un solar en blanco y rojo en los corazones de muchos aficionados riojanos, que siguen afectados por la parálisis que provoca la nostalgia.

La Unión Deportiva Logroñés acaba de presentar las escrituras de su futuro. Acaba de dar un paso definitivo hacia el convencimiento masivo. 126.000 metros como fuerza imparable contra el objeto inamovible de todos estos años: el descrédito. Porque la llegada de Félix Revuelta, de ese señor forrado de pasta que decía ser de Logroño y que venía a invertir a La Rioja en esto del fútbol con lo que acababa de pasar con el Logroñés, no se la creyó prácticamente nadie. Algo busca. Uno más. Pronto nos dejará colgados. El descrédito y la desconfianza han ido de la mano a modo de lastre histórico para este proyecto que desde un principio ha buscado sin éxito el fútbol profesional para La Rioja.

Recuerden ahora, diez años después y tras la firma de la compra de estos terrenos a nombre de la Unión Deportiva Logroñés, todas aquellas entrevistas recurrentes en las que el presidente de la entidad blanquirroja tenía que afirmar que “esto iba a seguir adelante”, que su convencimiento era pleno y total, y su apuesta permanente. Más dudas, más descreídos por el ascenso que no llega, más equidistancia.

La incertidumbre era segura, como una sombra alargada que tapaba cualquier tipo de acción. Y el descrédito establecido en las instituciones por la presencia de intereses enfrentados ha ralentizado en gran medida la puesta en marcha de un proyecto deportivo para la región realmente significativo. Pensar en pequeñito es el primer paso hacia la condescendencia. Y por poco frena un impulso futbolístico que de materializarse irá en beneficio de toda la sociedad riojana, para los futboleros, claro, pero también para los que pasan bastante de este deporte.

Diez años después, el fútbol riojano sigue donde lo dejó, en el ostracismo de la Segunda B, del infrafútbol, del barro… y sin embargo no se parece en nada a como estaba hace diez años. Los trocitos de aquella figura blanca y roja comienzan a encajar de nuevo, se van pegando para erguirse hacia una conexión emocional necesaria para una región obligada a juntarse de nuevo para sentirse parte de algo común. El fútbol une como pocas cosas logran hacerlo. Pero lo hemos olvidado. No nos acordamos. Y hay una generación nueva que no sabe de qué leches les estamos hablando.

La Unión Deportiva Logroñés acaba de izar la bandera blanquirroja sobre unos terrenos yermos en Valdegastea. Acaba de alcanzar un triunfo irresistible, pues nunca antes nadie ni ningún club de aquí ha tenido algo propio, algo suyo para ofrecérselo al resto de la región. La Unión Deportiva Logroñés acaba de reclamar lo que es suyo: el derecho a creer que todo esto es posible. Comienza a depositar sedimento para su futuro.

Pico y pala para que vuelvan a rugir las redes en la búsqueda de ese instante eterno alrededor de una fuente ahora infranqueable. “En cinco años en Primera…”, que ya parecen balas de fogueo ante un impulso definitivo para la recuperación de un fútbol riojano obligado a estar a la altura de las nuevas circunstancias. Que ya va siendo hora.

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