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Olía a muerte lenta

El frío huele. Es directo, como un puñetazo al mentón. El olor a frío es profundo y huele del mismo modo en todos los sitios. El frío huele igual en Mondoñedo, Luanco, Guijuelo, Socuéllamos, Haro o Logroño. El frío huele. Primero, es dulzón, como queriendo ser agradable para llegar a los alveolos y entonces, después, retorcerte. Es como si el frío borrara el resto de aromas, para dejarse sentir, a modo de advertencia: «Abrígate que huele a frío»… Y a Las Gaunas, los rivales, mejor que vayan abrigados, porque huele a frío en Las Gaunas. Y el frío, últimamente, huele… a muerte lenta.

Es el olor que arrastra el capitán Willard allá donde va en su descenso a los infiernos para encontrar la guarida de Kurtz. La muerte le ronda, la olfatea y por eso la esquiva en su descenso fluvial a los infiernos. En Las Gaunas, como en Apocalypse Now, huele, como en aquel río camboyano, a muerte lenta; sobre todo si quien desciende a los infiernos de Las Gaunas es uno de esos equipos de Segunda B a los que calificamos como ‘buenos’.

Este domingo olía a muerte lenta para el Burgos. Pretendía prender Las Gaunas con napalm mientras surfeaban sus 900 socios unas cuantas olas en la General, y se han topado con la naturaleza simbólica de un estadio en blanco y rojo donde pasan cosas extrañas desde la llegada de Sergio Rodríguez al equipo. ‘This is Las Gaunas’. Vuelva usted mañana. O que pase el siguiente, vaya. Lo cuenta ‘UDLog_stats’ en Twitter, solo dos derrotas en Las Gaunas en todo 2019.

Desde entonces, la UD Logroñés ha ganado en su estadio al Racing, al Mirandés, a la Cultural, al Burgos… a todos esos transatlánticos, que ahora huelen la muerte cuando visitan Las Gaunas.

Bajo el influjo de un poder oculto el Burgos fue ‘amochando’ poco a poco, minuto tras minuto, ante la UD Logroñés. Recibió el primero justo antes del descanso. Recibió el segundo justo tras el descanso. ¿Qué clase de magia es esta? Y recibió el tercero cuando el Burgos se abrió un poco para buscar una reacción. Es decir, perdió de principio a fin. Solo ganó el sorteo inicial. El resto lo perdió todo, hasta su primera vida esta temporada ya con Salmerón en el banquillo. 3-0 y ocho puntos de distancia en la clasificación. Queda un mundo, pero el que golpea primero…

FOTO: Eduardo del Campo

Fue una victoria anunciada, porque en Las Gaunas olía a muerte lenta desde hace una semana. Carlos Martínez, Carlos Martínez, Carlos Martínez… Y así toda la semana. Y por el costado de Carlos Martínez el Burgos perdió el partido. Ñoño como el noveno batallón de la Primera División de Caballería Aerotransportada bombardeando el poblado vietnamita de Carlos Martínez, todo esto ambientado con los acordes de Richard Wagner de la ‘Cabalgata de las valquirias’. Y el poblado defensivo de Carlos Martínez acabó saltando por los aires tras un pase brutal de Andy, una golpada de Iñaki, con Paredes de escuadrón, para dejársela atrás a Rubén Martínez, que venía apuntando a la escuadra con su ametralladora desde el pase inicial de Andy Rodríguez. Y la ‘Cabalgata de las valquirias’ a todo lo que da.

Willard y Kurtz. Sergio y Salmerón. Viejos conocidos que se discuten la hegemonía entre dos aspirantes a todo a lo largo de este campeonato. Y de momento, Willard sigue anticipándose a la muerte, y juega con ella. Quizás alguna cosa bien esté haciendo.

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