El Rioja

‘Vinos en Voz Baja’ que «emocionan»

Carlos Mazo reivindica la tradición en la elaboración de vinos desde Aldeanueva de Ebro

«Con ilusión y romanticismo, casi sin echar cuentas». Así comenzó el viticultor aldeano Carlos Mazo en 2012 su andadura en la vinificación más tradicional para crear sus especiales ‘Vinos en Voz Baja’. En ‘voz baja’ porque el creador «quería que el nombre tuviera una expresión de Rioja Baja», en la actualidad, ‘Rioja Oriental’, como forma de reivindicación de su zona natal. «Una tierra que también es de vino y donde los pequeños productores deben existir», apunta.

Su proceso de adaptación «ha sido total: aprender a hacer el vino, a cuidar la viñas, a venderlo y, sobre todo, a cobrarlo», esto último, destaca, «lo más difícil». Empezó como romántico pero ya se ha convertido en un productor, aunque a no grandes niveles. En las seis hectáreas distribuidas en sus nueve viñas produce entre 10.000 y 12.000 botellas, aunque su propósito a largo plazo es llegar a embotellar entre 25.000 y 35.000.

En ese proceso de «crecimiento moderado», Mazo ha sabido a qué clientes potenciales dirigirse, siendo estos «los aficionados al vino que se atreven a probar cosas nuevas y pagar un poco más por un vino diferente, porque el modelo de negocio también es distinto». Aunque reconoce que, como en todo, «los comienzos fueron difíciles», la emoción que copa ahora su vida es tal que habla de este proyecto como uno a largo plazo, «para toda la vida».

Pero, ¿qué es lo que hace a sus vinos tan «especiales»? Lo manual supone la base fundamental de su trabajo, desde la vendimia a mano y el pisado tradicional de la uva dejando el raspón, hasta el empleo de barricas de madera y el embotellado sin filtros, «tocando lo menos posible el vino para que sea lo más original posible». Así, Mazo, junto con su mujer Isabel, son los únicos que trabajan estos viñedos en la localidad riojana de Aldeanueva de Ebro.

Emocionar al cliente

«Lo que más nos diferencia de las grandes bodegas es la capacidad que tenemos para emocionar al cliente, lo cual ellas no pueden hacer», destaca el viticultor. «Aunque dispongan de más personal, maquinaria o instalaciones mayores, les cuesta transmitir la esencia de los vinos, en cambio nosotros lo tenemos más fácil», añade Mazo, mientras explica que el tipo de vino, su elaboración o la altitud a la que se encuentran las viñas son factores influyentes.

Ella, por su parte, se encarga de la parte más creativa: el diseño de las etiquetas. «Yo buscaba algo sencillo y le transmitía a Isa lo que quería decir con mis vinos, retratar lo que hacemos», explica Mazo, quien añade que el diseño ha sufrido una «gran evolución» hasta llegar al punto de ser muy necesario en este sector, «sobre todo para los pequeños productores».

Todas estas cuestiones y detalles fueron expuestos este martes en el Palacio de Bendaña de Haro, donde este viticultor, junto con la periodista experta en asuntos vinícolas, Amaya Cervera, ofrecieron una charla sobre la evolución y revolución vinícola en la era digital. En este sentido, la presencia en redes sociales, webs y blogs ajenos «ayuda en esta época tecnológica», reconoce Mazo, al tiempo que añade que la visibilidad que dan los periodistas es buena pero «más importante es cómo te das tú a conocer».

Aun así, no acaba de ver claro el hecho de sobreexponerse mucho en el mundo digital. «Hay que ir con tiento, porque si contamos mucho sobre nosotros igual perdemos ese punto de originalidad o gracia que nos caracteriza al ser productores tan pequeños», considera. Así, el negocio tan solo tiene presencia en Instagram y su propia web.

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