La Rioja

La recesión amenaza a 48.000 riojanos que «rozan la precariedad»

El Informe FOESSA sobre Exclusión y Desarrollo Social señala a La Rioja como la región la cifra de exclusión social más baja de España, pero indica que en el caso de caer en ella las consecuencias son más severas en la comunidad que en el resto. Así lo ha explicado Guillermo Fernández Maíllo, sociólogo del equipo de Estudios de Cáritas Española y de la Fundación FOESSA.

El informe es un referente por su certera descripción sobre el desarrollo social en España, la estructura social, la desigualdad y la pobreza, las relaciones sociales y la cooperación internacional.  Y, en palabras de Fernández Maíllo, hay dos dos elementos preocupantes a la hora de poner en orden los datos: «El primero tiene que ver con que hay un grupo, aproximadamente de unas 48.000 personas que, estando dentro de un espacio de integración social en La Rioja en este momento, su situación roza la precariedad».

El sociólogo explica que es gente que tiene trabajo, vivienda, paga sus suministros, no tiene problemas de salud y cuenta con el apoyo de parte de la familia para el día a día, pero, si se produjese una desaceleración económica «es un grupo que lo va a pasar mal porque lo que tienen ahora no sirve de reserva».

Además, Fernández Maíllo ha descrito una segunda preocupación. «Si nos fijamos en el 4 % de la población en exclusión social más severa, unas 13.000 personas, ese grupo se encuentra a tal distancia de la gente de la sociedad riojana que cada vez se les parece menos. Acumulan tantas necesidades que la gran mayoría del resto de ciudadanos tiende a invisibilizarlos y a pensar de ellos que no han hecho los esfuerzos suficientes para parecerse al conjunto de la sociedad. Y, en realidad, es un colectivo que acumula muchas necesidades y no ha podido engancharse al proceso de recuperación del país».

Aun siendo un grupo pequeño de forma comparada, es «un conjunto realmente importante y cuantitativamente, en números absolutos, preocupante. No hay que fijarse solo en las cifras, sino en que estas personas que están en situación de exclusión social extrema tienen acumuladas muchas más dificultades que otras personas en el resto de España».

Al contrario de lo que pueda parecer, ocho de cada diez personas en riesgo de pobreza son españolas. «Solo dos de cada diez que ocupan este espacio de exclusión social son inmigrantes, pero es cierto de que estas dos personas lo pasan bastante peor que las nacionales», señala Fernández.

Posibles soluciones

A través de esta radiografía nacional y regional, los expertos «solo podemos hacer un diagnóstico descriptivo de la situación, pero creemos que una solución clara sería plantear el desarrollo de un trabajo integral. Uno de los problemas que se encuentran las políticas públicas en este momento, tanto a nivel local como autonómico, es que se visualiza la problemática de forma sectorial. Se somete de forma independiente la vivienda, el empleo, los servicios sociales, la capacidad de ayuda…».

Guillermo Fernández resalta en este sentido que «las administraciones necesitan entenderse para llevar a cabo planes integrales, olvidándose de la idea de tratar los problemas de forma simultánea pero por separado. Sabemos que es muy difícil pero mientras no se aborde la realidad de esta manera va a ser muy difícil sacar a esta gente de la situación extrema en la que se encuentran».

Después de estudiar la situación de La Rioja se plantea una disyuntiva. ¿Qué es más necesario: reducir la cifra de personas en riego o disminuir la gravedad de su situación? En el caso de esta región «hablamos de un problema de intensidad. Los recursos habría que dedicarlos más a rebajar la intensidad de los problemas que se sufre este colectivo de exclusión severo, por pequeño que nos parezca».

Y la sociedad, ¿qué?, ¿Cuál es su papel? Guillermo Fernández confirma que «cada vez vivimos en una sociedad más individualista y es más difícil que la población se haga cargo de la gente que se va quedando atrás». Y este es precisamente el reto que nos incumbe a todos: «Pararnos a pensar si la sociedad está dispuesta a dejar atrás a este grupo de personas o decidir volver a reengancharlos».

Está claro que esta es una decisión que deben tomar los individuos, las familias y la sociedad riojana porque esa gente «no va a salir de ahí si no tiene la ayuda de toda la comunidad».

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