La Rioja

Un pueblo ‘paralelo’ a través de fotografías literarias

Un hombre metiendo una oveja en el maletero de un coche, unos niños disparando o unos hombres durante una procesión religiosa son algunas de las imágenes que componen el fotoensayo de autor del periodista y fotógrafo madrileño Gustavo Bravo sobre la España vaciada. El foco del libro es el pueblo avilés de Cabezas de Villar, nombre que titula la propia obra, pero, sobre todo, son protagonistas sus paisajes, sus gentes, sus animales, sus tradiciones y festejos… Este jueves, a las 19 horas en la Casa de la Imagen, el propio autor presentará su ensayo documental que trata, entre otros temas, la soledad, la esperanza, la condición humana o los valores rurales.

Bravo describe este trabajo, el cual le llevó cinco años de su vida y alberga más de 13.000 fotografías, como una experiencia personal que le ha permitido conocer una «vida paralela» que pensaba que no existía en un pueblo de 2019 pero con entornos de hace medio siglo. «El libro ‘Cabezas del Villar’ es una oda a un mundo antiguo que malvive aún entre nosotros y que parece que hemos decidido olvidar o ignorar sin preguntarnos siquiera qué había de bueno en todo ello», considera el autor.

Pero su viaje al entorno rural abulense no se queda ahí. Antes de alcanzar esas fotografías más literarias, más auténticas y sugerentes, con su propio discurso y con la intención de permitir al lector hacer su propia interpretación, Bravo realizó un trabajo mucho más periodístico y documental, acorde a su profesión, como homenaje y agradecimiento a las gentes del pueblo que quisieron participar en su libro. «Incluyo retratos y paisajes mucho más realistas que sirvan a las gentes mayores de evocación de su pasado y a los más jóvenes como sorpresa y conocimiento de su propio pueblo», apunta el fotógrafo.

Lo que diferencia a ambos libros es la «intención con la que están hechos, la relación que en cada fotografía guarda el autor con el protagonista», explica Bravo. Así, lo que comenzó como un proyecto fotográfico del pueblo tal cual es, con el tiempo empezó «a construir una especie de realismo mágico» fotografiando solo aquello que mostraba la idea que él quería tener del pueblo, es decir, retratando la parte más antigua del mismo. «Recorriendo sus calles, hablando con sus gentes, de ahí ese toque literario, porque, al fin y al cabo, he mostrado lo que me interesaba, no toda la realidad de los paisajes», apunta.

«Ha sido un descubrimiento muy importante a la vez que sorprendente, porque he podido darme cuenta de lo equivocados que estamos en la ciudad acerca de cómo entendemos la vida, cómo nos relacionamos, cómo consumimos,… Allá con muy poco tienen mucho y son más felices, pero es un modo de vida en extinción del que puede que no volvamos a saber nada», sentencia el fotógrafo. Así, recalca que Cabezas de Villar no se trata de un pueblo atrasado, sino que lo califica como uno «desconectado» y añade cómo cuando empezó con este proyecto, el pueblo no tenía ni cobertura móvil.

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