Agricultura

La quinoa y la espelta siguen buscando su hueco en el campo riojano

El empleo de cultivos alternativos frente a los tradicionales, como la cebada o el trigo, está ya asimilado por muchos agricultores con el fin de evitar el desgaste del suelo y la proliferación de enfermedades. Las leguminosas u oleaginosas son, principalmente, las plantaciones preferidas, destacando los guisantes o la colza. En ambos casos, estas se emplean para favorecer la rotación de cultivos sin tener que optar por el barbecho, ya que así se mantienen estos beneficios, la tierra se nutre de nitrato y, además, se obtiene un producto para comercializar y para alimentar al ganado.

Desde la Cooperativa Garu de Santo Domingo, su gerente José Andrés Moneo asegura que la rentabilidad es similar a la de otros cultivos como el cereal o el trigo. En concreto, las leguminosas, unos cultivos de regadío, «empezaron a emerger a principios de los noventa y ya, en Rioja Alta, se siembran más de 1.100 hectáreas de guisantes verdes y en torno a 900 de alubias». A nivel regional, según datos de la Consejería de Agricultura a fecha de 2018, la superficie dedicada al cultivo de guisantes se sitúa en torno a las 1.500 hectáreas, mientras que la alubia verde se encuentra en las 1.150.

Los agricultores se decantan por estas plantaciones debido a «su comodidad, ya que permiten una recolección manejable sin necesidad de gran mano de obra, a diferencia de las patatas», apunta Moneo. Además, los precios son realmente estables; tanto, que desde hace casi 20 años apenas han variado, cosa que también puede verse como un problema», señala.

Por su parte, la colza es una «muy buena» alternativa de secano al cereal, asegura Moneo, aunque no sea una opción muy elegida por los propios agricultores. «No se arriesgan porque piensan que van a tener pérdidas. El motivo es que la colza contiene unas semillas muy pequeñas que, en función de la humedad del suelo, pueden carecer de los suficientes nutrientes y llegan a perderse», explica el director.

Experimentando con lo ‘bio’

Los pseudocereales, sin embargo, parecen no tener muy buena cabida entre los cultivos riojanos a pesar de mostrar un mayor margen comercial, una reducción de los costos de producción y una buena adaptación a los diferentes climas y suelos. Quinoa, chia, trigo sarraceno o espelta, alimentos que aportan un mayor valor nutricional y carecen de gluten, son demandados por gran parte de la población que busca productos ecológicos y con el sello ‘bio’, aunque en La Rioja se consideren más como cereales muy rústicos destinados a acciones experimentales.

Este es el caso del Proyecto Sedimenta, que el ingeniero agrónomo Óscar Santolaya y la bióloga Amaya Menchaca tienen entre manos en San Román de Cameros. Bajo la marca Permacultura SiempreViva, buscan fomentar el empleo en el medio rural, recuperar la fertilidad del suelo y estudiar qué tipo de cultivos pueden tener una buena recepción en la zona. Así, tras finalizar un campo experimental de quinoa, la pareja ha llegado a la conclusión de que este cereal es bien acogido en las laderas de la localidad camerana debido a los suelos ligeramente calizos y las condiciones climáticas, de altitud y de concentración de materia orgánica que ofrecen.

Pero, ¿por qué carece de una buena recepción entre los agricultores de la zona? Santolaya incide en que la ausencia de mecanización para trabajar este cultivo, debido a las pequeñas superficies que ofrecen los bancales, es un factor importante. Además, «tradicionalmente, no es algo conocido, por lo que la gente no quiere arriesgarse a sembrarlo y continúa con los cultivos de siempre». Sin embargo, Santolaya apunta que se trata de un pseudocereal apto para cultivar en cualquier zona siempre y cuando se tengan en cuenta las características del suelo.

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