La Rioja

El Rioja, rodeado por la mejor carretera del mundo

Cualquier excusa es buena para viajar. Vacaciones, desconectar, conocer sitios nuevos, pero, a veces, las prisas del viaje, la costumbre o la propia falta de interés, hace que nos perdamos muchos detalles que protagonizan el trayecto.

La primera idea que ronda en la cabeza cuando se planea un viaje es el destino. Cuanto más lejos, mejor. «Por aquí todo es parecido, así que vamos a buscar lo diferente fuera», piensan algunos. Qué duda cabe que las culturas, paisajes y tradiciones cambian de un país a otro, pero ¿por qué no empezamos por lo que tenemos más cerca? La Rioja, por ejemplo.

Es la segunda comunidad autónoma más pequeña de España con apenas 5.000 kilómetros cuadrados, pero por ello no deja de sorprender a todo aquel que se acerca. Y es que ya se sabe: las mejores esencias se guardan en frascos pequeños.

La Rioja es bonita siempre, en cualquier estación del año, pero el otoño se lleva la palma. Llega el fin de la vendimia y con ello la explosión de color que tiñe los campos con sus tonalidades más cálidas. Cualquier ruta que se haga por cualquier carretera de la región despierta muchas sensaciones que se concentran, sobre todo, en armonía y tranquilidad.

Rioja Alavesa

Uno de los trayectos que para muchos se ha convertido en «la mejor carretera del mundo» es el tramo de la N 232 que recorre la llamada Rioja Alavesa hasta Ábalos (uno de los tres municipios de la comunidad autónoma de La Rioja al otro lado del Ebro). Pueblos como Laguardia, Elciego y Samaniego son puntos de encuentro para muchos turistas que llegan hasta esta zona en busca de tesoros arquitectónicos pero, que además, se llevan en sus retinas y móviles auténticas maravillas naturales.

Viñedos rodeados de bodegas. Desde las más conocidas de La Rioja hasta las más pequeñas y familiares que siguen la tradición y cuidan sus pequeñas parcelas de manera que todo el paisaje parezca uno.

Lo que hasta ahora había sido campos verdes se tornan en escenarios amarillos y rojizos. Las hojas en esta época del año van reduciendo poco a poco su cantidad de clorofila, entre otras cosas por la ausencia de sol, los días más cortos y las noches más largas. Así, las viñas de uva tinta cambian a una gama de rojizos y granates mientras que las de uva blanca lo hacen en tonos amarillos.

Entre los rincones más especiales en torno a esta zona, cuyas vistas son un éxito asegurado, se encuentra la ermita de San Vicente, en Elciego, prácticamente al lado de la Bodega Marqués de Riscal. Desde su mirador, al que se accede tanto a pie como en coche o bici, se puede contemplar los viñedos de Elciego, Laguardia y, si el cielo y las nubes lo permiten, la sierra Cantabria. Una experiencia única que propone un recorrido fácil a través de sus paseos ‘Entre Viñas’ que permiten a los visitantes conocer, además de las famosas bodegas, las tierras y el origen del vino que las conforman.

Solo hace falta tiempo, ganas y curiosidad para disfrutar de lo que tenemos y, a veces, nos cuesta ver. «La verdad es que lo que nos rodea es muy bonito, pero la costumbre, el ir rápido a todos los sitios, las preocupaciones y el verlo todos los días hace que dejes de disfrutarlo», cuenta un vecino de Logroño que trabaja en Elciego.

El plan es este: fin de semana o día de descanso, un coche y la mejor compañía, el resto lo pone La Rioja. Viajar sin prisa, saboreando cada kilómetro del camino, haciendo paradas donde el paisaje más te inspire e interiorizando todo lo que te provoque. ¿Te atreves?

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