Salud

La historia ‘rosa’ de Sonia: «El miedo hay que dejarlo para después»

«Sonia, tienes cáncer de mama». Con esta sentencia comienza el duro camino de una superviviente que ha hecho frente a una enfermedad de la que, según el Observatorio del Cáncer AECC, se han diagnosticado 33.307 nuevos casos durante este 2019 en España, lo que representa algo más del treinta por ciento de todos los tumores del sexo femenino en el país.

Sonia González empezó a sentir un dolor en el pecho cada vez que se recostaba. «Al principio, cuando fui al médico, me dijeron que sería algo muscular, o algún problema con las prótesis que llevaba en el pecho», cuenta Sonia. Pero el dolor persistía y dio paso a la inflamación y el enrojecimiento. «Tras muchas visitas decidieron hacerme una eco y ahí se vio que tenía un cáncer de mama triple negativo muy avanzado y agresivo».

Octubre de 2013. «Fui a recoger los resultados con una amiga. Yo me tapé los ojos y fue ella la que leyó el diagnóstico e hizo todas las preguntas que yo no pude. En mi cabeza solo aparecía la imagen de la típica calavera que se ve en los postes de alto voltaje y mi hijo. Me muero. Sonia, te mueres».

No había tiempo que perder. El tumor estaba muy avanzado. «A los dos días me hicieron el Pet y me dieron la primera quimio. Los médicos me lo pusieron muy mal, me dijeron que tendría que pelear mucho». Desde un principio Sonia pidió a todos los especialistas que la trataron que le hablaran claro. «Yo necesitaba entender lo que tenía para saber cuántas fuerzas necesitaba para luchar».

Infinitas sesiones de quimio tuvo que superar Sonia hasta que, en abril de 2014, tras pasar por una neumonía que «casi me mata», se llevó a cabo la operación. Y, tras ella, 25 sesiones de radioterapia. Ella lo tiene muy claro: «La quimioterapia me salvó, pero también me destrozó». Después de todos estos tratamientos, a Sonia le han quedado lesiones de por vida.

Sonia, el cáncer y la Asociación Española contra el Cáncer

Esta superviviente solo tiene palabras de agradecimiento para la Asociación Española contra el Cáncer. «Fueron uno de mis apoyos fundamentales. Yo estaba trabajando y a la espera de una renovación de contrato, pero con tantas idas y venidas con los médicos decidieron no hacerlo. Me quedé diagnosticada y sin un duro».

A partir de ese momento, la asociación le brindó una pequeña ayuda material y durante unos meses pudo contar con un poco de dinero para, por lo menos, comprar medicamentos. «La peluca me la subvencionaron ellos porque fue duro la pérdida del pelo». También la entidad puso a su disposición un cuadro médico compuesto por oncólogos y psicólogos que la apoyaron en todas las fases de la enfermedad.

Soporte básico el que ha recibido Sonia, sobre todo, por parte de la psicóloga de la asociación. «Ella es la que constantemente me da salida y me ilumina dándome herramientas para trabajar y dejar de regocijarme en la pena y el dolor». Aunque la palabra rabia sigue presente en algún momento para Sonia: «Tú oyes hablar del cáncer de mama y dices: ¡bah! Eso no es nada. Pues no se equivoquen, señores. Yo casi me muero. Parece el hermano pequeño del resto de los cánceres, pero es uno de los que más mujeres se lleva».

Primeros pasos hacia el cambio

Qué duda cabe que superar una enfermedad como esta conlleva una carga física y emocional que solo los que lo han pasado conocen. Sonia señala que lleva seis años en unas condiciones físicas muy deterioradas: «Ha sido mucho tiempo en cama y tenía un perímetro, mi habitación, del cuál me daba pánico salir».

Pero, poco a poco, y gracias a la ayuda de la asociación, de sus amigas y de su familia, Sonia comenzó a dar los primeros pasos, dejando atrás el miedo y la idea de que el resto de su vida la vería pasar desde una cama. El baile, la natación, el yoga y el ballet han sido, y siguen siendo, sus mejores aliados.

«Voy lenta, mi coordinación no es como la del resto de compañeros. Tras el cáncer, la parte izquierda de mi cuerpo, sobre todo el brazo y la mano, han quedado con una movilidad más reducida y, a veces, pierdo la sensibilidad». Sonia recuerda emocionada las palabras que hace poco le comentó su profesora de ballet: «Yo te veía dar los pasos con ese dolor que reflejabas en la cara y a mi se me partía el alma».

Su sonrisa y la prevención

Pese a las lesiones que le han quedado tras los tratamientos (quistes en los ovarios, anemias, lesión en el plexo braquial o algún problema neurológico), Sonia sigue adelante gracias, recalca, al humor. «El humor en cualquiera de sus formas ha sido una salida. Siempre he tenido muy en cuenta que si no era así, no podría con esto. Yo veía a mi entorno sufrir, sufrir mucho. Adelgazaban, lloraban, pero yo siempre sonreía. Eso sí, cuando no podía más, me iba al Cortijo y allí gritaba y lloraba hasta que me recomponía y volvía a casa».

Sin embargo, para no tener que utilizar el humor como recurso para estas situaciones, Sonia quiere hacer hincapié en la prevención. «Cuanto antes reconozcan las mujeres que tienen que aprender a tocarse y a observarse, menos serán las terapias por las que tendrán que pasar. Muchas tienen miedo por lo que pueda ocurrir si acuden al médico, pero el miedo hay que dejarlo para después. Cualquier molestia, bulto, herida, grano, sea lo que sea, no lo dejéis pasar, por favor».

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