El Rioja

«La viura es una variedad ideal para convivir con el roble»

Viñedos como “El Regalo” en Villabuena, donde simpatizan tempranillos y viuras entrados en años, dejan claro que esta variedad blanca a veces incomprendida tiene mucho recorrido. «Estas viuras viejas son ideales para convivir con el roble, perfectas para fermentar en barrica», me comenta Ruth Rodríguez, enóloga de Bodegas Izadi. Y es verdad, porque la viura riojana está viviendo una segunda juventud, olvidando épocas pasadas en las que el propio Consejo afirmaba sin rubor que con esta casta no iríamos muy lejos.

Hoy cierran la recepción de uva blanca y la percepción en la bodega alavesa es buena. «Han llegado blancos de calidad, sin excesivo grado pero con un gran equilibrio en su acidez. Este año diría que es más ‘cosecha tinta’. Nosotros nos preocupamos de cogerla antes de que empezaran los focos de botrytis, que los ha habido, y sacrificamos algo el grado, pero la sanidad en lo cosechado está perfecta».

Descorcha Ruth una botella de su blanco elaborado sobre seis variedades y comienza la refriega. «Inicialmente nuestro vino era el clásico de viura-malvasía, pero buscamos diferenciarnos, ir un paso más allá porque teníamos las uvas de los viñedos viejos y cada una prometía aportar una escala distinta de sabores y aromas; pensamos que si las ensamblábamos el vino sería mucho más rico en matices. El resto de variedades aportan lo que la viura no tiene».

«La viura», continúa Ruth, “la fermentamos en barrica para darle todavía un punto más de complejidad a este vino”. Un blanco, apunto yo, que es el único que reúne los seis varietales autóctonos amparados en Rioja. Y realmente en boca aporta singularidad, es fresco y vivo, con un toque frutal que golpea con intensidad.

¿Cómo nació este proyecto? “Bueno, no sé si debería decirlo, pero todo salió de una visita a Abel y Maite –Bodegas Abel Mendoza–, donde hicimos un “pequeño viaje” catando blancos de uvas prácticamente desaparecidas directamente de sus barricas. Y empezamos a darle vueltas a la cabeza a ver qué podíamos hacer. Alguien en bodega apuntó que nosotros teníamos la materia prima, por eso nació este vino aprovechando estas seis variedades blancas que aparecían salpicadas en nuestros viñedos viejos entre vides de tinto”.

Es el segundo de la familia, porque se une al blanco fermentado en barrica que desde hace años defiende el pabellón de blancos de Izadi. Y como no hay dos sin tres, ¡atención! En breve se lanza al mercado un vino blanco de nombre Chocolate que mezcla variedades, tres añadas distintas y continentes de elaboración –cosecha 2014 criada en huevo de hormigón, 2015 en barricas de 500 litros y 2016 en barricas de 225 litros–. Serán únicamente 1.895 botellas, lo bueno si breve…

Las seis variedades blancas autóctonas, una a una

Volvamos a la viura, la muchas veces incomprendida viura riojana: “Si la comparas con otras nacionales blancas, le falta potencial aromático. Eso no se puede negar. Pero para fermentaciones en barrica es, simplemente, espectacular. Tiene acidez, cuerpo, aguanta el roble sin perder nunca la cara… Además resulta curioso, si es viura vieja las añadas pasan por ella sin afectarle, siempre responde. Sólo le saco dos peros, la falta de potencia en nariz y la propensión que tiene a pudrirse, se te puede ir en apenas dos días”. Son 4.165 hectáreas, el 69,1 por ciento del viñedo de blancas en Rioja.

Hecha la reivindicación, vamos a por la segunda, la malvasía. “Siempre ha convivido con la viura y son una pareja de baile perfecta, me gusta mucho. Cuando empieza a rojear indica que ha llegado su momento, y entonces le aporta mucho aroma con toques florales y un punto de dulzor en boca de lo más agradable. Ofrece volumen y grasa en la copa, más largura”. Un matrimonio perfecto que los viticultores de la Sonsierra siempre han tenido en cuenta. El 2,2 por ciento del viñedo gracias a sus 133,7 hectáreas.

“El tempranillo blanco me atrae para ensamblar con otras variedades, tiene mucha potencia aromática pero en boca se puede quedar más limitado”, afirma convencida. “Es sin duda una variedad que sufre, para bien o para mal, la zona donde esté cultivada, hay que dar con la zona y el sitio. ¿Como monovarietal?, complicado. Aporta sorprendentes dejes florales en nariz, su mayor cualidad, porque tiene de todo, puede ser tropical, floral, fruta blanca… Creo en esta variedad, pero siempre en altura y zonas frescas”. Nos vamos a 751 hectáreas para un 12,5% del total.

La cuarta blanca es una recién llegada, la maturana. “Para mí fue como un descubrimiento, porque empezamos a trabajar con ella por curiosidad, pero responde perfectamente haciendo ciclos largos ya que coge mucho grado. Hay que dejarla madurar poco a poco y entonces rompe con volumen y aromas vegetales, manzana verde e incluso herbáceos. Complementarios a otros más habituales. El problema es que se pudre rápido”. Apenas 35 hectáreas con un 0,6% de porcentaje.

La garnacha blanca está de moda, y por eso en la bodega cuidan un monovarietal. Pero en esta etiqueta entra discretamente con un 10 por ciento en la mezcla, «nos aporta sus personales aromas a fruta de hueso y su peso en el conjunto, tiene acidez y es untuosa, dando un volumen que nos viene muy bien». Son 217 hectáreas que llegan al 3,6 por ciento del total.

El turruntés cierra la lista en este sorprendente blanco: «Es el que menos grado tiene. Lo ves precioso en la viña, doradito y perfecto, lo coges y llega con dificultad a los 10-11 grados. Es una variedad que debemos trabajarla más, pero sí está claro que aporta acidez y volumen, más boca que aroma». Testimonial, únicamente cinco hectáreas amparadas.

Tampoco quiero enredar mucho, pero no me parecería bien irme sin preguntar por las desaparecidas en el día de hoy. ¿Y las foráneas? “A ver cómo lo digo… me encantan algunos vinos de estas variedades, pero nuestra la opción para nuestro proyecto es apostar por las de Rioja. Las nuestras tienen potencial y personalidad, poco más puedo decir. Cada cosa en su sitio me parece interesante, y La Rioja tiene que apostar por lo suyo con estas variedades que se están recuperando”.

Una Rioja blanca que tiene futuro. «Centrándonos en nuestras variedades podemos desarrollar un proyecto nuevo y llenar un hueco que hasta ahora no hemos aprovechado», apunta Iván Pérez, director de Comunicación que se suma a la conversación, «porque Rioja está muy centrada en tinto. Pero los blancos pueden sumar un punto más de singularidad, dar valor a una denominación que lo tiene todo para llegar muy alto en blancos. Pero debemos dedicarles más tiempo. Hay futuro si entramos en los vinos blancos top, no en blancos por precio porque ahí tenemos las de perder».

Toma la palabra Ruth y firma la rúbrica a este artículo con una frase que resume la confianza que todos tenemos en los blancos de esta tierra: «La Rioja es un sitio ideal para hacer blancos con nombre propio». Bien dicho.

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