El Rioja

Hoy vendimiamos… el graciano de Contino

El graciano de Contino, palabras mayores. Un pequeño mito que ha ido creciendo con el paso de los años, porque cuando los hombres de CVNE decidieron sacar al mercado un monovarietal de esta variedad… bueno, hubo caras de incredulidad y desconfianza. Pero el tiempo les ha dado la razón.

Son nuevos los tiempos que corren en la bodega de Laserna desde la marcha de Jesús Madrazo, pero su graciano sigue ahí, ajeno a cambios y mudanzas que no van con él. El testigo ha sido tomado por Jorge Navascués, un enólogo no demasiado conocido en Rioja pero con una trayectoria de prestigio en otras denominaciones.

«Me podría definir como un producto enológico», ríe Jorge, «que nace de la unión de dos familias que se han dedicado durante generaciones una al cultivo de la vid en la zona de Requena y otra a la elaboración de vino en la zona de Campo de Borja. Vengo de Aragón, de la zona de Cariñena. Cuando recibí la llamada de CVNE para incorporarme al proyecto de Contino fue como un sueño hecho realidad. Llegaba a una de las grandes y venía a sustituir a un enólogo de enorme categoría, todo un orgullo».

Jesús Madrazo, el mito de Contino, el nombre que siempre surge cuando se habla de esta bodega. «Con Jesús tengo una gran amistad y un enorme respeto. Lo conozco hace muchos años y he sido un seguidor de sus vinos, por lo tanto siento una gran responsabilidad al sucederle; es un orgullo continuar con la labor que él hizo, aportar mi toque personal siempre desde el reconocimiento a un trabajo enorme que ha hecho en la que fue su casa durante muchos años». Ya son dos años los que lleva Jorge en Contino y los vinos de las cosechas que están a punto de salir al mercado ya pueden definirse como ‘suyos’.

Los primeros pasos en Laserna contaron con la inestimable ayuda de Madrazo, quien llevó de la mano a Jorge para desvelarle los secretos escondidos en los calados de Contino: «Las dos primeras semanas que pasé junto a Jesús teníamos carta blanca para abrir botellas viejas del graciano e ir haciéndome a este vino», ¡vaya maestro de ceremonias!, «y recuerdo que hubo un ’99 que fue el que directamente me enamoró y me demostró la grandeza de estas botellas. Lo tenía todo, tensión, identidad, explosividad y dulzura. Aquel ’99 marcó un antes y un después; podría decirse que caí a los pies de aquella cosecha de graciano».

Un microclima «casi único»

Tercera semana de septiembre y vendimiando graciano, algo que sorprende ya que es ésta una variedad de ciclo largo. «Es cierto», comenta Jorge, «puede sorprender que lo hagamos tan pronto, pero ten en cuenta que este viñedo es especial y contamos con un microclima no diré que único, pero casi. Contino pertenece a Rioja Alavesa, pero estamos en la parte más cálida, a apenas unos kilómetros de Logroño. Nuestras maduraciones van un poco más rápido y en esta variedad es algo positivo porque no tenemos problemas para terminar el ciclo con una expresividad perfecta».

«Buscamos dos cosas: una, seguir haciendo el mejor monovarietal de graciano, y dos, tener un supergraciano para complementar al Reserva o al Gran Reserva por esa acidez natural tan positiva que tiene esta variedad. Intentamos vendimiarla con un nivel de acidez elevado que en un año tan seco como este y con poca carga, ha ido rápido y ha completado una madurez fenólica perfecta, con pieles y pepitas completamente maduras». Explicación dada.

Personalmente me parece una variedad con una personalidad tremenda y, sobre todo, una herramienta para el futuro de primer orden. A día de hoy tiene un papel fundamental en el viñedo riojano como mejorante, pero su relevancia va a ir a más debido sobre todo al cambio climático. Posee una estructura fabulosa y un componente ácido mucho mayor que equilibra y potencia a su hermano el tempranillo.

Pero también es cierto que este chico llamado graciano, cuando se cuida y se mima, camina solo con un carácter que enamora. Tiene que ser duro haber convivido tantos años y tantas cosechas a la sombra de la estrella, el tempranillo, pero los tiempos están cambiando y en cuanto se le da protagonismo, arrolla. «Hay que poner voluntad», apostilla Jorge, «porque es tan intenso que puede llevarse por delante a paladares no curtidos. La variedad es singular, no me cabe duda, superinteresante, que evoluciona en el tiempo muy despacio con tiempos de guarda de 20 o 30 años sin problemas en botella».

Fuera de la Rioja la variedad se conoce, se sabe que existe por figurar en la clásica mezcla de los reservas de ‘tempranillo, mazuelo y graciano’, pero poco más… «Se valora, sí, pero no se conoce el verdadero potencial que atesora y prácticamente se habla de ella como la mejorante del brillante tempranillo. Y va a más porque el cambio climático le ha beneficiado, ahora el graciano se muestra más amable, más interesante que hace por ejemplo 30 años, cuando si no maduraba bien llegaba con una potencia en ocasiones descontrolada; pero hoy en día está a un nivel extraordinario, es una de las pocas cosas positivas que nos ha traído el cambio de temperaturas».

Una casta única y arrolladora, típicamente riojana

Defíneme al graciano de Contino: «Estamos ante una variedad de presente y de futuro, pero no nos deberíamos quedar solamente en su faceta de potenciador por su acidez y estructura. Es una casta con una personalidad tremenda, con un fondo absolutamente diferenciada de un tempranillo o una garnacha, con una fruta más negra y un punto de amabilidad cuando se ha puesto cariño en su crecimiento, con un mundo de sabores y aromas diferenciados y personales. Tiene potencia, frescor, chispa y tensión. Para los que nos gustan los vinos con identidad, el graciano es una de nuestras favoritas». Un vino que te lleva al pecado, diría yo, devoto como soy de esta variedad y proselitista confeso ante todo aquel que preste atención a mis palabras.

En la actualidad, la DOCa ampara 1.284 hectáreas de graciano, que supone el 2,15 por ciento del total dentro de las variedades tintas. Para hacernos una idea del valor de cada una de ellas, vale la pena poner esta cifra en relación a las 52.442 hectáreas de tempranillo. Un mundo.

«Creo que el primer proyecto de un monovarietal de graciano lo firmó Contino» -¡olé Jesús Madrazo, un valiente apunto yo, quien en 1994 sacó al mercado 2.700 botellas de algo diferente, de un tinto que con los años se vería como identitario de Contino-, «domando una variedad que se conocía por su fuerte carácter y su punto de rusticidad. Tuvo mucho mérito».

«El suelo donde crece el graciano en nuestra finca es muy pedregoso y arcilloso, y la maduración va un poco rápida», apunta el enólogo. Son 3,7 hectáreas en una parcela conocida como San Gregorio Grande. «Debemos gestionar la superficie foliar y los rendimientos por planta son fundamentales para obtener una calidad homogénea todas las cosechas. Son vides de casi 50 años, con un rendimiento de poco más de un kilo por cepa. Este año menos porque además de no haber mucha uva la que hay es pequeña. ¡Imagínate la concentración que vamos a tener en esta cosecha!».

No puedo despedirme de Jorge sin catar el graciano de 2015 que acaba de descorchar. ¡Magnífico! Hecho lo cual, me atrevo con la pregunta que todos tenemos en mente: ¿habrá cambios en el graciano de Contino? «Por supuesto que me encantaría darle un toque personal, pero mínimo. Mi opinión y la de la casa es seguir la línea marcada durante tantos años. Si diéramos un cambio brusco en la elaboración iríamos contra natura, aunque es cierto que, por supuesto, todos queremos mejorarlo. Pero aquí resulta muy difícil porque lo que debe prevalecer es la personalidad de una finca tan maravillosa como es esta de Contino. Mi trabajo no debe estar por encima del viñedo, no tendría sentido».

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