El Rioja

La sombra de la botrytis es alargada

Fotos: José Luis Pérez Marín/José Luis Ramos

Venía todo de cara y, a última hora, como ese indeseado personaje que aparece sin invitación, la botrytis dice hola. Y sin pedir permiso se ha sentado a la mesa y ha centrado su mirada en un primer plato apetecible, la uva blanca a punto de vendimiar. La tinta corre, de momento, menos peligro. No es alarmante como en aquel 2014 en Rioja Alta, pero sí preocupante.

José Luis Ramos, jefe de sección en Protección de Cultivos del Gobierno de La Rioja, es tajante: «Yo no tengo constancia de aparición de focos de botrytis, pero sí que hay preocupación porque se dan las condiciones para que aparezcan. Pero partimos de una situación excepcional, hacía mucho tiempo que no teníamos un año como éste, con una sanidad de la uva excepcional, lo que nos da un colchón grande para cualquier mínimo problema que pueda aparecer».

«Esta cosecha tenemos una uva muy sana y un racimo suelto. La botrytis se siente mucho más a gusto con racimos grandes y compactos, y este año eso no se da –en general, apunto yo, como siempre los viñedos pensados para la producción vienen cargados, pero sí es cierto que en 2019 el peso de la baya se estima en un 25 por cierto inferior a otros años y la producción va a ser sensiblemente inferior–. El menor rendimiento de la viña para evitar esta enfermedad es positivo».

¿Qué es la botrytis? «Es una enfermedad fúngica que pudre el racimo, un hongo complicado de combatir una vez que se produce, hay que luchar de manera preventiva, llegar a la vendimia con los deberes hechos habiendo tratado la viña en el inicio del envero o el cerramiento de racimo», insiste José Luis, «pero lo mejor es evitar que se den las condiciones idóneas para su llegada».

«Como no podemos decidir si llueve o no en época cálida, podemos intentar que no haya demasiada carga, trabajar la confusión sexual en la lucha contra la polilla, evitar heridas, que los racimos estén aireados, que haya deshojado… En definitiva, tener un viñedo equilibrado para que baje la temperatura en el microclima del racimo. El hongo busca la ‘tormenta perfecta’: calor y humedad continua; hay que intentar no darle facilidades».

Un ataque difícil de combatir

«El problema radica», afirma convencido, «en que la lucha fitosanitaria, la lucha química podríamos decir, es menos efectiva que contra el mildiu o el oídio. Aquí cabe aquello de ‘solo nos acordarnos de santa Bárbara cuando truena’, hay que caer en la cuenta antes. En otras plagas se puede combatir el ataque, aquí resulta complicado a posteriori, es imprescindible hacer un control adecuado de las heridas producidas por el oídio, por la polilla, por el granizo… pero esas heridas hay que cicatrizarlas antes de que se dé la ‘tormenta perfecta’ de la que hablábamos antes, porque una vez que hay contaminación de botrytis es muy difícil de parar».

La infección a temperaturas óptimas en torno a los 18 grados se produce con humedad relativa superior al 90 por ciento, requiriendo para ello unas 15 horas, prácticamente aparece de un día para otro. Y cuando se desata el control resulta peliagudo. Ese es problema, que una vez que la contaminación se da, atajarla resulta ciertamente complicado: «Repito, mejor los deberes hechos. Pero pongámonos en lo peor, si se da, habría que buscar un tipo de productos que no sean de síntesis química, habría que irse mejor a tipo ‘residuo cero’, productos de control biológico, productos que no tengan residuos en la vinificación».

Resumiendo. El mejor tratamiento contra la botrytis no se encuentra en la química, está en la naturaleza: «Como dicen los agricultores, ¡que sople el cierzo!, ese es el mejor remedio porque seca y frena la botrytis mucho mejor que cualquier tratamiento. Pero eso no está en nuestras manos, mi consejo porque sé que no todavía no hay alarma es esperar a que cambie el tiempo. Lanzarse con productos fitosanitarios antes del problema nos lleva al dicho de que es peor el remedio que la enfermedad». Cierzo, digo yo, ¡sopla! Nubes, insisto, pasad de largo y llevaos las lluvias lejos.

Quien haya estado encima de la viña con constancia tendrá más fácil librar de esta podredumbre. Es el ‘sota, caballo y rey’ de la viticultura: poca carga, viñedo deshojado para favorecer la aireación y la bajada de humedad en el racimo, tratamiento final con productos sin residuos y… suerte. Que corra la brisa fresca, deje de llover y bajen las temperaturas.

La vena de profesor de José Luis –imparte clases en el Máster de Enología de la Universidad de La Rioja- sale a relucir al despedirnos. «Mira Fernando, pasa siempre, solo nos acordamos de ese hongo llamado ‘botrytis cinerea’ en puertas de vendimia y hay que trabajarla durante todo el año. Te lo he dicho antes y te lo repito, hay que llegar a septiembre con los deberes hechos». Dicho queda, gracias profesor.

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