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La batalla semántica

Perfecto. Ya estamos instalados en la batalla semántica de cada campeonato. La temporada pasada se produjo tras el encuentro en Calahorra, y aquellos incidentes entre algunos jugadores y algunos aficionados pasaron factura toda la temporada. Eso fue en la quinta jornada. Esta vez, la batalla de la semántica se ha instalado en la Unión Deportiva Logroñés y su entorno justo antes de viajar a Calahorra… pero tras la segunda jornada. Se mire por donde se mire, se ha ganado tiempo. Aquel equipo de récord tardó cinco jornadas en darse cuenta de la batalla semántica que se estaba produciendo a su alrededor: «Menuda mierda». «Que me devuelvan mi carnet». «Esto es un desastre». «Así mal vamos». «Sergio vete ya»… La batalla semántica tras aquella derrota en Calahorra fue realmente cruenta.

Así que ni tal mal. Esta vez el asunto ha comenzado mucho antes, para la segunda jornada. Tras caer con justicia ante el Haro, de nuevo la misma línea semántica: «Menuda mierda». «Que me devuelvan mi carnet». «Esto es un desastre». «Así mal vamos». «Sergio vete ya»… La batalla semántica se instala en la Unión Deportiva Logroñés para hacer saltar por los aires la campaña de socios. Porque a ver quién es el guapo o guapa que le dice a su no abonado: “Tío vente para Las Gaunas que no sabes lo que te estás perdiendo”. A un amigo no se le engaña por un descuento. Ahora, siempre se puede aprovechar esta coyuntura para ‘trolear’ a un enemigo y llevártelo a Las Gaunas, vista la carta de presentación del equipo el pasado domingo en Las Gaunas ante el Haro. Un descuento con ‘troleo’ es semántica pura.

De lo visto este domingo no se puede rescatar absolutamente nada. Ni en lo deportivo ni en lo ambiental, que no es mala forma de comenzar una temporada, porque uno se puede aferrar al pensamiento lógico de que a peor no se puede ir, y que por tanto, si para la jornada dos ya hemos visto lo peor, pues como mucho restan 36 jornadas de lo mismo, quizás de algo mejor, pero evidentemente nunca peor, porque es imposible empeorar lo que se produjo el pasado domingo en el primer derbi de la temporada. No se puede rescatar absolutamente nada. Ni en lo deportivo ni tampoco en lo ambiental.

A la espera de saber qué significa realmente eso de la ‘Grada de Animación’, en la batalla de lo semántico la nueva ‘Grada de Animación’ queda inaugurada como ‘Grada de Descalificación’, pues conviene llamar a las cosas por su nombre, que el español en un idioma muy rico que permite ir directamente a la cuestión sin dar muchos rodeos. Y si el curso pasado algunos jugadores se las vieron con algunos aficionados enfadados en La Planilla, todo esto de la semántica y de las palabras de un lado para otro llegan esta vez con un girito inesperado: Santos, capitán, al término del partido, se acerca a la preferencia, justo al lado del túnel de vestuarios, llama a un aficionado, éste baja de su asiento hasta la barandilla e intercambia airadamente un par de frases. “Nos ha dicho que le echaban muchos huevos y que debíamos animarles más”. Viva la semántica. Al pan, pan; y al vino, vino. Ya estamos para la jornada 2 instalados en eso de echarle más huevos al asunto. Difícilmente esto se puede empeorar. Así que como mucho nos podemos quedar instalados en esta situación.

A la espera (todo parece haber quedado paralizado tras la derrota ante el Haro) de ver cómo de pesados son o no los testículos de unos y de otros en este proceso de descomposición que lleva instalado en el entorno blanquirrojos desde este verano, el fútbol, por fortuna, trasciende a esta cuestión tan simplista y se deja analizar mejor desde elementos más futbolísticos como son: una pésima presión a la salida de balón del rival, la ausencia de individualidades para ganar los uno contra uno, la precipitación, la imprecisión, los amplios espacios entre las diversas líneas, las dudas defensivas, la lesión de Michel Zabaco, la incapacidad para jugar por dentro, la previsibilidad de ir siempre por fuera, las dudas en los laterales, la horizontalidad de los mediocentros, el mal momento de Rayco, la falta de remate de David, la no presencia de Ñoño o de Álamo casi por sistema… y sobre todo la ausencia de liderazgos dentro del terreno de juego. Y esto es lo peor que nos deja el debut de la Unión Deportiva Logroñés en su propio estadio.

La temporada pasada, en la sexta, se produjeron las irrupciones de Pablo Bobadilla (ahora lesionado) para inyectar ilusión a jugadores y aficionados, de Víctor López como delantero para asegurar una primera línea de presión realmente eficiente (ahora en el Alavés B), de Marcos André y su generosidad para presionar, primero, y aparecer, después, siempre por los espacios para dar soluciones a un equipo que las necesitaba y que las sigue necesitando (ahora en el Mirandés y el domingo en las gradas de Las Gaunas), de Carles Salvador, metrónomo del equipo que siempre buscaba darle a esto un ritmo superior (ahora en el Castellón), de Miguel Martínez de Corta, bajo palos, para haber sacado una de ésas que parecen imposibles de parar como fue la Facu para el Haro, o Juan Iglesias (ahora en el Getafe) para solventar un problema histórico en el lateral derecho y que no se ha sabido resolver durante este verano a la espera de saber qué rendimiento puede dar Iago. Así que con todo, la duda es saber quién va a dar aquí un paso adelante para sacar al equipo de este problema que ha surgido tras solo dos jornadas de campeonato.

Restan solo unas horas para que se cierre el mercado de fichajes. Y ya lo dijo el domingo pasado Sergio Rodríguez: “Que nadie espere ahora cuatro fichajes”. Que nadie obligue a Carlos Lasheras a semejante esfuerzo a última hora, porque suficiente sufrimiento ha tenido este verano, como para alargarlo si cabe unas horas más. Porque en la semántica de los fichajes, lo importante son los euros. Sobre todo, cuando Cultural, Burgos, Guijuelo o Salamanca están pagando más que la Unión Deportiva Logroñés. Y uno sale con el cuerpo girado de esa reunión veraniega al comprobar que Félix Revuelta no está por la labor de aumentar el presupuesto para estar a la misma altura que otros candidatos, pero se siguen manteniendo los mismo objetivos: el ascenso y la ciudad deportiva, o la ciudad deportiva y el ascenso. Entonces sucede lo habitual en la semántica de los futbolistas profesionales: que de camino a Logroño se da un volantazo donde haga falta por una llamada que mejora las condiciones blanquirrojas. Y es que los euros no entienden de semántica.

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