La Rioja

El Jardín Botánico de La Rioja: una joya por descubrir

Con treinta y cinco años de historia, quince de estos abiertos al público, el Jardín Botánico de La Rioja lucha por seguir en funcionamiento unos cuantos más, a través de la Fundación Botánico.

«No hemos recibido ningún tipo de ayudas», lamenta Antonio Bartolomé, presidente de la fundación a la par que señala la falta de visitas de autoridades riojanas. «Confíamos mucho en esta nueva posible presidenta porque vino antes de serlo, le gustó muchísimo y entendió que esto La Rioja no lo podía perder».

En la carretera N-120, entre Hormilla y Azofra, este jardín, uno de los doce existentes en nuestro país, ofrece un auténtico remanso de paz en cuarenta mil metros cuadrados, los cuales se pueden recorrer con los pies descalzos, peculiaridad única en el mundo. En estos cuarenta mil metros cuadrados hay sitio para unas dos mil especies de plantas, tal y como explica Bartolomé. Bonsais, rosaledas, un jardín vertical, encinas, sauces, secuoyas, plantas carnívoras, girasoles, estatuas de Buda y un gran etcétera rodean pequeños estanques que sirven de hogar a tortugas y peces. Son cuatro voluntarios los que se encargan, de forma fija, de mimar todas las especies.  Asimismo, desde la fundación se encargan de exportar sus propias semillas a otros jardines botánicos de distintas partes del globo.

En las ocho zonas que componen el jardín, Bartolomé invita a no solo a pisar la hierba mullida, sino también a disfrutar de los diferentes aromas y de varios versos colocados entre la vegetación. «La poesía no puede faltar en el jardín, los visitantes la valoran muchísimo», explica el presidente de la Fundación.»Además, somos el jardín botánico que más información en texto tiene», dice Bartolomé señalando las placas informativas de cada especie de planta.

Una noche con la naturaleza

Asimismo, los visitantes tienen la posibilidad de pasar una noche en la pintoresca cabaña de madera rodeada por el bosque de bonsais, que combina el encanto propio de las cabañas con las comodidades de agua corriente, aire condicionado y electricidad.

«Esto es muy grande, y la gente no sabes lo bien que se porta cuando viene», agradece el patrono. «Tenemos muchos visitantes de Madrid, Barcelona, País Vasco y Navarra».

Mirando al futuro

Como futuro proyecto, Bartolomé señala El Pinatum, una colaboración con el jardín botánico de Londres, Kew Gardens, en el que se criarán pinos, abetos y demás plantas coníferas. «Va ser una de las mejores colecciones en España de coníferas sino la mejor», señala Bartolomé.

El jardín botánico ofrece la posibilidad de visitarlo con el buen tiempo, cerrándose a partir del Puente de Todos Los Santos. «Pero si alguien nos llama, lo abrimos, al fin y al cabo lo que queremos es que la gente que acuda salga contenta».

Si se le pregunta por su joya favorita del jardín, Bartolomé lo tiene claro: la encina. «Es un árbol autóctono de nuestro país y fascinante, creo que debería ser un símbolo de la bandera».

«A los visitantes lo que más les sorprende el grado de conservación, así como la extensión del jardín, valoran el ir descalzos y la poesía», señala Bartolomé, «Es mejor dar y que ellos encuentren algo mejor de lo que anuncias». «Esto está hecho con mucho amor».

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