La Rioja

Cata de vinos y de cultura etnográfica en las bodegas de Villamediana

Los barrios de las bodegas son uno de los patrimonios etnográficos que caracterizan a la comunidad riojana. Unos mejor conservados, otros en alto riesgo de desaparición, pero casi cada pueblo tiene el suyo. Desde hace unos años son varias las localidades que se han animado a darle visibilidad y abrir sus puertas. Este tercer domingo de julio, como suele ser habitual,  la cita ha sido en Villamediana de Iregua.

‘Escalando’ la empinada calle ‘Bodegas’ se llega donde uno espera terminar: en los calados. En esta duodécima edición 14 bodegas se han ofrecido a mostrar sus ‘joyas’ subterráneas excavadas en la colina. «Todo empezó para poner en valor el patrimonio que tenemos y ahora parece que el Ayuntamiento va a apostar por su conservación», reconoce Guillermo Pérez, presidente de la entidad organizadora O.R.D. (Asociación y Organización para el Desarrollo Turístico y Recuperación de las Bodegas), mientras reparte las últimas copas -de las 700 dispuestas-, que por siete euros dan derecho a catar vinos.

El evento va convirtiéndose en un ‘clásico’ y simplemente dándose una vuelta por varias de las bodegas es fácil toparse con varios habituales de la ruta bodeguera. Esta es la historia, por ejemplo, de Ángela, Enrique, Violeta y Héctor. «Lo mejor es el buen ambiente, la gente va ‘chispilla’ y se pasa bien», admite Enrique. «Quizás, por sus grandes dimensiones, la que más impresiona es la de Vivanco». Damos fe: sorprenden mucho sus largos calados llenos de barricas.

Algunos han venido para la cata y otros, que son de la zona, llevan día largo: almuerzo en la bodega propia y luego ruta por el resto de calados, como Israel, Juan, Sergio y Virginia. En la ‘nao’ de Ricardo tampoco se olvidan de la comida y a pesar de las pequeñas dimensiones no faltan quesos y el embutido para maridar con el vino.

Pero si algo tiene de atractivo este tipo de eventos culturales y enológicos es dejarse llevar por la espontaneidad. «Soy de Villamediana y siempre vengo, peronnos hemos ido juntando varios que no nos conocíamos y mira ahora qué cuadrilla», ríe Yessika, a la que acompaña un gallego, un argentino y no sé cuántos más, cada uno de una madre… Parece un chiste, pero es lo que pasa cuando se juntan las ganas de diversión, el buen ambiente y el vinito de Rioja.

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