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«Ojalá la gente haya hecho las paces y vuelva definitivamente al fútbol»

Aquel primer Sergio Rodríguez, el interino, llegó a un vestuario deprimido, apurado por los malos resultados, con el agua al cuello, y lo salvó con una naturalidad pasmosa. Diez victorias después lo puso sexto y se ganó el derecho a seguir una temporada más. De aquel vestuario surgió el modus operandi: “Sergio llegó, y no dijo nada”. Lo explican años después futbolistas que estuvieron en aquellos inicios. “Llegó, se sentó, y apenas dijo nada. Pero hizo las cosas tan sencillas, tomó un camino tan lógico que el asunto acabó por salir a la perfección”. En medio de la confusión provocada por un Pouso cansado y un Berges anonadado, Sergio salvó al club de su peor momento con una naturalidad que aún sorprende a quienes se vieron en aquella espiral de malos resultados.

Dos temporadas después, Sergio Rodríguez parece mantener la misma receta de la sencillez en la comprensión del juego, en dar soluciones a sus jugadores… pero algo ha cambiado. Sergio Rodríguez ha dejado atrás ese perfil bajo que ha mantenido desde un principio con la opinión pública. Si al principio pasaba de puntillas, desde enero a esta parte, el técnico de Logroño ha ido elevando el mensaje, cargando el discurso, dando con la tecla exacta para remover y agitar en relación a lo que necesitaba el equipo y el club. Resuena todavía la rueda de prensa tras el triunfo en Badajoz. “Necesitamos este mismo ambiente de fútbol. Necesitamos ser 10.000. Os necesitamos a todos”. Es más, recuperó el espíritu del viejo Las Gaunas, apeló a los sentimientos, y la gente se cargó de razones para volver al fútbol tras el nervioso espectáculo del empate a tres ante el Badajoz, después «de quince años de aquella mala gestión» que alguno aún no se perdona, aunque no haya sido su culpa.

UD Logroñés - Langreo | Foto: Edu del Campo ©

Edu del Campo ©

Y Sergio Rodríguez ha cogido un camino que no parece dispuesto a abandonar. Se siente capacitado para llevar al fútbol riojano de nuevo al ámbito de lo profesional y bajo su dirección se ha logrado la mejor entrada de la historia de Las Gaunas para ver a un equipo de Logroño. 10.754 espectadores. Sergio Rodríguez se ha puesto al frente y en esta entrevista invita a que todos los que quieran le sigan. “Ahora solo falta que desde el convencimiento personal los riojanos estén de nuevo convencido de que pueden volver al fútbol”.

– ¿Cómo ve al club tras este último playoff de ascenso?

– El club está creciendo poco a poco. Se están dando pasos. No están siendo grandes ni rápidos, pero sí firmes. Lo que necesitamos es que el club crezca.

– ¿Se siente más entrenador de un equipo que gestor de un club?

– Mi vocación es la de entrenador. En cuanto a lo deportivo sé lo que debemos hacer. Y no porque sea un autodidacta. Si no porque llevo en esto del fútbol profesional más de veinte años. Y en todo este tiempo he estado en clubes donde se trabaja muy bien con la cantera, y donde se han hecho cosas muy bien para seguir creciendo. Y como dice Félix (Revuelta), a veces es bueno copiar lo que ha funcionado en otros lugares. Yo he vivido todo esto y he visto qué cosas se han hecho bien para que funcione en otros clubes de mayor tamaño. Pero esto no quiere decir que lo que yo piense sea cátedra. Ni mucho menos.

– ¿Se sigue sintiendo profesor o solo entrenador?

– El entrenador tiene un punto de profesor muy importante. El hacerse entender, el transmitir las cosas con precisión y claridad. Este punto de profesor en un entrenador siempre está presente. Y para mí la docencia ha sido siempre algo que me ha gustado. Y nunca me cierro puertas. A saber cómo se dará todo esto”.

– Pero no es lo mismo entrenar a chavales o dar clase a niños, que dirigir a un grupo de veinte profesionales adultos del fútbol. Washington Tabárez decía el otro día en una entrevista algo así como que la honestidad es el único camino posible a la hora de dirigir un grupo. ¿Cuál es su receta para hacerse entender y contar con la confianza de una plantilla?

– El cambio a la hora de dirigir a un equipo profesional es bastante importante, sobre todo en la forma de relacionarse. Porque las cuestiones tácticas y técnicas son más o menos idénticas. La metodología no cambia en exceso. Pero sí la forma de relacionarse. Y sí estoy de acuerdo en este camino de la honestidad. Las normas son para todos iguales, pero no creo que haya que tratar a todos igual a la hora de hablar con ellos o dirigirte a ellos porque luego cada persona es un mundo. Pero a niveles de disciplina, de responsabilidad, de compromiso… hay que tratarlos a todos por igual. Y la honestidad es esencial, que no te vean una doblez es muy importante. Incluso en lo táctico. Si un jugador te ve sin una solución para una cuestión concreta comienza a dudar. A mí me pasaba cuando era futbolista, si veía dudar al entrenador me generaba incluso miedo. Así que ahora trato de tenerlo todo bien preparado para que eso no suceda. Por eso el camino de la honestidad es tan importante. Trato de ir siempre de frente con todo el mundo, no engañar a nadie, no prometer nada a nadie. Desde que comencé a entrenar jamás he prometido a nadie que iba a jugar, que todo iba a depender de su trabajo. Y luego, claro, tratar a todo el mundo con el respeto que se merece.

Eduardo del Campo

– Dejar la estabilidad de la docencia, por el sufrimiento de un banquillo. Creo que me puedo imaginar las caras de su familia más cercana.

– La familia pesa. Pero el hecho de existir esta vocación es lo que tiene. Respeto todas las opiniones, sobre todo la de mi familia. Mi familia no sintió una motivación especial cuando dejé el colegio para ser entrenador de fútbol. Hay que tener en cuenta que como jugador estuve muchos años fuera. Y a mí personalmente me costó horrores salir de Logroño. Si te soy sincero, estando en Lleida o incluso en Cádiz, en cuanto podía me venía para casa, porque soy muy de aquí. Yo necesito Logroño. Pero esta vocación te hace tomar decisiones que incluso a mí me generan dudas porque puede provocar que salgas otra vez de tu casa y de tu familia. Sin embargo siento que he acertado porque me siento entrenador, pero mi familia no lo valora de forma tan positiva. Sabe que esto es muy difícil, que hay fecha de caducidad y siempre me pregunta por qué entreno con lo que se sufre.

– ¿Por qué entrena con lo que se sufre?

– Primero porque me siento capacitado. El día a día me encanta: la gestión de un grupo, el trasmitir cosas, el vivir esa adrenalina por el resultado del domingo… me hace sentir vivo. Con esta faceta me siento completo porque tiene ese punto de pedagogía, ese punto de gestionar un grupo, ese punto de liderar a gente, y ese punto de adrenalina de jugártela todos los fines de semana. Pero es muy duro. Pero como me gusta y me siento completo con lo que hago, pues lo llevo bien. El problema es que ya no sufres solo. Yo asumo las cosas de entrenador con mucha naturalidad. Llevo peor lo del entorno, ver sufrir a la gente que me rodea lo llevo mal. Y más estando en casa. Tengo claro que más duro que entrenar en casa no hay nada. También es más bonito. Si las cosas van mal entrenar en casa es durísimo; ahora, si van bien es lo más bonito, claro.

– ¿Compensa?

– Claro que compensa. Los 10.754 espectadores del último partido de esta temporada, ver a Logroño así… Fue lo mejor. Fíjate que lo he pasado mal a lo largo del año, que todo el mundo quería que me fuese. Que me lo cantaron. No hay nada más duro que todo un estadio, que tu propio estadio, en tu casa, te grite “Sergio, vete ya”; no hay nada más duro. Hallar una cosa más dura que ésta es complicado. Sobre todo cuando le tienes tanto cariño a un club, cuando has hecho todo para que el club mejore, para que se supere día a día. He estado cuando peor iban las cosas, con doble trabajo… y que te canten esto duele. Pero todo se ve compensando con ver así República Argentina o Las Gaunas de esa forma. Todo esto compensa lo anterior.

Eduardo del Campo

– En lo social, resulta llamativo ver pancartas en Sojuela, Baños, Tricio, Tirgo, Fuenmayor, Aldealobos, El Villar, Arnedo… en fin, es espectacular la raigambre que ha logrado este club por toda La Rioja. Y sin embargo, a ese Logroño futbolístico parece que le está costando más despertar. ¿Por qué?

– Tengo un argumento para esto. La gente de los pueblos de La Rioja no tiene la matraca diaria de todo lo que ha pasado con el fútbol en Logroño. No sufre con que alguien en un momento dado del día te recuerde lo que pasó en un momento concreto de nuestro fútbol. Está más virgen en este sentido. Y somos conscientes del papel tan importante que están jugando nuestros seguidores. Y los notamos en cada viaje que hacen, los sentimos cerca. No es solo Logroño. Tenemos mucha fuerza en la región. Y debemos protegerlo.

– ¿Por qué se fustiga tanto el aficionado de Logroño con esto del fútbol en blanco y rojo? ¿Ha llegado la hora de hacer las paces con ellos mismos? ¿Ha llegado la hora de pasar página? ¿Ha llegado el momento de volver al fútbol?

– Han pasado más de diez años. Yo diría que son ya veinte años casi. Ojalá haya llegado en esta temporada el momento ese en el que la gente hace las paces y vuelve definitivamente al fútbol. El castigo que se están imponiendo es exagerado. Hablamos de quince o veinte años desde aquella mala gestión. Yo me tuve que ir del Club Deportivo Logroñés tras tres años en el filial. Me fui aquel año cuando se produjo primero el descenso deportivo que luego fue también administrativo. Y muchos nos tuvimos que ir porque aquí no iba a salir equipo. Fueron quince días donde todo estuvo parado y nosotros como jugadores no podíamos esperar más. Luego volvió a salir el Club Deportivo Logroñés en Tercera división y se trató de remodelar un poco todo. Y yo creo sinceramente que ese fue el momento determinante. Entiendo que la gente en Logroño ha pasado por muchas cosas. Que hubo mala gestión en su momento con una locura de propietarios que iban y venían por aquí. Pero han pasado veinte años. Y yo hablo por lo que me toca, el club lleva diez años para once con una gestión intachable. Te pueden gustar más unas cosas u otras, pero aquí nadie se ha quejado de que no ha cobrado. Cobramos todos el día 28 de cada mes. Que esto es impensable en otros equipos. Cómo no podemos valorar esto. Que te gusta más o menos el entrenador, o el directivo, o alguna política del club que no acabas de entender… bueno, pues son las cosas normales del fútbol, forman parte de todo esto, y hay que generar debate y comentarlas porque al mismo tiempo vienen a demostrar que el club está vivo, que interesa. Es lo bonito del fútbol. Pero aquí hay una persona que lo cogió, que invirtió, que el club es un ejemplo a nivel estatal, que la Unión Deportiva Logroñés es un ejemplo a día de hoy. Que cuando ha habido salidas se ha cumplido con todo el mundo. Que se ha renovado a jugadores con lesiones graves… Es que estamos hablando de un club señor. Poner en entredicho lo que está haciendo Félix es como para hacérnoslo mirar. Y son diez años. Si todo esto no anima a la gente a volver al fútbol… Además, todos vivimos hace veinte años lo que pasó, que fue por mala gestión. Que todos tenemos un cariño enorme al Club Deportivo Logroñés, pero por eso mismo vamos a valorar que ahora sí se está gestionando bien un club, porque tira de sus recursos propios y si falta algo ahí está Félix para cubrirlo. Esto es como para valorarlo.

– En otros lugares no se pone en duda la importancia de una grada para una ciudad. Es más, se observa como necesaria para unir, para fomentar un sentimiento propio e identitario muy importante, incluso en las regiones más pequeñas.

– Es fundamental. Que la gente vuelva a engancharse con el fútbol del equipo de la ciudad es fundamental. Le da mucha riqueza a todo. Ahora estamos en Segunda B donde sabemos que los partidos no son todo lo bonitos que nos gustarían, pero vivir el ambiente, formar parte de algo, formar parte de ese sentimiento es lo esencial. Todas esas vivencias, el viajar con el equipo y los amigos, el bajar a la Laurel con la familia antes del partido… esto es lo esencial del fútbol para una ciudad. Luego los partidos saldrán bien, mal o regular. Pero lo bonito es formar parte de todo esto.

– Y sin embargo, las élites de esta región parecen afectados por la equidistancia. Huyen del fútbol como de la peste. Se acercaron una vez, la liaron y perdieron votos. Y ahora se mantienen alejados por si acaso, o a la espera… No sé. En otros espacios no se duda con el fútbol y su importancia no solo hacia dentro, sino como escaparate para enviar un mensaje de prosperidad y avance en una región.

– Es el caso de Eibar, por ejemplo. La repercusión del fútbol la podemos ver en Eibar. Ha pasado de ser un pueblo metido en un hoyo a que parezca una capital de provincia donde se ha hecho un trabajo excelente con muchos menos recursos de los que podamos tener nosotros. No soy yo quien debe hablar sobre el papel de las instituciones. Porque además, no creo que se trate solo de recibir ayudas por parte de las instituciones. Se trata de empujar. Vuelvo a lo de los diez años que se lleva apostando para que haya fútbol en la región. Y siempre me ha sorprendido la poca involucración de las empresas, las instituciones y de la sociedad riojana en general con la posibilidad de ascender al fútbol profesional, que sería bueno para todos. Pero ahora son otros los que deben dar pasos. Desde el club se está empujando a todos los niveles. Y hay hechos objetivos, y es que Félix Revuelta lleva empujando ya diez años.

– Son 3.500 socios. El club con más abonados de la región. Y aún así da la sensación de que son pocos. Los soñadores creen en los 10.000. Pero hay que compararse con ciudades de una misma realidad, como León. Antes de su ascenso, cuando se jugó allí, solo en ocasiones llegaban a los 2.000 en el Reino. El ascenso trajo la vuelta de muchos al estadio de su ciudad. El otro día fueron 10.754 espectadores los que se dieron cita en Las Gaunas. No se volverá a ver hasta un nuevo playoff. ¿Cómo se puede regar todo esto a la espera del soñado ascenso?

– El club va a regar en la medida de sus posibilidades. El club hace lo posible para que todo esto florezca. El partido de Badajoz y el ambiente previo al Hércules fueron fantásticos. Cuando yo era pequeño e iba a Las Gaunas, el ambiente era lo mejor. Y ha vuelto a pasar. Y esas generaciones jóvenes, que no lo han vivido nunca, lo han sentido, y ahora solo espero que estas nuevas generaciones que lo han vivido al menos una vez se den cuenta de que para volver a sentirlo lo que hay que hacer es ir al campo. Pero hay algo de convencimiento personal. Hay que querer ir al fútbol. Y a partir de ahí se puede regar para que florezca el fútbol en La Rioja.

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