La Rioja

Renovando el armario para el verano en el mercadillo logroñés

El buen tiempo anima a salir a tomar algo, a pasear y también a ir de compras al aire libre. No porque en invierno no sea posible ir al mercadillo de Las Norias, pero siempre hay más jaleo cuando el clima acompaña.

Este domingo de junio mientras algunos elegían chapotear en la piscina otros preferían comenzar la jornada haciendo unas ‘compritas’. Aiara, Sarah y Eva no son clientas habituales del mercadillo logroñés, pero aprovechando el buen tiempo y un posterior vermú se han pasado por los puestos. «Venimos dos o tres veces al año, a echar un vistazo y también a comprar alguna cosilla», como en esta ocasión, que han picado.

«Nos gusta sobre todo acercarnos a principio del verano, para comprar algo de ropa de cara a tener más de quita y pon en estas fechas calurosas», admiten. ¿Haciendo fondo de armario en el mercadillo? «Más o menos», ríen.

Transitar entre la hilera de puestos que componen el mercado deja muestras de la multiculturalidad que alberga Logroño: distintos estilos, distintas edades, variadas estéticas, diversas etnias…

En cuanto a género, en la oferta predomina el textil: ropa, lencería, algo de ropa de cama; y también el calzado. Entre tanto, algún puesto de complementos, de útiles de cocina o incluso de comida, donde se agolpa más gente para comprar el pan.

Entre los puestos de ropa están los de Dina y Jonathan. Ambos subrayan que la caída de las ventas es notable. «Lleva tiempo notándose, pero va a más», señalan. «Vamos a otros pueblos y Logroño es donde más flojo está», explica Dina, dedicada a la moda en formato ambulante desde muy jovencita. «Toda la vida llevo en ello». Una muestra es que en el actual emplazamiento en el paseo de Las Norias suma la friolera de doce años.

¿Y lo que se expone en su puesto por qué modas se rige? «Esto es como una tienda en un local cerrado, vamos renovando la ropa y los estilos según lo que se lleve esa temporada», concluye Dina.

Neila vende calzado de ocasión y también es veterana. La sensación es que se trata de un perfil habitual: negocios familiares que van pasando de unos a otros. «Empecé con 16 años. Estoy en pueblos riojanos, en Miranda…», indica. También ella tiene la percepción de que son malos tiempos para el mercadillo en Logroño. «Hace tiempo que está en crisis y va flojeando más y más la venta. Hay mucha gente mirando y poca que compra», apunta.

Unos contentos por los chollos y otros no tanto por los discretos números en ventas, pero todos mezclados en el mercadillo de Las Norias.

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