La Rioja

Primer gran fin de semana de ‘piscineo’ en Las Norias

«Aquí no hay playa, ¡vaya, vaya!», que cantaban Los Refrescos hace ya tres décadas. Y sigue sin haber playa en La Rioja. Por eso cuando el calor aprieta, como estos días, las piscinas son las mejores aliadas. En Logroño -más allá de las de las urbanizaciones privadas- Las Norias es el enclave más visitado.

En vísperas de San Juan ha sido el primer gran fin de semana ‘piscinero’. Abiertas desde el 15 de junio, algunos de los presentes son asiduos de las instalaciones municipales: es el caso de Rosa y Vega, que desde que se jubilaron se sacan el abono y son fijas por las mañanas. Junto a ellas está Ana María, logroñesa de nacimiento, que lleva 60 años viviendo en Suiza, pero cuando viene en verano a Logroño es habitual de Las Norias.

Ana María, disfrutando en Las Norias.

«Me gusta mucho bañarme, aunque hoy el agua está todavía un poco fría», reconoce con una energía envidiable. 89 primaveras le contemplan, pero su entusiasmo le rejuvenece. ¿Y los toboganes? «Lo probaría, aunque igual es demasiado», ríe. Y es que dando un paseo por todo el entorno se fácil comprobar que eso de lanzarse por las serpenteantes bajadas hacia el agua no es solo potestad de los jóvenes: mayores, mujeres, niños, niñas…

Yanira, Arkaitz, Iván y Christian, desde Pamplona para pasar el día en las piscinas logroñesas.

Los que se han tirado varias veces por los toboganes son Yanira, Arkaitz, Iván y Christian. Estos jóvenes pamplonicas de entre 18 y 23 años, se han venido a pasar el domingo. «Nos había contado Yanira que estaban muy bien y la verdad que repetiremos», reconoce Christian. «El ambiente además es muy bueno», recalca Yanira. A ello se le une el precio: «en Pamplona pagas casi el doble (Las Norias son ocho euros al día no abonados) y no tienes toboganes», admiten mientras terminan la partida de cartas para empezar con la comida de ‘tupper’ que se han traído.

Nekane y Saray acuden con frecuencia a las piscinas municipales.

Con una mezcla muy variada de público, Las Norias acoge cada verano a mucho público: familias, parejas, jóvenes, niños… Incluso excursiones o actividades sociales. Saray es monitora-educadora y va con los chavales hasta las piscinas municipales. «Venimos por la mañana y luego nos vamos a comer, están muy bien para hacer distintas cosas», reconoce. Junto a ella está una de las chicas que acompaña, Nekane. «Venía cuando era pequeña con la familia, pero luego de adolescente es el típico sitio al que dejas de venir, pero con los años vuelves», concluye.

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