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En el fondo de tu armario habita una grada

Ya hemos llegado. No ha sido fácil, no ha sido sencillo, no ha sido cómodo. No ha estado este viaje exento de errores, de momentos complicados, de instantes en los que uno hubiera tirado la toalla. También, claro, ha habido alegrías. Hemos tenido, claro, goles en Las Gaunas. Hemos llegado al momento en el que se cumple aquello que siempre hemos defendido: se puede cuando se quiere.

Ya hemos llegado a ese espacio de intensidad máxima en el que sacar una entrada para ver al equipo de tu ciudad cotiza al alza. Hay quien busca un carnet, quien llama a un amigo, quien manda a un familiar para sacar las entradas. Hay quien no quiere que su carnet no triplique la presencia de seguidores en las gradas. Y lo cede, lo entrega como un tesoro: «Vete tú, que tengo boda. No vaya a ser que sea el día».

Existe una organización en torno al partido del sábado. El sábado a las seis y media de la tarde está marcado en rojo en la agenda de muchos riojanos. Lo tienes coloreado en tu calendario de la oficina, en el que tiene tu madre en su cocina. Ya hemos llegado a ese punto donde la ilusión resurge, independientemente del nombre o de las siglas… como siempre os hemos venido contado.

Llevamos muchos años relatando historias del infrafútbol. Apuntando que el fútbol de Segunda B interesa. Sin perder de vista que lo importante es disfrutar del camino. Son muchos los años esperando que una ciudad y una región se despierten. Ahora, cuando lo vemos, lo sentimos y lo podemos contar, pues como que la euforia recorre el cuerpo de arriba abajo en un latigazo eléctrico por el que merece la pena haber estado en los Anexos del Zorrilla, en Guijuelo, en Coruxo, en Barreiro, en Astorga, en Gernika, en Leioa, en Urritxe, en Lemona… Intentarlo siempre merece la pena.

Edu del Campo

El fútbol en La Rioja está resucitando, sin complejos, porque esto se reduce a ir al campo de fútbol y sentir. No es mayor la exigencia. Dejarse llevar y recuperar una grada para una región carente de espacios donde compartir y defender una identidad propia. Que La Rioja existe… pero solo es de vez en cuando. Y el fútbol anima a que sea al menos más a menudo.

A este punto hemos llegado. Y vaya si ha costado. Vaya si ha costado convencer a los riojanos que el fútbol propio se puede sentir, que no se trata de un nombre o de otro; que no va de poner en valor un pasado glorioso. Que no se trata de lo que fue y ya no es.

Que esto va de sentir, de hacerlo en blanco y rojo, de vivirlo como se debe hacer: en el estadio, en tu grada, con tu gente, buscando ese abrazo de gol que te permita sonreír durante un instante, que suficiente puta y complicada es la vida como para hacerla aún más compleja por culpa de un fallecimiento donde los responsables hace mucho que ya no están entre nosotros.

Esto va de imaginar un futuro con fútbol del bueno en Las Gaunas. Y si se logra, todos saldrán beneficiados: los que creen y los que no. Porque lo mejor es que hay sitio para todos. Nunca es tarde para volver al fútbol.

Edu del Campo

Ya era hora. Ya venía tocando vibrar con el latido blanquirrojo de Logroño (y muchas otras localidades riojanas) por su equipo. Ya era hora sentir que el partido del sábado se juega en cada esquina, en cada bar, en cada terraza, en cada puesto de trabajo, en cada comida familiar. Ya iba siendo hora que la gente hiciera lo que a nosotros siempre nos ha resultado natural, lógico y normal: seguir al equipo de tu ciudad. Ya iba siendo hora que la respuesta fuera prácticamente unánime.

Porque esto consiste en ir al campo de fútbol para ver qué pasa, y si sucede, si se logra la remontada, si se produce un hecho histórico para el deporte riojano tras muchos años de inanición, de nostalgia paralizante, pues que no te pille en fuera de juego.

Se trata de buscar en el fondo de tu armario y tirar de una punta entre tanta ropa movida y olvidada y sentir tu vieja bufanda blanca y roja. Y esa sonrisa. Esos recuerdos. Y observar que es posible ir de nuevo al estadio a animar al equipo de tu ciudad. Sin más. Por lo que pudiera pasar.

Llegar a este punto en La Rioja ha supuesto una sinuosa travesía por el desierto de la desilusión, donde sólo nosotros decidimos no sé en qué momento que fuera tan larga y dura; un camino que hemos minado entre todos: los forofos, los nostálgicos, los indecisos, los críticos, los desencantados, los exigentes, los políticos, los del vuelva usted mañana, los intolerantes con el de enfrente, los del morro fino, los de a la próxima, los de la Segunda o la Primera.

Y de esto no podemos culpar a terceros. Ya no podemos señalar a nadie. El castigo ha sido duro porque así lo hemos querido nosotros. Lo que fue y ya no es. Pero ya está. Ahora hay generaciones que están gritando que quieren fútbol en su estadio, que quieren sentir de nuevo en blanco y rojo.

Y esta gran respuesta, con filas de hasta una hora para sacar la entrada para el sábado, se produce cuando más lo necesita el equipo, cuando más ayuda precisa para vivir lo que todos esperan, una remontada histórica para el fútbol riojano que le permita a la región disputar una gran final por el ascenso.

Las filas son enormes, pero lo bueno es que hay espacio para todos, que todos tienen sitio para sentir, para emocionarse, para vivirlo al máximo, para que pase lo que pase, el fútbol riojano firme la paz consigo mismo, que ya va siendo hora. La región futbolística se está poniendo en pie, va levantado la cabeza, va haciendo posible lo que no hace mucho tiempo parecía inalcanzable: ilusionarse con ir a Las Gaunas.

Y si no se puede, si finalmente no llega el 2-0… Por un instante habrás creído, habrás sentido, habrás vuelto a Las Gaunas, con los tuyos. Habrás estado entregado a la emoción. Habrás vuelto a sentir en blanco y rojo. Y ojalá grites bien alto, aquello tan maravilloso de Gol en Las Gaunas, que no le pertenece a nadie, que forma parte de todos nosotros, que habita en una grada dispuesta a cambiar el frío del plástico por el calor de las gargantas.

‘Gol en Las Gaunas’ – Podcast

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