La Rioja

El adiós de Cuca Gamarra: «Nunca habrá nada más seductor que el haber sido alcaldesa»

La alcaldesa de Logroño, Cuca Gamarra, ha aprovechado su participación en la Ofrenda de Flores y en el acto de Evocación Histórica de la Ciudad para despedirse, anticipándose al próximo día 15 de junio. Ese día, la primera edil de la capital riojana y actual diputada en el Congreso abandonará su cargo al frente del Ayuntamiento.

«Soy feliz al pensar que esta opción que tomasteis al encomendarme la vara de mando de la ciudad ha contribuido a romper alguna barrera para todas las mujeres, a resquebrajar techos de cristal que pasaban inadvertidos, instándonos a seguir avanzando, porque queda mucho por hacer», ha señalado.

Discurso completo

La fatiga había mellado sus rostros, y sus cuerpos escuálidos acusaban la escasez de alimentos y las enfermedades que habían comenzado a propagarse entre una población exhausta.

Vivos los logroñeses gracias al pan -aderezando con harina de hueso el poco trigo que quedaba-, unos peces del Ebro -pescados en la discreción de la noche- y vino -que no faltaba en las bodegas-. Vivos por la fuerza que sale de las entrañas del convencido, del valiente, del patriota; del que ha decidido darlo todo por una causa sin matices como es la libertad.

A 10 de junio de 1521 la decisión tomada 17 días antes -el 25 de mayo- quedaba lejana, pero intacto y presente el espíritu que llevó a adoptarla sin reservas.

El ejército francés del rey Francisco I había llegado a los aledaños de la ciudad: 30.000 soldados comandados por el conde Andrés de Foix, más conocido como general Asparrot y precedido su nombre por alusiones a su astucia y a su crueldad.

Venían victoriosos de conquistar Pamplona, avanzando hacia Castilla sin encontrar resistencia en territorio alguno. Instaron a los logroñeses a abrir las puertas, a dejarles paso franco con la promesa de no causar daños.

Una misiva con este compromiso fue enviada a los vecinos, convocados en Concejo Abierto en la Iglesia de Santiago para redactar una respuesta. Hubo que optar, y hubiera podido ser en un sentido o en otro, todos a una o con voces discordantes. Pero según nos cuenta la historia, la decisión fue rápida y unánime: Logroño no se rinde, “llegaremos hasta la muerte”, en palabras del capitán Vélez de Guevara, encargado desde ese momento de encabezar la resistencia.

La firme postura de los logroñeses le fue trasladada al enemigo y de ahí se derivaron largas jornadas de asedio: de lanzas y cañones, emboscadas y reyertas, de batallas a cielo abierto y escaramuzas nocturnas; heridos y muertos.

Un cruento trance solventado por el pueblo de Logroño con una fórmula mágica compuesta por valentía, solidaridad e ingenio; para gloria de aquella gesta y forja de las siguientes generaciones. Si los logroñeses podemos ser hoy definidos como audaces, fraternales e innovadores es porque nuestros antepasados lo fueron y así quedó demostrado en aquella encrucijada cuando mediaba el siglo XVI.

Desde la primera noche -en la que arrasaron construcciones y la vegetación extramuros para privar al enemigo de camuflaje- a la última jornada -en la que los escasos 500 hombres y mujeres que aún estaban en disposición de combatir se las apañaron mediante “trampantojos” para parecer un ejército más nutrido- transcurrió un tiempo de penurias pero también de gloria.

Un periodo que culminó la noche del día 10, de hace nada menos que 498 años, cuando en el último aliento de nuestros hombres, y con la certeza de la próxima llegada de refuerzos comandados por Antonio Manrique, el Duque de Nájera, atacaron por sorpresa al ejército invasor.

Asparrot cayó en el engaño y temió por su tropa. Gritó: “¡Retirada!” y sus hombres obedecieron en desbandada.

La épica corrió por la comarca, por España, por otros países. Y se convirtió en leyenda; Logroño como bisagra en la lucha de los imperios, gozne en un mundo en cambio que se articulaba según una concepción más moderna e incipientemente europeísta.

Logroño ya era pero transformó su ser. Tomó entonces conciencia cívica, asumió su liderazgo y se mostró al exterior como una ciudad con ambición, con deseo de trascendencia. Una ciudad construida sobre el mito, elaborando un relato apasionado de libertad y encarnándolo en una tradición que ha pervivido durante cinco siglos.

Fue un momento de esplendor que Logroño supo aprovechar, que le identificó para siempre, y quedó recogido en las tres flores de lis de nuestro escudo; las que los franceses llevaban en su bandera y que hicimos propias por gracia de Carlos V y como premio a la fidelidad mantenida. Recibió asimismo el título de “Muy Noble y Muy Leal”.

De estos valores nos habla también el escudo del emperador, mandado tallar poco después del asedio en lo alto de esta muralla, justo debajo de donde la historia nos ha vuelto a dar cita en el día de hoy.

Porque como cada 10 de junio hemos formado un nuevo “Concejo Abierto”, congregado el pueblo junto a las Murallas del Revellín para dar continuidad al relato. Si 500 años después seguimos manteniendo vivo el recuerdo de aquella gesta heroica y las enseñanzas de entonces es porque marcó de manera decisiva el devenir de nuestra ciudad y el carácter de los logroñeses.

Nos encontramos inmersos en la preparación de la celebración de nuestro V Centenario, habiendo logrado la consideración de Acontecimiento de Excepcional Interés Público, siguiendo la estela del hito que supuso el título de Fiestas de Interés Turístico Nacional.

Un reto en el que todas la fuerzas políticas hemos ido de la mano hasta el momento, como no podía ser menos por el carácter ciudadano de la empresa, por ser un proyecto que supera Mandatos, Corporaciones.

El pasado día 26 de mayo, y solo un día después de la efeméride de aquella reunión celebrada en 1521 en la Iglesia de Santiago, los habitantes de Logroño volvieron a expresarse en libertad y con responsabilidad sobre por dónde querían encaminar su futuro, eligiendo así a sus representantes públicos. Con la mirada amplia hacia Europa -como ya comenzáramos a hacer en la fecha que hoy conmemoramos- hasta los más próximos.

A estos últimos me quiero dirigir: al que será alcalde y a todos los concejales de la nueva Corporación, desearles éxito y suerte en la tarea que tienen por delante: un trabajo complicado a veces, arduo pero gratificante siempre. Y les pido que escuchen el sentir de un pueblo, que como en 1521 sigue diciendo “ todos a una” cuando se trata de afrontar los retos y desafíos que el futuro aguarda para Logroño.

Asimismo, es de justicia aprovechar el momento para dejar constancia del agradecimiento a los ediles que en estos cuatro años han conformado la representación municipal, guiados por el único deseo de contribuir a hacer un Logroño mejor. Objetivo que estoy segura hemos logrado, yendo siempre de la mano del conjunto de los logroñeses. Especialmente a quienes con lealtad y respeto a Logroño han desarrollado la responsabilidad de ser Equipo de Gobierno. Gracias, muchas gracias a todos.

Todo cambio conlleva un toque de nostalgia, pero debemos sobreponernos porque sabemos de lo enriquecedor de abordar nuevos emprendimientos y lo mejor está por venir.

La ciudad tiene encaminada ya la consecución de numerosos retos que deberá culminar, pero también está preparada para encarar nuevos fines, porque -como hemos visto- la garantía de futuro se encuentra en el correcto y democrático fluir de esta secuencia.

Logroñeses y logroñesas,

Quiso el destino que fuera elegida vuestra alcaldesa de Logroño en un 11 de junio de 2011 y que mi primer cometido como tal fuera ondear nuestra bandera en señal de libertad en las tres puertas que en 1521 se mantuvieron a cal y canto frente al invasor.

Y quiere nuevamente el azar que en esta evocación histórica -en este acto, el más logroñés de cuantos se celebran- pronuncie el que posiblemente será mi último discurso público como alcaldesa.

Dejadme por tanto que me dirija en primera persona a todos vosotros, logroñeses y logroñesas, para, recordando a los que ya no están, expresar mi gratitud: por el apoyo que me habéis prestado en estos años; por haber dispuesto de la fuerza de vuestras manos para sacar adelante proyectos importantes para la ciudad; por sentir vuestro aliento; por hacerme partícipe de vuestras necesidades y cómplice de vuestros sueños; por el inmenso respeto y cariño que me habéis dispensado.

Por todo ello pero -sobre todo- por darme la oportunidad de ser vuestra alcaldesa, y de ser la primera mujer honrada con este honor. Soy feliz al pensar que esta opción que tomasteis al encomendarme la vara de mando de la ciudad ha contribuido a romper alguna barrera para todas las mujeres, a resquebrajar techos de cristal que pasaban inadvertidos, instándonos a seguir avanzando, porque queda mucho por hacer.

Habré adoptado decisiones con mayor y menor fortuna pero aseguro haberlo hecho con entrega, sin escatimar esfuerzos, procurando únicamente el bien común, el bienestar de todos los ciudadanos, pensando en el progreso y el futuro de Logroño.

Siempre orgullosa de lucir este cargo. Nunca habrá nada más seductor, más importante, que el haber sido alcaldesa vuestra.

Vibra por tanto mi voz de nuevo, y con una emoción aún más patente que en ocasiones anteriores, porque como dice nuestro himno “La Rioja es mi tierra y Logroño mi pueblo”, os invito a gritar conmigo:

¡Viva San Bernabé!

¡Viva Logroño!

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