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Un día más con vida

Tengo un amigo que medía sus años de relación con su parienta… en Mundiales. «Llevo dos Mundiales con ella». Traducido: ocho años. Dos Mundiales con su compañera, qué tío. Hay que conocer al artista en cuestión. Y mi amigo no superó el tercer Mundial en buena compañía. Su relación terminó tras dos Mundiales y una Eurocopa, que no está nada mal teniendo en cuenta el nivel de amigo que gasto.

Como mi amigo, hay quien comienza en Logroño a medir la vida en playoffs de ascenso. Es más, hasta mi colega empieza a medir sus impulsos más primitivos, no en Mundiales, lo hace en playoffs de ascenso. «Sumo tres». O, «tres temporadas más tras lo de aquel secarral sevillano». O, «aquel primer playoff (año) en Torrent». Que no es nada nuevo, pues Logroño sigue midiendo su vida futbolística a partir de aquel 18 de enero.

La construcción de nuevos recuerdos permite ir cimentando la casa blanquirroja hacia arriba. Y sus seguidores siguen contando su vida en playoffs de ascenso. Torrent, Villarreal, Sevilla, Badajoz… Y un día más con vida. Porque un playoff no se disfruta. Es imposible disfrutar con un sufrimiento como el de este domingo en Las Gaunas.

Ander Vitoria y el fondo de Las Gaunas. /Edu del Campo

Más de 9.000 personas en las gradas. Todos tan blancos y rojos. Todos tan metidos en el partido. Todos tan ilusionados. Todos tan intensos. Todos tan agitados. Todos intentado ganar un día más con vida. Porque es el único objetivo en un playoff: seguir respirando.

Y no es fácil, porque el bochorno de un día tormentoso en Logroño te seca hasta el alma, te deja sin fuerzas, y buscas un espacio para respirar con algo de alivio entre tanta agitación; y seguir, porque hay que seguir, porque no se puede uno dejar llevar, porque hay que llevarlos hasta el final. Porque sobre el césped, ellos, los jugadores, sufren que no veas. Se dejan la vida en cada acción para seguir con vida. Y nadie da un paso atrás. Nadie.

Y marcas el primero, y te haces a la idea de que tendrás por fin una tarde plácida de domingo de playoff. Una tarde en la que podrás recordar aquellos tiempos en el viejo Las Gaunas, y ensayar cositas para lo que tenías claro acabaría llegando. Pero, Ñoño, el más visceral de los locales, el más afectado por el maravilloso ambiente de Las Gaunas, falla un penalti que requería de cirugía futbolística, de calma para decidir bien.

No llega el segundo. Y dudas, claro que dudas. Te juegas la vida. Y la experiencia, recuerda, ha sido ingrata contigo. Tu vida te ha dicho, tras tres playoffs, que los errores se pagan. Y no hacer el segundo es darle vida a los de enfrente, que sufren tanto como tú. Con la única diferencia de que ellos no tienen nada que perder. Y el que no tiene nada que perder lo arriesga todo hasta llevar el asunto al 1-2.

Carles Salvador ante Juanjo, con el la Preferencia de Las Gaunas al fondo. Foto: Edu del Campo

Torrent, Sevilla y la madre que me parió. Pero ahora, a diferencia de los otros años de playoffs, la vuelta en casa. El destino haciéndote trampas al solitario. Otra vez. Otra vez. Otra vez. No puede ser. El hombre de Sestao, el jugador que a su edad, con un curriculum envidiable a una edad envidiable, marcó aquel día que también forma parte de tu calendario vital. Caneda marcó de cabeza aquel día en Sestao para salvar al equipo del descenso, y dos temporadas después lo ha hecho para darle un minuto más con vida. Su remate es lo mejor que veremos este año en Las Gaunas, a la espera del gol del ascenso. Su pasión por este deporte y su profesionalidad es lo mejor que veremos durante todos los playoffs que nos quedan por vivir.

El oxígeno se comprime hasta límites insospechados, hasta el borde de la lipotimía generalizada, al ver cómo Ferrón, un soldado en pie de guerra que mide su vida en esfuerzos mayúsculos, un espartano al frente del tocarro pacense, hace el tercero antes del descanso y la vida en playoffs se escurre por el sumidero de la desilusión. Porque para ese entonces el cagazo en Las Gaunas se podía oler en todo el ecosistema de la Segunda B, que para ese entonces ya estaba con el cuello girado hacia lo que estaba sucediendo en Las Gaunas. Dos equipos perfectamente defensivos destruyéndose a lanzadas en el costado de unas cuantas vidas en el playoff.

El alma en la grada de los fondos, de la preferencia y hasta de la general, que se va recuperando para la causa. Y control en el terreno de juego tras el descanso. Así se mantiene uno con vida en el playoff. Cada uno haciendo lo que debe. Logroño recuperando su grada, la grada recuperando a su equipo. El equipo recuperando el control. Y el empate a tres de penalti, lanzado, está vez sí, por Andy, que tenía un motivo más elevado que cualquier otro para marcar ese penalti. No lo ha hecho por él, no lo ha hecho por el equipo, no lo ha hecho por su grada. Lo ha hecho por el hijo que está por llegar. Una vida para seguir con vida. Un playoff se sufre. Ganarlo tiene que ser increíble.

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