La Rioja

Del norte, del sur, de aquí, de allí: de turisteo por La Rioja

Se nota cuando somos turistas: mirando planos, leyendo el nombre de las calles, escrutando lo que dice el móvil sobre tal o cual bar o restaurante, haciendo las típicas fotos en los típicos sitios -como por ejemplo la entrada de la calle Laurel en el mural del Tío Blas-… Todo eso guiándose exclusivamente por el sentido de la vista. Si ya se recurre al del oído, entonces las dudas -si es que las había- se disipan con rapidez.

La Rioja no es Benidorm. Obvio. No hay hordas de turistas. Pero durante la Semana Santa practicar el ejercicio de adivinar quién es turista y quién lugareño ha sido posible. En NueveCuatroUno nos hemos ido de paseo, a ‘cazar’ turistas. Primera conclusión: predomina el visitante nacional y entre ellos, con bastante frecuencia dos idiomas: el catalán y el euskera, además, del castellano, claro.

En un ratito nos topamos con: varios grupos de vascos (de jóvenes, familias con niños y una pareja ‘madura’ de alaveses), una pareja de valencianos, un grupo de catalanes, una pareja de estonios, un grupo de oscenses, unos peregrinos murcianos… Eso a bote pronto. La tarea de ‘cazar’ turistas, al modo de los ‘Pokemon go’ daría para todo el día, pero se quedará en un extracto.

Uno de los prototipos de turista en La Rioja es el del peregrino. Ahí nos cruzamos con dos jóvenes de Murcia: Pedro y Álvaro, de 27 y 26 años. «Es mi primera vez en Logroño», admite Álvaro, con un Rioja en la mano y después de haberse comido un champi en La Laurel. «Yo había estado antes, me gusta mucho ir de pinchos por aquí», reconoce Pedro. Ambos han aprovechado para hacer el trayecto del Camino de Santiago desde Pamplona a Logroño, del jueves al domingo. «Había gente, pero no ha sido agobiante y el tiempo nos ha respetado», concluyen, para seguir celebrándolo con su amiga Rocío, una logroñesa que les hace de cicerone.

Pocos metros más adelante, en la esquina entre la calle San Agustín y la Travesía del Laurel, se acerca un grupo ‘grandecito’, de entre veintitantos y treinta y algo años. «¿Sois de La Rioja?». Temen la siguiente petición que se les pueda plantear, una reacción habitual. «No, somos del País Vasco». Perfecto. «Estamos alojados en el camping de Castañares de Rioja, somos habituales de ahí», explican. ¿Y de qué parte del País Vasco? «De las tres provincias, estamos mezclados», aclaran. En estos días han visitado una bodega y el domingo ha tocado bajar a Logroño, para ir de pinchos. «Luego, por la tarde, nos vamos a una ‘escape room», ahí la capital riojana también es tendencia.

El recorrido por Portales añade percepciones sobre los visitantes: grupos de mayores organizados, público familiar… Ya en la San Juan, más turistas: matrimonios que hablan euskera con niños -pero prefieren evitar las fotos por los chavales-; una pareja de valencianos que ha venido a ver a unos amigos logroñeses, y de repente varios parloteando in english. Una pareja de Estonia, de su capital, Tallín, que lleva tres días por Logroño, aprovechando las fechas y de paso viendo a unos conocidos riojanos. «Todavía nos queda bastante por conocer, pero nos quedamos con la comida: delicious«, apuntan.

A la salida (o entrada, dependiendo de la dirección), en Marqués de Vallejo, una pareja de alaveses con la ropa típica de andar por el monte: «Acabamos de llegar, pero fotos no, por favor». Seguimos.

En Hermanos Moroy, junto al Mercado de San Blas, tres matrimonios de mediana edad debaten: «¿Vamos por aquí o por allí?». Turistas. «Somos de Huesca ciudad. La mayoría es la primera vez que venimos a La Rioja. Estamos en una casa rural en San Asensio», cuentan. Incluso han oído hablar del castillo de Davalillo «y de que lo van a comprar una empresa privada o algo así». Se han zambullido rápido en el ambiente.

«Estamos encantados, la verdad, tanto del pueblo como de lo que vamos viendo», recalcan. Llegaron el miércoles y se quedan hasta el martes. ¿Y qué han hecho hasta ahora? «Hemos ido a San Millán, a Yuso porque Suso era imposible de la gente que había, a las localidades de la zona como San Vicente de La Sonsierra, Briones, Elciego, Laguardia…», enumeran. «¡Qué bien conservados tenéis los pueblos!», exclaman.

¿Y a bodegas? «Preferimos bebernos el vino en los bares», vacilan. «Bueno, estuvimos en Marqués de Riscal, en Elciego, pero de momento no hemos ido a ver ninguna por dentro, igual mañana vamos a alguna por San Asensio. Quizás es que en nuestra zona está Somontano que también está bien en tema de bodegas y por eso no ha sido lo primero que hemos ido a ver», admiten.

Y terminan con varias conclusiones: «Estamos gratamente sorprendidos con la experiencia: os vendéis muy bien». ¿En qué sentido? «El trato de la gente es muy bueno y el servicio en los bares ves que tiene ganas de atenderte de forma agradable». Ah, que somos majos… «Sí, majos y profesionales».

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