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Doscientas veces Miguel

El cuaderno de Ángel es infalible. Para la familia es como la Biblia. Si lo pone Ángel en su cuaderno es que va a misa. Y en el cuaderno de Ángel aparece escrito que su hijo suma 191 partidos de liga, 6 encuentros jugados en los dos playoffs de ascenso de la institución en estas diez temporadas, y dos partidos más en Copa del Rey, aquellos en los que Carlos Pouso decidió poner a Miguel en el torneo del ‘ko’ y alinear a Fermín Sobrón en liga. Y así es. Comprobado. El cuaderno de Ángel es infalible.

Así que sumando (191+6+2) esto queda en 199 encuentros disputados hasta el momento por el que ya es el futbolista con más partidos en la historia de la Unión Deportiva Logroñés. Este domingo, a las 17.01 horas, Miguel Martínez de Corta (25-11-1981) suma su partido número 200 con la camiseta de la Unión Deportiva Logroñés. 200 veces Miguel en seis temporadas. La media supera los 33 encuentros por campaña y en dos ocasiones se ha quedado en segunda posición en la disputa por el premio Zamora (al que también opta este año en clara disputa con Crespo, del Racing).

-¿Qué supone para usted alcanzar esta cifra?

– Supone que año tras año he gozado de minutos y de partidos, y demuestra que mi trabajo está siendo el adecuado. Es como para sentirme muy orgulloso, porque he estado disponible siempre para los entrenadores, siempre he estado para ayudar al equipo… Y en lo personal, como riojano y logroñés es muy bonito saber que en estos momentos soy el jugador con más partidos en la historia de este club.

-¿Qué recuerdo le pasa por la cabeza cuando repasa su trayectoria?

– Más que un recuerdo es una sensación: la estabilidad que he tenido a lo largo de mi carrera. Estar seis años en un mismo club no es fácil. Porque sucede que en ocasiones los jugadores quieren cambiar de aires y conocer nuevas ciudades, o pasa lo más habitual en estos casos, que el club decide prescindir de tus servicios y que no debes continuar. Estar seis años en un club habla de la complicidad existente entre club y jugador.

Miguel, tras el entrenamiento del pasado jueves en el Mundial’82. / NCU

-Forma parte de un club que solo cuenta en su historia con diez temporadas. Y en seis de ellas usted ha estado bajo palos. ¿Se siente parte importante de la construcción de este nuevo escudo?

– Superar la mitad de años del club es bonito. Desde que vine aquí como logroñés y como seguidor del Logroñés de toda la vida, y ahora también de la Unión Deportiva Logroñés, tenía muy claro desde el primer día que venía para ayudar al club en todo lo que pudiera: en lo deportivo, por supuesto, pero también en lo institucional y en lo social. Al final un jugador de la casa debe estar dispuesto a que el club crezca en todos los ámbitos y ayudar en todas las parcelas.

-Habla del trabajo para ganarse la confianza de los entrenadores. Habla de la constancia para seguir temporada tras temporada al máximo nivel. Pero también hay que hablar de los esfuerzos que ha hecho en lo personal para seguir en el club de su tierra: no solo en lo deportivo, también en lo económico.

– Sin duda. Esfuerzos como perder días de vacaciones para estar en eventos importantes para el club, o como en diversas negociaciones que ha habido a lo largo de todos estos años en las que me he rebajado la nómina para ayudar al club. No me quería mover de Logroño, es cierto; pero también es curioso que yo tomara la decisión de seguir en el club bajándome la nómina tras haber hecho un playoff. Lo normal, en estos casos, es negociar una subida salarial. Son esfuerzos que debía hacer. Y son esfuerzos importantes porque no estamos hablando, en mi caso, de nóminas de 5.000€, 4.000€ ó 3.000€. Bajarme un porcentaje en mis cantidades no es fácil, pero todo por estar en el equipo de mi ciudad y ayudar a su construcción.

-Y no se lo han puesto fácil tampoco en la grada a lo largo de estas seis temporadas. Nadie es profeta en su tierra, y tengo la sensación de que usted esto lo ha sentido en primera persona.

– Mi primer año no fue satisfactorio para mí. Salía de una lesión de rodilla y no estuve a la altura de lo esperado. Lo he dicho y siempre lo diré. No estuve a un nivel aceptable. La gente se quedó con esa imagen, y les cuesta volver a confiar. Sobre todo hubo muchas dudas de mi continuidad en el club con la llegada de Carlos Pouso. Pero tenía contrato y mi idea era demostrar durante la pretemporada que podía estar a la altura y dar el nivel esperado. Queríamos hacer algo bonito y lo conseguimos. Y así he seguido todos estos años. Solo he trabajado día a día para demostrar que merecía ser el portero de la Unión Deportiva Logroñés.

-¿Lo peor de estos 200 encuentros es que su padre no vaya al fútbol?

– En otras ciudades donde he jugado, mi padre iba al fútbol, y se marchaba antes de tiempo porque se pone nervioso. Pero sí que es cierto que da mucha rabia ver que la familia no puede ir al fútbol para no tener que escuchar ciertas cosas en ciertos momentos. Que sea en un campo de un equipo contrario pues entra dentro de lo normal de este deporte. Pero que sea en tu propia ciudad, defendiendo los colores de nuestro equipo pues duele. Duele mucho, e incluso se ha dado el caso de que me insulta gente que conoces y que luego ves por la calle y te saluda con absoluta normalidad. Esto al final duele. Duele que cuando se acuerdan de mi madre ella pueda estar detrás. Son cosas del fútbol, con las que debemos convivir, pero mi padre ha sabido reaccionar, apartarse, y esperar tras cada encuentro a la llamada telefónica para saber qué hemos hecho.

Miguel, 200 veces guardapalos de la Unión Deportiva Logroñés. / NCU

-¿En estos momentos, se acuerda de su padre, de su madre, de su hermano…?

– Por supuesto. Los primeros son mis padres y mi hermano. Llevan toda la vida detrás de mí sufriendo en los malos momentos. Han estado siempre a mi lado, cuando estaba cabreado, enfadado, cuando no les hablaba o les hacía desplantes porque tenía malas actuaciones o malos resultados. Ellos siempre han estado ahí. Así que en mi cabeza siempre van a estar ellos.

-En estos 200 encuentros seguro que también ha habido buenos recuerdos. ¿Cuál es el primero que le viene a la cabeza?

– El mejor momento en lo colectivo fue vivir el primer playoff. Es cuando se empiezan a dar pasos importantes porque comenzamos a darnos cuenta de que podemos competir, de que podemos estar entre los mejores. Y otro momento clave fue el haber llegado a una semifinal de ascenso tras eliminar al Villarreal. Dimos otro paso más. Así que estos dos momentos son los mejores que he vivido aquí.

-¿Tendrá tiempo suficiente para festejar un ascenso con el equipo de su ciudad en Murrieta?

– Ojalá. Ojalá sea este año. Y si no llega, ojalá lo pueda volver a intentar. Si físicamente me encuentro bien y siguen confiando en mí voy a estar donde me diga al club que puedo estar. Son más de 30 partidos por temporada, pero yo no hago las alineaciones. Ha habido ya unos cuantos entrenadores y domingo tras domingo he jugado. Trabajo, intento demostrar que puedo jugar, y el domingo estar a la altura de lo esperado. Y mi intención es seguir dando guerra.

Doscientas veces Miguel Martínez de Corta en el cuaderno de Ángel, que este domingo ha vuelto al fútbol.

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