CARTA AL DIRECTOR

Reflexiones sobre la Ley de Protección Animal de La Rioja

Como veterinario especialista en animales de compañía, tras casi treinta años en clínica y dieciocho de ellos dedicándome al peritaje forense veterinario (denuncias por maltrato animal, tasaciones, accidentes, negligencias profesionales, necropsias, docencia, investigación y causas de muerte…), veo a diario la cantidad de opiniones que la nueva Ley de Protección animal de La Rioja está dejando en medios de comunicación, partidos políticos, asociaciones, colectivos y ciudadanía en general, no solo a nivel de nuestra comunidad autónoma, sino incluso en el resto de España.

Por una parte, me parece positivo que por una vez gran parte de la población dé la importancia que se merece a la interacción de los animales con el resto de la sociedad y sus consecuencias tanto legales como sanitarias y de bienestar animal.

Por el contrario, me entristece que la mayoría de esas opiniones de un lado y de otro no estén fundamentadas, pero eso es una constante en cualquier ámbito de nuestra sociedad. Tanto es así, que probablemente es lo que ha pasado con quien ha redactado, revisado y aprobado esta ley.

La creación de una ley, bajo mi punto de vista, requiere de la colaboración de juristas y técnicos especialistas en la materia de la cual se va a legislar. Es lo que en este caso ha fallado. El fondo de esta ley, en su esencia, es correcto. Es más, yo creo que va acorde con la idea fundamental de considerar la tenencia de animales de compañía como una decisión personal libre que conlleva un ejercicio de responsabilidad y cumplimiento de deberes no exento de unos derechos fundamentales que, tan justa como tardíamente, se han ganado los propios animales y que una gran parte de la sociedad actual demanda y aprueba.

Como especialista en el tema de maltrato animal, debido a mi experiencia como veterinario forense y clínico, he intentado en varias ocasiones la creación de comisiones informativas y de trabajo compuestas por abogados, fiscales, jueces y veterinarios. Incluso lo propuse a la Dirección General de Justicia del Gobierno de La Rioja hace unos dos años debido al aumento de casos de maltrato y los cambios legislativos previsibles, pero en ninguno de los casos he tenido éxito.

Es preciso un desarrollo de esta ley contando con la presencia imprescindible de los veterinarios que día a día se fajan con los animales y sus dueños. Es eso, precisamente, lo que no se ha hecho. Estamos a tiempo de reglamentar esta ley con consenso entre todas las partes, teniendo en cuenta que su correcta y justa aplicación será imposible sin la figura técnica del veterinario, que dará las garantías necesarias e insustituibles que la sociedad moderna demanda y las nuevas legislaciones exigen.

Considero un error posicionarme con ningún grupo, asociación o partido político. No es mi cometido. Mi trabajo es estar presente en cada situación relacionada con los animales, en esta u otras leyes, intentando asesorar y resolver los supuestos casos que se presenten con la mayor eficacia y profesionalidad, no dejando en otras manos las tareas que por justicia y titulación estoy obligado a prestar a la sociedad riojana.

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