Semana Santa

Homenajes para arrancar la cuenta atrás de la Semana Santa de Logroño

La Semana Santa es para algunos Semana Santa, con mayúsculas; no una semana de vacaciones en mitad de la primavera, sino una semana de sentimiento, de creencias, de fe. Por eso, cuando llega la Cuaresma ya quedan 40 días menos para el gran evento cristiano. Y por esta cuestión la presentación de todo lo que conlleva levanta expectación.

Así se ha recibido en el Espacio Lagares el pistoletazo de la Cuaresma y la divulgación pública de los actos programados para la Semana Santa 2019 de Logroño, de Interés Turístico Nacional. Con todas las sillas de la sala abarrotadas, incluso gente de pie en el fondo, se ha sucedido la exposición de las 30 actividades planificadas para este año, con una alguna novedad, como el hecho de que los actos culturales pasan a los sábados en vez de a jueves o viernes.

También ha servido como debut en tales lides del nuevo Hermano Mayor, Francisco José Marín de Diego, además de adelantarse lo que traerá la próxima revista de la Semana Santa. Antes de pasar a los homenajes la nota simpática de la tarde la ha puesto un vídeo con una cronología de lo sucedido en 1969, hace 50 años, cuando el hombre llegó a la Luna, se estrenaron los coches-cine de Renfe, Urtain era tendencia o Massiel y Salomé pasaban por el altar. Y todo para introducir el homenaje a los hermanos que cumplen 50 años como cofrades de Logroño y a los hermanos que han sido miembros de la Hermandad de Cofradías durante las dos últimas legislaturas de Javier Benés como Hermano Mayor.

Entre los galardonados dos historias, la del ex Hermano Mayor Javier Benés y la de Ernesto López. «Mi tío José Fernando era quien me llevaba de la mano y me metió en esto, en la Cofradía del Santo Sepulcro, desde que hice la Comunión. La pena que tengo es que se fue muy joven», recuerda Benés con cierta emoción. Tras ocho años al frente de la Hermandad de Cofradías se enfrenta a un año especial, tanto por el homenaje de medio siglo como cofrade, como por vivirlo, de nuevo, sin estar en cargo.

Y, como siempre, volverá a disfrutar de los dos momentos que más le gustan. «Es especial la limpieza del Santo Sepulcro y también hay uno muy sobrecogedor: cuando en la Capilla de Los Ángeles, antes de la procesión del Viernes Santo, se apagan las luces y suena una música de capilla, y estamos solo los cofrades; es nuestro momento».

Ernesto López, con 56 años, ha sido uno de los más jóvenes entre los homenajeados. «Estoy en la cofradía desde los seis años, antes de la Comunión, incluso», ríe. Su padre era de la del Nazareno, pero a él le apuntaron a la del colegio, a la de las Siete Palabras, y en ella sigue.

«Todavía recuerdo mi primer año: llovió un montón y se suspendió. Menuda llorera me pegué», reconoce hoy, Ernesto, con la insignia. Ahora la tradición sigue, con toda su familia convertida en cofrades: su mujer y sus dos hijos. Porque si algo transmite este acto es la sensación de que las cofradías son cuestión de tradición familiar…

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