Retrato de La Rioja

Pedaladas de ilusión hacia la cumbre

Arturo Grávalos. 21 años. Cervera del Río Alhama. Ciclista y quiromasajista

Reportaje fotográfico: Clara Larrea ©

Las cumbres solo se alcanzan con esfuerzo, no hay varitas mágicas. Tras cada éxito hay muchas horas de preparación. Arturo Grávalos (21 años, Cervera del Río Alhama) ha apostado por llegar a la cumbre, a la del ciclismo profesional, y por ello entrena día a día. Ahora arranca una campaña clave para su futuro y lo hace en las filas del Kometa Cycling Team sub23, de la Fundación Alberto Contador.

Montado sobre su bici de Trek, Arturo recibe a NueveCuatroUno, junto al Ayuntamiento de Cervera, localidad donde reside en este momento. Su cara aniñada sonríe a cada palabra. Hay que mirarle hacia arriba, 1,87 metros tienen la culpa. “Soy rodador y escalador”. ¿Muy alto para ser escalador, no? “Bueno, Chris Froome también es alto y mira cómo sube. Aunque me gusta el estilo de Contador: ataco y muero matando”, ríe cuando habla los campeones del Tour de Francia.

“Siempre se me han dado bien los deportes. Empecé en el fútbol, como mediocentro”

Mientras recorremos la cuesta decorada con pinturas sobre la danza de La Gaita, subimos al mirador o paseamos por la plaza cerverana se agolpan las preguntas. ¿Por qué ciclista? “Siempre se me han dado bien los deportes. Empecé en el fútbol, como mediocentro”. ¿Tipo Sergio Busquets el del Barcelona? “Podría ser, tengo un tipo parecido, además, soy del Barça”, vacila.

Pero a los 14 años cambió de deporte y comenzó a practicar triatlón en Zaragoza -donde vivía entonces, tras trasladarse por temas familiares de su localidad natal-. “La bici y correr se me daba bien, pero en natación flojeaba un poco más. De ahí surgió el empezar con el ciclismo exclusivamente”.

Y a tenor de su trayectoria parece que acertó en la elección. Primero comenzó en el equipo juvenil de Asesores de Navarra, en la Fundación Lintxu, para posteriormente incorporarse, en 2016, a Caja Rural y su división sub23. Desde este año forma parte del conjunto Kometa respaldado por la Fundación Alberto Contador. “Cuando vino a conocerme Fran Contador -hermano del campeón ciclista- yo alucinaba”, cuenta.

“Estoy poniendo todo de mi parte para conseguir dar el salto al profesionalismo”

Su sonrisa delata su satisfacción. Sabe que es un año importante para él. También se alegran por ello sus vecinos de Cervera cuando tomamos un té en uno de los bares. “Ay, Arturillo, que ya nos hemos enterado: que te han fichado, ¡enhorabuena!”, le repiten varias señoras, con beso incluido. “¡Qué morenito te estás poniendo!”, le dice alguna que otra. A pesar de ser invierno, el sol ya va dejando huella en sus mejillas.

“Estoy poniendo todo de mi parte para conseguir dar el salto al profesionalismo, pero me pongo de plazo dos años, si veo que las cosas no salen como espero, pues me echaría a un lado. No me gustaría ser un freno para otros que venga por detrás más fuertes, como he podido sentir yo en algún momento”, reflexiona.

Y por ello ha cambiado su modo de vida: ha pasado de vivir en Zaragoza a marcharse solo a su pueblo de Cervera. Sí, solo. “Estoy en la casa familiar y aquí me dedico a entrenar. El terreno es mejor para prepararme, tengo zona montañosa al lado, sobre todo hacia Soria. Además las carreteras son tranquilas, sin apenas coches, son más seguras. En Zaragoza está habiendo bastantes atropellos de ciclistas”, apunta.

“Salgo todos los días a andar. La climatología no nos para. Hay veces que no sientes las manos de frío”

Así que su día a día gira en torno a las dos ruedas. “Salgo todos los días a andar, por la mañana. Unos días más suave (hora y media) y otros más intenso, como hoy, unas tres horas y media o cuatro. Aparte, hago trabajo de gimnasio en casa”, explica. ¿Todos los días? ¿Y si nieva o llueve? “También salgo. La climatología no nos para. Hay que salir esté como esté. Quizás es una de las cosas más duras, hay veces que no sientes las manos del frío. O si estás en cotas altas te nieva a la subida y luego hay que bajar… con todo el cuidado del mundo”.

Pero uno solo, ¿no se cae en la autotrampa? “Si perreas entrenando al único que fastidias es a ti mismo. Luego todo eso se nota en las carreras. Porque en realidad cuando llegas a la carrera ya está casi todo el trabajo hecho; sin la preparación previa la competición no tiene sentido”, asegura.

En la bici “la cabeza es fundamental. Lo que más me gusta es la forma de ir superándote cada día”

Asombra su convicción y templanza. “Sí, soy templado, pero cuando hay que sacar el carácter o asumir responsabilidades en la carrera no me arrugo”. En la bici el aspecto mental también corre. “La cabeza es fundamental. Lo que más me gusta es la forma de ir superándote cada día”.

Es la vida del deportista, pero no lo ve como una penalización. “Ya sabes, sarna con gusto no pica”, ríe. También ha visto en su familia esa dedicación. “Mi padre fue campeón de España de full contact (kick boxing), además anda en bici; incluso mi hermana sale con la bici”.

Todo ello estando en un pueblo, ¿rara avis? “Hombre, para la mayoría supongo que seré un poco rarito, ellos no suelen hacer mucho deporte”, admite.

Espigado y aparentemente sin un gramo extra de grasa, ¿cómo se lleva el tema de la alimentación? “Hay que comer variado, yo mismo me cocino. Aunque es cierto que cuando sales por ahí no puedes comer o beber lo que te parezca porque al día siguiente se nota en la bici, y esa no perdona”.

“He estudiado quiromasaje y osteopatía, porque la bici te absorbe mucho y se necesita hacer otras cosas mentales”

Sin embargo, aunque su dedicación al ciclismo es casi completa, también hace más cosas. “He estudiado quiromasaje y osteopatía, porque la bici te absorbe mucho y se necesita hacer otras cosas mentales. Durante el invierno he estado haciendo prácticas y trabajando de ello en Zaragoza. Ahora estoy estudiando inglés por mi cuenta, con cursos online, libros…”, relata.

Parece que si algo le define es la fuerza de voluntad: solo, acompañado… Acaba de empezar la temporada y con ella la competición. Cuando esto sea así su modus operandi es concentrarse con el equipo, bien en Pinto, donde está la sede de formación, o donde corresponda. Todo con un sueño como meta, al igual que sus ídolos Alberto Contador y Bradley Wiggins, ganar una etapa en el Tour de Francia. “Eso sería lo máximo”. Le brillan los ojos. Ya le queda menos para alcanzar la cumbre.

Subir