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Goles a duermevela

A Pierluigi Collina, aquel árbitro un poco calvo, su gesto le elevó al estrellato. Pasó a ser cara de anuncio. Aquel gesto habló de su capacidad empática para reconocer que los alemanes también tienen sentimientos, por pequeños que estos sean. Y que no siempre son superiores. Que además de perder guerras mundiales, y de ganar Mundiales, también pueden perder una final de Copa de Europa que en el descuento tenían ganada.

El Bayern Múnich se adelantó en aquella final de 1999 a los 5 minutos de haberse iniciado el encuentro. Lo hizo un tipo al que le pusieron nombre de delantero centro, Mario Basler, y que acabó jugando por el centro del campo. Ganarían de nuevo los alemanes, pensó entonces el mundo del fútbol; como siempre, vaya.

Hasta que llegó el minuto 91 de aquella final del siglo pasado. Todos los jugadores del Manchester United pisaron el área del Bayern en un córner ejecutado por David Beckham. El lanzamiento no encontró la cabeza de ningún jugador inglés, pero sí un disparo a medias de Ryan Giggs, que terminó en los pies de Teddy Sheringham para marcar el 1-1 momentáneo. Y si…

Y vaya si hubo ‘y si…’. Otra vez Beckham sacó el córner que terminaría peinando Sheringham para que Solskjaer anotara el 2-1. Dos goles, en los tres minutos del tiempo de descuento. Y la fiabilidad alemana por los suelos, con un Collina intentando levantar del césped a unos futbolistas alemanes con los que todos empatizamos de una u otra manera, al menos una vez en la vida. Aquello fue demasiado fuerte como para no pensar en ellos. Pobres.

Hay que ser considerados tras un gol en el tiempo de descuento. Se celebran como si no hubiera un mañana. Pero hay que pensar un poco en quien los recibe. Hay que pensar en los bávaros, hay que pensar en los jugadores del Arsenal tras el gol de Nayín, hay que pensar en los aficionados del Chelsea tras el ‘iniestazo’, hay que pensar en los jugadores del Bilbao Athletic, que el pasado sábado, tirados sobre el área pequeña del Fondo Norte de Las Gaunas, lamentaban su mala fortuna. Hay que pensar en esos jugadores, que quince días antes, recibieron castigo similar en Urbieta.

Foto: Eduardo del Campo

Y es que en el infrafútbol, también hay goles históricos en el tiempo de descuento, también hay goles en el último minuto, en la última jugada, sobre el silbato. Que se lo pregunten al Cartagena y el Rayo Majadahonda. Un ascenso a Segunda decidido en el minuto 97. No hay peor castigo posible en el infrafútbol. Ni forma mejor de ascender a los altares del fútbol profesional.

Recordemos, sin duda, a los jugadores de la Unión Deportiva Logroñés. ¿Cómo durmieron tras el partido de la temporada pasada en el San Francisco de Tafalla? Úriz le rebañó dos puntos a los riojanos en el minuto 90. A duermevela. Así se duerme tras un gol en el descuento. Durmieron aquella noche los jugadores blanquirrojos a duermevela.

Porque los goles en el tiempo de descuento generan noches intranquilas, para quien celebra y para quien se lamenta. Tras un gol en el descuento no duerme ni dios. Souto, seguro, se mantuvo a duermevela tras aquel gol desde la frontal ante el Real Unión. Recordó una y otra vez su remate a la escuadra de Miguel, Goti. Marcó el empate a tres el curso pasado en Sarriena. Aquella noche, en duermevela, repasaron una y otra vez la jugada, Caneda, por su despeje, y el resto del equipo por su mala fortuna.

Tras un gol en el descuento, la intranquilidad tiene efectos bajo las sábanas. Bobadilla, con aquel gol de cabeza en el descuento ante el Vitoria, dio mil vueltas en la cama. Porque sabía que había tocado el cielo de Las Gaunas y cuesta volver a la tierra. Quizás pudo dormir algo más tranquilo Olaetxea, cuando en el 87 le dio tres puntos a su equipo ante el Langreo. No vio su remate. Lo hizo de espaldas. Así que no pudo repasar absolutamente. Al no ver, no hay nada que recordar. Suerte la suya.

Efectos secundarios de esos goles en el descuento que tantas historias cuentan. Porque a duermevela, uno lo repasa, lo memoriza, lo hace suyo, propio, para recordarlo para siempre. Nadie olvida aquella final de 1999, ni el ‘iniestazo’, tampoco el ‘soutazo’, a Goti, a Bobadilla… y desde el sábado a Marcos André, que seguro que esta noche no ha dormido demasiado, como los jugadores del Bilbao Athletic o Artiz Solabarrieta, técnico del filial rojiblanco, que hundido en sala de prensa reflexionó sobre su mala suerte. Dos veces en quince días. Más que duermevela, un insomnio del carajo.

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