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El Expreso Metropolitano

Año nuevo… propósito nuevo. Es así como funciona. Ya sea como mecanismo de defensa ante los excesos o como una nueva oportunidad para mejorar la calidad de vida, pero lo cierto es que con el año nuevo se suceden los buenos propósitos, que son mejores, sin duda, que cualquier coleccionable de la tele.

Por el Parque del Iregua, por La Grajera, por el Parque del Cidacos… en Logroño, en Calahorra, en Haro, en Arnedo… los parques están llenos de nuevos propósitos, como los gimnasios o como las escuelas de idiomas. El reto es seguir en los gimnasios, en las academias o por los parques más allá del 1 de febrero.

Pero existe una tribu, la de los deportistas, que coleccionan retos cumplidos. En ocasiones, los deportistas, sobre todo los de élite, no siempre cumplen los cánones de buen comportamiento que se exige en la actualidad; pero la tribu de deportistas amateurs son auténticos campeones en la consecución de pequeños retos que ayudan a superar la apatía contra la necesaria constancia para entrenar un día sí y otro también a cambio de nada, salvo la satisfacción del trabajo físico bien hecho.

Sergio Tejada levanta las manos en la línea de llegada. / ST

Sergio Tejada cumple con todos estos requisitos. Es un coleccionista de pequeños retos que le ayudan a superarse cada día. Desde el pasado 31 de diciembre suma uno nuevo a su lista de escenarios donde se ha sentido fortalecido para seguir adelante con sus entrenamientos. Mientras el común de los mortales nos dedicábamos a un tardeo pre Nochevieja o a mirar el aspecto del cordero antes de la gran cena… mientras algunos se disponían a correr la San Silvestre de Logroño en un plano festivo… Mientras todo esto sucedía, Sergio Tejada se convertía por derecho propio en el Expreso Metropolitano. Ya sabes, querido lector, esos autobuses que unen la capital con su área metropolitana.

Bueno, pues Sergio Tejada se dedicó el pasado 31 de diciembre a coleccionar ‘sansilvestres’ al mismo ritmo que otros brindaban vino tras vino antes de la cena. A las 12.00 horas del 31 de diciembre corría en Navarrete, y ganaba. A las 17.30 horas corría en Lardero, y ganaba. Y a las 18.00 horas corría en Villamediana, y, claro, ganaba. El Expreso Metropolitano. “Se me ocurrió algo divertido, diferente, rebuscado, y vi que podía hacerlo”, explica Sergio Tejada, satisfecho por haber cerrado el 2018 con este reto personal superado.

No fue fácil en lo físico ni tampoco sencillo en su logística. “Porque claro, cada carrera es diferente, y no sabes realmente contra quién vas a tener que competir para finalmente ganar cada prueba”, recuerda. Porque no se trataba solo de finalizar las tres carreras. Es que el asunto residía en ganar las tres carreras. Y lo consiguió. La logística fue algo también importante. “De Lardero a Villamediana me tuvieron que llevar”. Y llegó a la salida de su tercer y última San Silvestre de su intenso fin de año “tres minutos antes de que se diera la salida”. Tan solo había veinte minutos desde que levantó las manos en Lardero y comenzara a correr en Villamediana. “Tuve que pedir disculpas a la organización de Lardero por no quedarme al pódium, les agradezco su comprensión”. Pero el Expreso Metropolitano no había quien lo parara. Tomaba dirección Villamediana con un ayudante al volante. «No sabíamos si íbamos a llegar. El tráfico o aparcar nos preocupaban bastante».

Sergio Tejada es una duatleta riojano que acumula muchos kilómetros en sus piernas. / ST

Llegaron, claro que llegaron. Era su propósito. “En la última carrera me costó arrancar, la verdad. Me pesaban las piernas. Al final el estrés de ir de un lado al otro se nota. Pero la motivación de lograr el objetivo marcado me ayudó a recuperar buenas sensaciones y ganar también en Villamediana”. Tres de tres, en un 31 de diciembre para recordar, para cerrar el año por todo lo alto, para seguir entrenando día tras días, para seguir indagando en nuevos y buenos propósitos, que forman parte del carácter de este duatleta riojano que al menos cenó «fuerte» para alivio de todos nosotros, que también lo hicimos pero sin tres ‘sansilvestres’ en nuestras piernas.

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