Retrato de La Rioja

Construcción agrónoma con buenas bases: el premio a la constancia

Javier Rodríguez. 36 años. Entrena. Ingeniero Agrónomo.

Reportaje fotográfico: Clara Larrea ©

En su estado de WhatsApp reza: “A solis ortv vsqve ad occasvm”, la expresión latina que significa «Desde la salida del sol hasta el ocaso» y que acompañó a la Monarquía española en los tiempos de mayor esplendor, en los que no se ponía el sol en el imperio hispano. No, no es profesor de Historia, aunque por su conocimiento de hitos históricos y de chascarrillos casi podría serlo. Javier Rodríguez (36 años, Entrena) es ingeniero agrónomo.

“Los temas históricos o de culturilla no están reñidos con la Ingeniería”, apostilla. Y no lo están. Un buen ejemplo es él. En su despacho, ubicado en su pueblo, Entrena, se mezclan los útiles necesarios para las mediciones y los planos de fincas, etc., con detalles curiosos que le retratan, nunca mejor dicho. ¿Ejemplos? Una réplica de la declaración de independencia de Estados Unidos, una carta de Lincoln, figuritas griegas, un san Isidro de notable tamaño, patrón de los labradores -este en la antesala del despacho-…

“Mira, ¿a qué no sabes de dónde es esa espiga de trigo que está en la jarra? (en la estantería)”. No es fácil la respuesta viendo que, en su caso, cualquier detalle tiene alguna historia detrás. Nos rendimos. “Del lugar donde se produjo la batalla de Waterloo, estuve no hace mucho”, cuenta.

En esta ocasión ha sido uno de sus últimos destinos con fines turísticos, nada que ver con lo que vivió allí Napoleón contra el mundo, tras decidir invadir los Países Bajos, en el ocaso de su imperio. Pero Javier pocas similitudes tiene con el emperador francés, más allá de esas espigas de Waterloo. A él le definen su carácter bonachón y su desarrollo profesional forjado a paso a paso, sin ideas preconcebidas.

“Mi historia es como la de muchos: tras el Bachiller decidí hacer una Formación Profesional de Producción por Mecanizado. No me preguntes muy bien por qué elegí eso, pero bueno”, cuenta. Tras ello estuvo unos meses de prácticas en la fábrica de Volkswagen, en Hannover, era 2003.

“Cuando terminé, pues lo típico que te dicen tus padres: ‘Sigue estudiando, Javier’. Y sigues, pero sin objetivos y sin tener nada claro. Comencé Ingeniería Industrial de Mecánica, en la Universidad de La Rioja, pero no me gustaba, poco tenía de mecánico práctico”, relata. Lo dejó y se guió por su gusto por la Biología. Así es como se enroló en la Ingeniería Técnica Agrícola por la rama de Hortofruticultura y Jardinería. Y dio con la tecla.

“Acabas la carrera y ¿qué? Estábamos en plena crisis, en 2013, y la verdad que pensaba, ¿qué hago? Alguno de los amigos con los que había estudiado eran camareros, repartidores…”

Tras la carrera técnica le pilló el cambio de sistema a Bolonia y a pesar de las dudas iniciales continuó en Pamplona haciendo el segundo ciclo, la superior, sacándose la Ingeniería Agrónoma. “Pero, acabas y ¿qué? Estábamos en plena crisis, en 2013, y la verdad que pensaba, ¿qué hago? Alguno de los amigos con los que había estudiado eran camareros, repartidores… Que está muy bien, pero nada que ver para lo que nos habíamos formado”, admite.

Él tenía una opción b: la tienda de ultramarinos que regentan sus padres en Entrena. “No lo descarté, pero antes quería buscar otras cosas, para eso estudié”. Y, casi sin darse cuenta, elucubró su futuro. “Tuve que hacer algunos trámites en el catastro para terrenos familiares y vi que hoy en día es un servicio que se necesita: alguien que haga muchos de los papeleos que requieren el campo”. Así, sin preverlo, es como se gestó SINKET, oficina técnica agrícola, su pequeña empresa.

“Arranqué el 1 de enero de 2014 y no me puedo quejar, desde el primer momento he tenido trabajo, bien con mediciones, proyectos, gestiones, asesoramiento, doy cursos formativos sobre fitosanitarios, etc.”, enumera este joven entrenero, que no solo es activo en su trabajo, al que se dedica según lo que requiere, a veces, como dice su WhatsApp, “Desde que sale el sol hasta el ocaso”.

Entre los proyectos que ha llevado a cabo se encuentra una granja escuela en término de Entrena, a punto de inaugurarse, o una bodega en Rioja Alavesa… “La verdad que desde el primer momento me ha acogido bien todo el mundo y han confiado en mí, puedo decir que soy profeta en mi tierra”, sonríe.

Hablando de profetas, o más bien de términos religiosos, encontramos otra de las aficiones de Javier -además de los chistes, aunque con el equipo de NueveCuatroUno no llega a soltarse ni a contar alguno-, todo lo referido a los santos de su pueblo. Miembro de la Cofradía del Señor, ha colaborado con el dibujo de san Martín que después ha sido tallado y colocado sobre el portal de la iglesia de Entrena. “Pero estas cosas no las pongas”, pide sin mucho éxito. También ha sido secretario de la Asociación Cultural y de Jóvenes ‘El Crucero’. Es de esas personas que como gusta decir en La Rioja, “cunde mucho”, aunque sin estridencias.

Y es que la vida de Javier es la del sigilo, la prudencia, la discreción. De esta forma, como buena hormiguita, ha ido reuniendo su clientela y puede decir que es feliz. “En mis planes iniciales no estaba la agronomía, pero digamos que una sucesión de casualidades me hizo aplicar el dicho ‘Si la vida te da limones, haz limonada”. Y parece que la limonada, como el zurracapote que acostumbra a hacer en fiestas de Entrena, no se le da nada mal.

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