Retrato de La Rioja

Un camino modelado sobre esmalte y barro

Violeta Betolaza. 47 años. Nájera. Ceramista

Reportaje fotográfico: Clara Larrea ©

El camino es la clave. Así concibe la vida Violeta Betolaza (Nájera, 47 años), “como un camino que ir andando, aprendiendo, creando”. Y todo modelado “a mi manera”, como reconoce, y con la cerámica como artista protagonista; una actividad que le ocupa desde hace más de 18 años.

Porque ser ceramista a tiempo completo tampoco es lo más habitual, ni siquiera su profesión inicial. Arrancó trabajando de otras cosas, como tanta gente, de camarera, pero en un momento dado decidió inscribirse en la entonces Escuela de Cerámica de La Rioja. Allí se formó tres años de la mano de Pilar Uruñuela, a quien sigue recordando.

“En 1999 me planté en una feria en Santander. Iba completamente de nuevas, fue un suplicio chino”, recuerda hoy entre risas. Pero ese golpe no le hizo abandonar, sino todo lo contrario.

Y con las nociones técnicas de la cerámica interiorizadas dio paso a su puesta en práctica. “En realidad salí sabiendo cómo tratar el barro, cómo cocer, las bases para arrancar, pero luego hay que ir desarrollándose”, admite. Y ese primer contacto con la realidad lo llevó a cabo en Arenzana, en un taller. “En 1999 me planté en una feria en Santander. Iba completamente de nuevas, fue un suplicio chino”, recuerda hoy entre risas. Pero ese golpe no le hizo abandonar, sino todo lo contrario. “De las caídas es de donde más se aprende”, reconoce.

Así es como fue puliendo su propia marca, en la que apostó por dos líneas: una más práctica y otra más artística. “Quizás por la influencia de mi origen najerino y todo lo que tiene que ver con el mueble, comencé a incorporar la cerámica en el mobiliario”, precisa. Fue entonces cuando participó durante años en la Feria del Mueble de su pueblo.

Al mismo tiempo alimentó la parte más creativa-artística de la mano de la pintora riojana Beatriz Sobrino: primero compartiendo espacio de exposición en salas de toda España y posteriormente integrando la pintura de Sobrino y su cerámica. De esta forma llegó a exponer en Madrid y múltiples ciudades españolas, e incluso una versión suya del Gernika está en pleno centro de Bogotá…

“Éste es un trabajo muy irregular: con picos muy altos de volumen y otros muy bajos”, recalca.

Pero, ¿cómo sobrevivir casi dos décadas en un trabajo artístico viviendo en su propio pueblo? Porque aunque las instalaciones en las que trabaja, un amplio pabellón, están junto a la carretera de Tricio, su vida sigue desarrollándose en Nájera. “Bueno, se sobrevive. Éste es un trabajo muy irregular: con picos muy altos de volumen y otros muy bajos”, recalca. Algo que suele ocurrir en las profesiones creativas.

“Igual está un poco desordenado, pero bueno, es un taller”, justifica de vez en cuando, mientras echamos un vistazo a sus utensilios. La realidad es que no transmite desorden precisamente: muestras en la pared, paños organizados por colores, pinceles, piezas de prueba… Y nos explica algunas de las técnicas que utiliza. Dos detalles llaman la atención sobre el resto: los materiales de ‘invención’ propia a base de cenizas de ciruelo y de pino y la técnica raku, de origen japonés. “En Europa se utiliza mucho ahora”, subraya. Ella misma cuenta con distintas piezas hechas al estilo raku.

Se le ve entusiasta, y sobre todo hay algo superior a sus fuerzas: las fotos. Pero cuando se trata de un ‘retrato’, como es esta sección… “Mira que soy yo la que hace las fotos siempre y no salgo nunca, no me gusta”, ríe. Aunque más corte le da cuando nos desplazamos hasta el centro de su pueblo, en concreto, a la pasarela peatonal. No es un lugar elegido al azar: a cada uno de los lados se han colocado cerámicas decoradas por ella, bajo encargo del Ayuntamiento najerense.

Es lo que puede decirse, profeta en su tierra. “Hace ilusión que cuenten contigo en tu pueblo. Si bien, lo que más me preocupa de estas cuestiones es que se apueste por la cultura y eso es lo que más reconforta”, apunta. Las cerámicas versan sobre dos de los reyes que cambiaron la historia de Nájera: el rey Don García de Nájera (que se inauguró en junio de este año) y el recién estrenado del padre Sancho el Mayor, el rex Ibericus, quien modificó el trazado del Camino de Santiago para que pasara por la actual comunidad riojana y en especial por Nájera.

“He tratado de plasmar detalles de la historia de cada uno: como la moneda que se acuñó por orden de Don García, el fuero de Sancho el Mayor, el mapa del Camino de aquella época, y otros elementos curiosos de la zona como la perdiz y el azor, la bandera de Nájera, una alpargata riojana…”, explica in situ, al tiempo que vecinos suyos le dan la enhorabuena sobre la marcha. Cosas del directo.

De vuelta a las instalaciones en las que se gestan sus obras, Violeta nos sorprende: en una entreplanta guarda una amplia exposición con gran variedad de sus obras… Colorido, múltiples estilos e historietas que van surgiendo sobre la marcha. También es tiempo de hablar de su proyecto de artesanía, en Ezcaray, en la tienda ART4, con otros dos artesanos.

Le gusta reinventarse e ‘investigar’ en su propia materia de la cerámica.

A lo largo del paseo con ella por su lugar de trabajo y por su Nájera hay detalles que quedan manifiesto: le gusta levantarse, le gusta reinventarse, le gusta ‘investigar’ en su propia materia de la cerámica. Y quizás por ello, en estos momentos se considera feliz, “hombre, podría ser mejor, pero la verdad que estoy contenta, y la experiencia en la tienda de artesanía de Ezcaray, junto a mis otros dos compañeros, está siendo muy enriquecedora. Me hace pensar el ver otras formas de afrontar la realidad”, concluye.

Su camino, como el de Sancho El Mayor, está claro que pasa por Nájera y hace parada. “Ojalá que me quede mucho camino”, se despide. Ojalá que siga modelado en cerámica, como las últimas dos décadas.

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