El Rioja

Julio Sáenz: «Es impensable un Viña Ardanza sin la garnacha de Tudelilla»

La garnacha ha vuelto para quedarse. Zonas como Tudelilla son sinónimo de garnachas de enorme calidad

Las garnachas de Tudelilla… el mito. Ese misterio para unos resuelto y para otros todavía sin resolver. ¿Qué tiene esta zona concreta de Rioja Oriental que la ha hecho siempre tan especial y tan valorada por las grandes bodegas para complementar sus vinos históricos? Hablamos con Julio Sáenz, enólogo de Rioja Alta y un enamorado de esta variedad que utiliza para afinar su Viña Ardanza.

«Nosotros no entendemos el Viña Ardanza sin el aporte de la garnacha de Tudelilla», afirma Julio, «nos da estructura, frescura y volumen. Sobresale, especialmente, el fuerte carácter varietal y frutal de esta variedad en este paraje concreto. Sin el ‘coupage’ de tempranillos de la zona de Rioja Alta -elegantes, finos, con gran potencial de guarda, estructura media y grado alcohólico moderado- con la potencia y gran estructura que aportan las garnachas de Rioja Baja, nuestro reserva no sería el mismo”. Y con Viña Ardanza, en la histórica bodega de Haro no se juega.

En Rioja Alta entran todos los años cientos de miles de kilos de uva de viñedos de enorme categoría, pero para Julio Sanz la «niña de sus ojos» es La Pedriza, una espectacular finca enclavada en Tudelilla. «Históricamente esta zona ha sido considerado perfecta para el cultivo de la garnacha y nosotros, ya hace décadas, contamos con algunos viñedos en propiedad, pero plantados de tempranillo. En los noventa, viendo los problemas de aprovisionamiento de buena garnacha, pedimos consejo y nos insistieron en este paraje que, en aquel entonces, estaba plantado con almendros que habían reemplazado a la garnacha por la crisis del mercado. Fuimos a ver la finca y nos cautivó, arrancamos los almendros y los sustituimos con cepas de garnacha de baja producción». ¡Bingo!

Actualmente en la DOCa la garnacha únicamente ocupa un 7’7 por ciento del total de plantación, cuando en el año 1973 llegaba al 39 por ciento del viñedo riojano. Por el camino han quedado viñas históricas presas de la «voracidad» del agricultor y de una política agraria equivocada que premió al tempranillo: hoy en día este último llega al 87’6 por ciento del total, cuando en el año de referencia de 1973 sumaba solo un 31 por ciento. Son cifras, hechos objetivos.

El renacer de la garnacha ha venido por la puesta en valor de su tradicional estimación que había quedado semiolvidada por el boom del tempranillo. Y ha venido de la mano, entre otras, de dos zonas que producen garnachas de enorme categoría, ésta de Tudelilla y el Valle del Najerilla. Dos enclaves fríos y en altitud, con viñedo viejo y de baja producción, mano de santo para esta casta íntimamente unida de siempre a Rioja.

«Al ser un viñedo situado en una zona alta, nos da una frescura y una viveza a los vinos que favorece las crianzas largas, tanto en barrica como en botella. Efectivamente, esta variedad ha sido el ‘patito feo’ desde finales de los noventa hasta épocas más recientes. La erosión varietal producida por el tempranillo fue bestial y, lamentablemente, se abandonaron garnachas muy poco productivas de gran calidad».

La Pedriza, a la que Julio siempre se refiere como «nuestro pequeño Ródano» debido a su impresionante manto de cantos rodados que cubre toda la extensión y que le recuerda a los suelos de Châteauneuf-du-Pape, provee a Rioja Alta de la ansiada garnacha. «Para nosotros», apunta, «no vive una segunda juventud. Es una constatación de que esta variedad es complementaria y, en algunos casos mejorante, del tempranillo de Rioja Alta. Insisto en su enorme carga frutal, con notas vivas y frescas, el volumen y la estructura que aportan a los vinos. La garnacha en esta zona riojabajena resulta especial por muchos motivos».

«La finca se sitúa a 550 metros de altitud, una zona fresca que nos garantiza beneficiosos saltos térmicos entre el día y la noche. La maduración además se produce «entre dos soles» por el manto de cantos rodados de la finca. A las horas diurnas de sol le sumamos el reflejo de la luz y el calor en las piedras, que aumenta la radiación, incrementa la temperatura y mejora los procesos durante el ciclo vegetativo». El ensamblaje del icónico Viña Ardanza llega de la suma de un 80 por ciento de tempranillo de Cenicero y Fuenmayor y un 20 de garnacha de Tudelilla.

A la hora de la despedida surge la pregunta de rigor: ¿cómo ves la cosecha 2018 en vuestra bodega? «No ha sido un año fácil en Rioja. Veníamos de una terrible helada en el 2017 que dejó asolado gran parte del viñedo. El ciclo vegetativo ha sido complicado, con una presión de enfermedades por hongos muy fuerte. Para mí han sido esenciales las dos semanas finales de septiembre y la primera de octubre, con una bajada notable de las temperaturas -lo que aquí decimos, «que salga el viento del norte»- que ha ayudado a que la uva madure de una forma extraordinaria. Creo que puede ser una buena cosecha, eso sí, una cosecha donde la selección va a resultar fundamental». Selección, selección y selección, ¿les suena de algo en esta vendimia?

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