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Caer como guerreros tras soñar como gigantes en la Copa

Hay ocasiones en las que el fútbol, con todo su entramado de reglamentos, teorías y estudios, se rige por una máxima muy sencilla. «Cuando está de que no es de que no», dicen los sabios. Y algo de razón llevan. A buen seguro que las cosas no dependan exclusivamente de la diosa Fortuna, pero influye. Vaya si influye.

En esas ocasiones hay dos formas de caer, porque vas a caer. Puedes agachar la cabeza y jugar al escondite o apretar la mandíbula para intentar demostrarle al destino que puedes cambiar sus planes. El Calahorra ha caído frente al Sant Andreu (1-0) en el peor de los desenlaces cuando el suculento premio de recibir en tu humilde estadio a un coloso del fútbol mundial puedes casi masticarlo. Un solitario gol en la prórroga.

Porque no hay nada peor que claudicar con esa sensación de que en otras circunstancias sería otro el gallo que cantara. De sentir que el arbitraje no ha estado a la altura de las circunstancias, pero que tú tampoco has ofrecido tu mejor versión. Porque no has podido o porque no te han dejado, que suele generar la misma indignación.

El Calahorra es uno de esos equipos que aprietan los dientes y se rebelan contra su destino cuando vienen mal dadas. Que sigue peleando cuando juegas más de una hora en inferioridad numérica y el factor ambiental (ya quisieran la animación del Narcís Sala la mayoría de equipos de Segunda B y alguno que otro de Segunda) te aplasta con cada grito.

Sergio Parla es la viva imagen de la batalla que ha desplegado el Calahorra en Barcelona este miércoles. En el minuto tres recibe un codazo que le abre una buena brecha en la frente. Los servicios médicos le curan, plantándole uno de esos vendajes que te limitan hasta la visión, pero que no puede evitar que la sangre sigue manando. Y en el tiempo en que le recomponen las gasas, la obsesión de Parla es nítida: volver al terreno de juego, que hay otros compañeros de trinchera que necesitan refuerzos.

Los jugadores del Calahorra agradecen los ánimos a los doscientos aficionados desplazados hasta el Narcís Sala. | FOTO: CD Calahorra

El propio Miguel Sola admitía tras el duelo ante el Sant Andreu que «el palo ha sido muy fuerte». Pero la competición continúa y toca levantarse. La UD Logroñés demostró el pasado año lo cara que puede ser la factura de la Copa si te acercas demasiado al éxito y acabas hincando la rodilla. Por eso, cuanto antes cicatricen las heridas, la de Parla y la del ánimo del vestuario, antes podremos sentir el mismo orgullo que al contemplar este miércoles a esos guerreros dejarse la piel por un sueño que tendrá que seguir esperando.

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