El Rioja

La vida nómada de los temporeros: historias de la vendimia riojana

Emilio, Alfonso, Laszlo y José Manuel, en la viña de Entrena donde han estado trabajando.

La vendimia es un ‘totum revolutum’ de historias: las de los agricultores, las de las bodegas, las de los técnicos y también las de quienes se encargan de cortar la uva, los temporeros. Cada vez más, son de origen subsahariano. Si se le pregunta a los agricultores casi ninguno acierta a saber de dónde vienen… «No sé… De Senegal, de Zambia… Pero, en general, son unas máquinas: rápidos trabajando y en los alojamientos que se les habilitan mucho más limpios que otros…».

Sin embargo, lograr que un subsahariano te cuente su historia y pose ante una cámara es casi misión imposible. «Igual es cosa de la religión… No sé. Pero están legales y contratados y en cuanto se les sugiere no hay manera», reconocen a NueveCuatroUno varios agricultores contratantes consultados.

Pero dentro del ecosistema que compone el mundo de los temporeros no solo hay de origen africano, portugués o indeterminado… También hay españoles como el canario José Manuel Sepúlveda, el vasco Alfonso Cereijido o el cántabro Emilio Alberto y algunos que llevan tanto tiempo por tierras españolas que casi lo son, como el húngaro Laszlo Matus.

No, a pesar la de la variedad, no es un chiste. Los cuatro han coincidido esta campaña vendimiando para la familia Rodríguez en Entrena y, mientras que José Manuel prepara para comer unas alubias con carne, nos cuentan su historia. «He sido camarero, cocinero, he trabajado en la construcción, como encofrador, incluso tuve mi propia empresa…», se arranca a explicar este tinerfeño de 49 años al que se le nota su habilidad en los fogones.

Pero las cosas cambian y lleva un tiempo como temporero en distintas tareas. «Las circunstancias han sido así. Hago lo que haga falta: llevo seis o siete años viniendo a La Rioja a la vendimia, voy a otras regiones a las campañas, si me sale un tema puntual pintando, pues pinto… Lo que sea, no se nace sabiendo pero si tienes ganas y necesidad pues aprendes», reconoce el espigado canario, que en los últimos tiempos ha estado viviendo en una habitación en Miranda de Ebro.

Vida por toda España

Si en algo coinciden los cuatro es en su movilidad geográfica. En el caso de José Manuel ha vivido en su Canarias natal, donde mantiene a su familia, ha estado por San Sebastián, por el Mediterráneo, por el norte… Y del norte son los otros dos españoles.

«Me queda un añito para jubilarme», sonríe Alfonso Cereijido, natural de Barakaldo, apodado por todos ‘el Vasco’. Su vida también ha sido un tanto nómada: «Antes empezaba en la fruta de Lérida, luego venía a La Rioja -de hecho llevo más de 20 años vendimiando en Entrena-, después me iba a Jaén a la aceituna… Ahora me he asentado en Miranda de Ebro», cuenta.

Sin embargo, su carrera laboral no solo ha transcurrido en tareas agrícolas: «Electricista, fontanero, autónomo…», enumera. Si tiene que clasificar las cosas buenas del trabajo como temporero en la vendimia lo tiene claro: «Lo que más me gusta es llevarme bien, les cuento chistes», ríe, al tiempo que sus compañeros asienten con la cabeza. Lo malo: «Las humedades y cuando el tiempo no acompaña».

Y precisamente con un chiste el Vasco da paso a la siguiente historia. «Este duerme en el hotel con más estrellas que hay…», en referencia a Emilio Alberto, de 56 años, natural de Astillero (Cantabria). «Vivo en la calle porque quiero. Me molesta la gente que dice ‘el que está en la calle es porque no tiene otro remedio’. Yo estoy por convencimiento. Lo que hay que hacer es gastarse el dinero en un buen saco y listo; yo no voy a cajeros», relata este cántabro.

Aunque su día a día no siempre fue así. «Me tiré 15 años vestido de uniforme, ¡ya ves!» ríe ahora con su peculiar estética. Formó parte del Ejército como cabo primero de los paracaidistas, también estuvo en la Legión Francesa y después fue vigilante jurado. «Luego las cosas dieron un giro», explica. Y sobre todo no se esconde. «Voy alguna época a ver a mi padre. Mi familia sabe cómo vivo. Lo he decidido así», subraya mientras cuenta que una vez terminada la vendimia se irá a recorrerse España, haciendo piezas de cuero que vende. No mira al futuro, vive el presente, disfruta de su libertad y admite que siempre lleva una compañía: libros, sobre todo de intriga y de corte histórico.

De Budapest a España, sin billete de vuelta

A su lado está último miembro del cuarteto: Laszlo Matus, de 50 años, natural de Budapest. «Llevo 18 años en España, me engañó la agencia de viajes: vendía que había mucho sol y se trabajaba poco», vacila, algo que se respira en el ambiente todo el tiempo, hay buen rollo. Sus inicios en nuestro país fueron en la construcción, en Madrid y Cataluña, pero hace diez años perdió el trabajo y desde entonces está en la calle.

«Vivo mejor en la calle aquí que en mi casa en Budapest, porque tengo casa. Allí trabajas de sol a sol por 450 euros, aquí trabajo en el campo temporalmente, vivo por toda España, voy por las distintas campañas agrícolas… y alguna temporada visito a mi hermana y sobrina que está en Extremadura», indica y añade, «cada dos años voy a Hungría a ver a la familia, pero no pienso volver». Ahora se ha echado un ‘juguetito’. «Con el sueldo de las peras me compré un mini portátil, así tengo forma de estar conectado», sonríe de oreja a oreja.

Es hora de comer, que en breve hay que seguir cortando uva. Y queda un retrogusto de la conversación: son los nómadas del siglo XXI, a su estilo, con sus momentos buenos y otros no tanto, con un estilo de vida diferente… Pero, a pesar de la mecanización, siguen siendo necesarios en la vendimia riojana.

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