El Rioja

Manuel García: El reto de poner en valor el vino de tu pueblo

Cada zona de Rioja es un mundo. Manuel García confía ciegamente en los tempranillos de Hormilla para elaborar sus vinos.

Después de trabajar en una cooperativa con 200 socios y en una de las bodegas más modernas de la DOCa, la ilusión de Manuel García, algo que casi se ha convertido en una obsesión, es demostrar a los demás y demostrarse a sí mismo que con las uvas de su pueblo pueden hacerse grandes vinos de Rioja. Su pueblo es Hormilla, en plena Rioja Alta, y su bodega, Mazuela.

Le pesaban el traje y la corbata. Muchos años recorriendo mercados y abriendo puertas, China, Londres, Nueva York, Méjico… Grandes cuentas de resultados, demasiadas presentaciones con la vista puesta en objetivos, ¡basta! Llegó un día en que echó la vista atrás y decidió que había llegado la hora de regresar, de poner en valor los viñedos de altura de su pueblo. Una zona que siempre trabajaba el campo pensando más en la cantidad que en la calidad. “Los viñedos como éste de la Olla están a casi 700 metros de altura y parecen que viven en un mundo paralelo. Allí abajo ves Nájera y Hormilla, aquí arriba únicamente el monte. Son difíciles de trabajar, es verdad, pero dan muchas satisfacciones”. Y es cierto, no oyes un ruido, únicamente ves viña y monte bajo. Sólo el viento y alguna perdiz que escapa al sentir extraños en su territorio rompen el silencio. Es bonito.

“Mi ilusión y mi proyecto era volver a la raíz, regresar al viñedo para poder podar, espergurar, vendimiar… Nada de números. Puede ser una historia que se ha oído muchas veces, pero es mi historia. Hormilla tiene mucho potencial en cuanto a viñas, pero hay que cambiar la mentalidad para hacer buenos vinos. Quiero encontrar la esencia de estos tempranillos y demostrar que no estaba equivocado al confiar en ellos. Con la uva de mi pueblo quiero probarme a mí mismo que bien llevada, bien tratada y luego trabajada con cuidado en bodega, se pueden hacer grandes vinos de Rioja. Intento hacer vinos finos con un carácter más moderno. Ahí es nada…”.

Sus viñedos tienen nombre y apellidos. “En total trabajo tres parcelas que suman poco más de cuatro hectáreas: Las Ventas está una hondonada y sus uvas son finas y elegantes; en Valpierre está un viñedo que me encanta, El Monte, por su carácter y por su dificultad al estar muy expuesto, cuando no es una helada es la piedra, pero el año que nada le incomoda me da uvas buenísimas. Y el último es donde estamos, La Olla, que es de donde saco mis mejores uvas para un tinto que saldrá al mercado el año que viene; con el Stelvio y el blanco de malvasía y sauvignon blanc forman mi oferta”.

“Aquí he puesto toda mi ilusión, en mi viñedo de La Olla y su tinto, del que tengo cinco barricas y saldrán unas miles de botellas, no más de cuatro o cinco mil. Le tengo mucho recuerdo a esta viña porque ha estado siempre en mi familia. Y por la paz que respiro aquí, hay algo en esta parcela que siento y creo que también siente el viñedo. Hasta el mildiu y el oído parece que tienen miedo a entrar. Cuidando estas vides parece que se para el mundo y lo trabajo con mucho cariño. El viñedo en sí es de ésos que marca, en ladera, difícil y complicado, pero especial. Por lugares como éste cambié los despachos por el campo”.

Estos tempranillos, porque Manuel sólo trabaja esta variedad en sus tintos, son los culpables de la tipicidad que busca. “El tempranillo es lo que somos. Otra cosa es que se hagan grandes vinos con otras variedades. Lo que me aporta esta zona de Hormilla son vinos finos con un punto de modernidad que le da la chispa de esta zona fría, quiero salir del encasillamiento trabajando otros parámetros como la fruta y la frescura. Es una variedad que llega con una elegancia de la que carecen otras pero, además, me aporta una garantía y una seguridad de poder trabajarla en bodega. En esta zona nunca me falla en acidez, con esta uva no tengo miedo a meterlo en una barrica nueva de France Chêne, porque aguanta y crece. Yo estoy trabajando con pH bajos de 3,40 que me dan garantía para hacerle cosas diferentes”.

“No es la variedad que mayor aporte aromático tiene, con roble americano se va a las vainillas. Con francés deriva hacia el bouquet y el coco. Pero la clave del tempranillo es que tres personas en una mesa piden la segunda botella disfrutando del vino. Uno puede ser utópico, pero yo con los tempranillos de Hormilla quiero llegar a todo el mundo y que compren mis vinos. Piensa en un vino conociendo tus uvas y créalo sin olvidar que va dirigido a la gente”.

Y es que esta la verdadera grandeza del Rioja. La diversidad de sus suelo y la diversidad de sus uvas: “Rioja Alta es finura y mucha capacidad para mantener en barrica, tempranillos con una capacidad enorme de envejecimiento desarrollando lo mejor de sí; Rioja Alavesa pueden ser más expresivos aromáticamente pero con una capacidad de guarda inferior, me gustan más los vinos criados en barrica de Rioja Alta que los de Rioja Alavesa. Y el de abajo, cuando está cuidado, tiene una relación calidad/precio inigualable para los dos anteriores. Muchas buenas botellas a buen precio”.

Manuel mira su viñedo y disfruta. Apenas queda una semana para empezar la vendimia. En otros tiempos debió ser un alto ejecutivo de los de traje y corbata, tablet y móvil de última generación. Pero creo que pisar la tierra y tirar de podadora ha cambiado su filosofía de vida, él escucha a sus vides, las entiende y disfruta enormemente. Luego, trajinando entre barricas, trabaja para transmitir esas sensaciones a los demás cuando descorchen sus vinos. Y, no voy a negarlo, es lo que hacemos al llegar a la bodega, abrir una botella y disfrutar.

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