El Rioja

Marta Besga y el viñedo ecológico: «Intentamos que la naturaleza siga su curso»

España cuenta con 106.897 hectáreas de viñedo ecológico que producen más de 331.082 toneladas de uvas para vino

«Cuando vimos que las mariquitas volvían a la vid, nos dimos cuenta de que la decisión de convertir todo nuestro viñedo en ecológico había sido un acierto». Marta Besga, enóloga de Bodegas Castillo de Mendoza, milita con convicción en esta nueva ola ‘eco’ que crece y crece en el viñedo español. Es una forma de entender el vino, que requiere más cuidados y trae más complicaciones, cierto, pero también más satisfacciones.

«Nos sumamos hace ya unos años de manera experimental en uno de nuestros viñedos, Alto de Mindiarte, para ver qué era aquel nuevo camino llamado “viñedo ecológico” y con la idea más romántica de conservar un poco la fauna y la flora que había alrededor». Así empezó todo nos cuenta Marta, «pero luego al ver los primeros resultados en mostos, nos dimos cuenta que en cata eran diferentes. Desde los aromas, porque son mucho más intensos, hasta la boca, donde noto mucha más fruta. Al menos yo, como convencida que soy, lo percibo así. Son vinos que en su primer estadio tienen más sabor y profundidad».

Y ahí empezó todo, como muchas de las cosas que ocurren en la vida, por la osadía de intentar descubrir cosas nuevas. «Decidimos convertir las 35 hectáreas que tenemos en propiedad en San Vicente a ecológico y vimos que los bichitos volvían al viñedo. Fue muy bonito. Utilizamos fertilizantes orgánicos. Y para combatir los hongos famosos, ésos que no queremos como el mildiu y el oídio, podemos emplear el cobre o el azufre, productos que están en la naturaleza, nunca productos de síntesis. Son básicamente materias activas de contacto, es decir, lo que tocan lo protegen, pero en ningún caso entran dentro de la planta. Son opuestos a los sistémicos que pasan a través del sistema radicular de la planta y se expanden por la vid».

España cuenta con 106.897 hectáreas de viñedo ecológico que producen más de 331.082 toneladas de uvas para vino, según un informe de agricultura ecológica de 2017 elaborado por el MAPA (Ministerio de Agricultura, Pesca y Alimentación). Castillo de Mendoza colabora con 35 hectáreas de las 883 que se cultivan en Rioja, un 1,7 por ciento del total de nuestro viñedo. En 2001 únicamente llegaba al 0,6 del total de la DOCa.

«En bodega», aclara Marta, «también tenemos unas limitaciones centradas sobre todo en los controles de sulfuroso, con niveles mucho más bajos que en vinos convencionales. Por ejemplo, para un tinto normal la cifra máxima es de 150 mg/l frente a 100 del ecológico. Nosotros estamos trabajando con cantidades de hasta 60 mg/l. Pero también depende de cada año, porque éste por ejemplo viene con menos sanidad y entras en otros niveles; pero repito, máximo 100. El sulfuroso es antioxidante y antibacteriano, una gran ayuda si lo utilizamos con cuidado».

Las grandes añadas también se notan en este aspecto: «Recuerdo 2011 y 2015, donde la uva entró en bodega sanísima y los niveles eran tan bajos que se acercaban a los de los vinos naturales, porque te lo permitía la uva. En ecológico recuperas el ecosistema y la planta responde mejor, agradecida. No hace falta intervenir tanto porque es ella misma la que se defiende, nuestra aspiración es que la naturaleza siga su curso. Pero en algunas cosechas, como ésta, ha habido tantos problemas con lo que ha venido del cielo que hay que ayudar a la viña».

«¿Que cómo veo este año? Muy difícil. Hemos pasado el miedo al mildiu pero ahora nos toca la botrytis; no podemos utilizar antibotryticos, por lo que estamos muy limitados a lo que nos depare el clima. ¿Cómo lo combato? Las vides están muy deshojadas, tiramos uva y ahora, ya lo habéis visto, están como en un tendedero de ropa, colgadas y completamente expuestas. Con el sol y el aire combatimos las enfermedades, pero es verdad que necesitamos que cambie el tiempo y haya más viento, porque veo que nos vamos a meter de lleno a mediados de octubre antes de vendimiar. ¡Y queda mucho!».

«De pequeña iba al campo con mi madre y veía un montón de bichitos que andaban a su aire. Con los años desaparecieron y ahora en nuestros viñedos vuelvo a verlos. Es una satisfacción hacer vino de esta manera». Vino y ecología, una combinación que gana adeptos día a día. Esto no hay quien lo pare. Y la verdad, es algo que me gusta.

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