Firmas

Obituario: “Hasta siempre, Orejas. Descansa en paz, que bien lo has merecido”

Foto: CD Berceo (Twitter)

Por Felipe Royo
Expresidente del Club Deportivo Berceo


Me pilla lejos, quizás demasiado. Pero desde la distancia se tiene una mejor perspectiva y, sobre todo, más tiempo para recordar. Ha fallecido Luis Santos Cordón, ‘El Orejas’. Su muerte, a los 94 años de edad, no por esperada, ha supuesto un duro mazazo para todos los que, de una u otra manera, formamos parte de la gran familia del Berceo, club que fundó hace ya más de 70 años y que, después de la lamentable desaparición del Club Deportivo Logroñés, es el más longevo de nuestra capital.

Mi primer recuerdo del Orejas data de 1965. Entonces, con 14 años y después de haber jugado en los infantiles del Colegio San José, estaba a punto de pasar con los amigos del colegio al equipo juvenil del Balsamaiso. Luis me cogió por banda y mi vida cambió desde aquel instante. Así era Luis. Apasionado con su club, nada se le ponía por delante. Exigente desde el minuto uno, pero amigo y consejero cuando se acababa el entrenamiento o los partidos del viejo campo de Las Chiribitas.

Muchos jugadores han pasado por el Berceo en sus 73 años de existencia y un gran porcentaje de ellos hemos mantenido la relación con un hombre que se preocupaba de todo. Primero el trabajo y los estudios. Luego, el fútbol. Era su principal consejo.

Desde la barra del Negresco, con su hermano Tomás, que también llegó a jugar en el Berceo, se las ingenió para sacar adelante el club. Rodeado de buenos colaboradores y con su ayuda, sobre todo al principio de Eduardo Gómez y del recordado Pedro Rábanos, hicieron que la aventura saliera adelante con éxito. Su esposa Maria Luisa Munilla, ya fallecida, también colaboró en el empeño. Y de qué manera. Las primeras camisetas las confeccionó ella con la tela de los sacos de azúcar de la tienda de comestibles que antaño regentaban.

Luis, afortunadamente, fue reconocido en vida por todo el mundillo futbolístico de La Rioja. Defendía a su club más que nadie, pero también supo mantener excelentes relaciones con los rivales, tanto de Navarra como de La Rioja, que reconocieron la gran labor que llevó a cabo. Muchos le tacharon en su día de antilogroñesista sin saber que más de un presidente blanquirrojo le pidió consejo en más de una ocasión.

Pese a que una enfermedad de la vista le desencadenó desde hace un tiempo una ceguera total, siguió asistiendo a algún partido de La Isla y opinaba, sin poder verlo, del juego que había hecho el equipo. Y hasta el último domingo, siguió llamando a Pedrito el Frutero, como cada semana, para preguntar por el resultado del partido. Me alegro de que la última noticia que recibió fuera la de una victoria porque me consta que su alegría seguía siendo enorme.

Decimos adiós a un gran hombre. Un gran hombre en el más amplio sentido de la palabra y en todas las facetas de la vida. Una persona muy querida y respetada, que nos supo inculcar lo mejor a todos los que tuvimos la oportunidad de conocerle y de quererle.

Tuvo la gran satisfacción de ver a su hijo Tomás proclamado alcalde de Logroño, de lo que se sentía especialmente orgulloso. A Tomás, Chechu y toda la familia, un abrazo muy fuerte. Ellos han estado a su lado hasta el último momento y han visto su tesón incluso para echar un pulso a las enfermedades que hubieran sido lógicas a su avanzada edad. Hasta en eso fue tozudo. Lástima de esa vista que le impidió tener más normalidad en su vida durante los últimos años.

Hasta siempre, Orejas. Descansa en paz, que bien lo has merecido.

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