Y El Espolón ha enmudecido en este día de San Mateo. Era la recta final del discurso del presidente regional, José Ignacio Ceniceros: «La Rioja defiende los valores de la concordia y la convivencia», en referencia a la unidad de España y de forma latente sobre el tema catalán. A duras penas ha conseguido terminar el argumento: «Los riojanos hallamos en el diálogo entre los diferentes la solución a los problemas». Y ahí se ha roto su voz. «Diálogo entre nosotros…» (tos) «con otras comunidades o con el Gobierno central…» (parón) «como ocurrió días atrás con el presidente Sánchez».
Llevaba Ceniceros un buen rato sufriendo para poder continuar su intervención… tosiendo, bebiendo agua, tratando de no parar, pero ha tenido que frenar. Cosas del directo. Y cuando más necesitaba un tiempo muerto el público le ha dado una palmadita en la espalda rompiendo a aplaudir y dando ánimo a Ceniceros para que pudiera terminar el discurso. De hecho, ha sido uno de los pocos momentos en el que alguna de las autoridades con cargo en el ámbito nacional ha levantado la vista del teléfono móvil. La ocasión lo merecía.
De vuelta a su silla, y tras escuchar el himno de La Rioja y el himno de España, las compañeras de sitio de Ceniceros, la vicepresidenta del Gobierno, Begoña Martínez Arregui, y la alcaldesa de Logroño, Cuca Gamarra, le preguntaban sobre lo ocurrido. El presidente sonreía y explicaba lo sucedido señalándose la garganta.
Pero no hay mal que no alivie un buen trago de Rioja, así que el borrachín del Cachiberrio ha hecho con Ceniceros lo que el público hubiera querido hacer minutos antes: darle la bota de vino para que suavizara su garganta. Y ahí no ha temblado el camerano, se ha refrescado con habilidad brazo arriba. La siguiente en mostrar su dominio de la bota ha sido la alcaldesa, con un vestido color hueso. Todo un reto y… ¡perfecto! Tras ellos, Nacho Pérez, como delegado del Gobierno, ha recordado lo que le tocaba casi tres décadas atrás como presidente regional. El tiempo vuela.
Luego la bota ha llegado a la curia, y ahí el obispo de la Diócesis de Calahorra y La Calzada-Logroño, D. Carlos Escribano, también ha cumplido con la tradición. Y después: turno de los danzadores, caída del cachiberrio borracho, resto de danzas y fin de las celebraciones institucionales, en este día de San Mateo.

Un buen rato antes se había cumplido con el ritual de llenar el barreño de uvas con la participación de los niños y danzantes, de las reinas de las cabeceras de comarca, de los niños de la ciudad y de los vendimiadores mateos, Andrea Ruiz y Álvaro Marín. Después los Urdiales habían ejecutado el pisado de las uvas, para que posteriormente el presidente regional y los vendimiadores extrajeran el primer mosto y el señor obispo procediera a la bendición del primer mosto ofrecido a la patrona, Nuestra Señora la Virgen de Valvanera.
Y, entre tanto, alguna gente paseaba como si nada por El Espolón, otros compraban piezas de cerámica en la feria, un buen número tomaban vermú en las terrazas, e incluso había quienes se arrancaban a bailar sevillanas en una esquina, como por ejemplo un grupo de turistas. Es San Mateo, se nota, hay para todos los gustos.


