Cultura y Sociedad

Andrés Pascual se marca un thriller de terruño que La Rioja tendrá difícil agradecer

«Muchas veces no nos damos cuenta de la maravilla que tenemos alrededor, llena de matices. El día a día nos pone una serie de velos que nos impide verla como es, o incluso empezamos a compararlo diciendo que esto es peor que aquello y empezamos a vivirlo desde la insatisfacción, desde la frustración o desde la carencia. Y yo me di cuenta de que mi tierra no era ni mejor ni peor, era única».

A Andrés Pascual esta reflexión le sirvió para decidir que quería escribir una saga que transcurriera en su tierra, en La Rioja. Pero la reflexión además es un ejercicio de riojanismo que todos deberíamos realizar a ser posible cada mañana.

El escritor riojano ha llenado en la tarde-noche de este lunes el Riojafórum para presentar su última novela, ‘A merced de un dios salvaje’, si nadie lo remedia, el mejor trabajo de promoción de La Rioja en años.

El periodista Jorge Gómez lo había definido en el inicio del acto con precisión riojana: «‘A merced de un dios salvaje’ es un thriller de terruño». El de las viñas de la Sonsierra riojana, escenario central de una historia en la que Hugo y Raúl derrochan amor y felicidad envueltos en una tragedia llamada Síndrome de Dravet.

Ana Rosa Semprún, la directora general de Espasa, que edita el libro, ha dicho algo obvio: que ha presentado un montón de libros en su vida; y algo que no lo es tanto: nunca lo había hecho ante tanta gente. Setecientas personas abarrotaban el Palacio de Congresos de La Rioja.

Toda esa gente es una parte de la que se ha ido encontrando Pascual a lo largo de su vida. De la de escritor consagrado, de la de novel, de la de riojano viajero, de la de abogado o de la de nieto del abogado de Nájera, que no es cualquier cosa, y menos aún si es jueves.

Toda esa gente es una parte de la que ha ido llenando su cabeza de anécdotas, de memorias riojanas, de confesiones de familia que, de repente, y sin otra banda sonora que la de los árboles y los pájaros de Notting Hill, han dado forma en el último año a las 440 páginas de la obra que sorprendió a sus editoras por un cambio de registro inusual en un escritor de éxito y que los lectores «van a disfrutar muchísimo».

Así lo dijo Semprún, que también destacó el extraordinario uso de La Rioja que hace Pascual en el libro. «Le da un tono y color ominoso que envuelve la historia consiguiendo una atmósfera casi gótica». «Andrés ha hecho un thriller psicológico, y lo ha bordado».

La historia conmueve y da visibilidad a los enfermos del Síndrome de Dravet como Raúl, el niño al que por casualidad Andrés Pascual se encontró una tarde en una viña de La Rioja Alta intercambiando amor con su abuelo y que inspira al Raúl de la ficción. Y al lector riojano la historia le hace levantar el velo que, en ocasiones, le impide verla como es. Única.

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