El Rioja

En busca de la calidad: un aclareo algo tardío de racimos

El aclareo de racimos busca la maduración óptima de la uva y una mayor calidad

Sorprende ver estos días a agricultores trabajando afanosamente en la viña. Son días de principio de vendimia en zonas de Rioja Oriental, pero ellos están a otra cosa. No trabajan corquete en mano, ni van de un lado a otro con el canasto cerca. Ellos, gente con viñedos en las zonas más frías de la DOC con racimos aún sin enverar en su totalidad, trabajan en lo que se denomina aclareo de racimos. Sí señor, aunque suene extraño, tirando racimos al suelo.

Son los últimos porque en la primera semana de septiembre prácticamente todo está hecho en el viñedo. Pero aprovechando que en este 2018 la vendimia llega con dos/tres semanas de retraso con respecto a la pasada, buscan con este aclareo tardío conseguir un equilibrio óptimo entre la superficie foliar y la carga de racimos, retirando los más compactos, los que tienen defecto o falta evidente de maduración y aquellos que se tocan y en los que se prevén problemas de sanidad. Con este objetivo claro, consiguen en los restantes una mayor intensidad polifenólica en las bayas.

No suele realizarse esta práctica en el viñedo viejo porque habitualmente éste se autorregula en la cantidad de fruto producido –las viñas centenarias suelen ofrecen, siempre generalizando, no más de 3.000 kilos por hectárea y las de medio siglo unos 5.000-, pero en viñedos de calidad con apenas unas decenas de años conviene controlar su vigor con esta práctica. Con ello se corrige la carga excesiva de uva y se aumenta significativamente la calidad y la concentración tánica del fruto que sigue en la vid, ya que la planta dispone de más recursos para menor cantidad de uvas y logra una maduración óptima.

El momento ideal para realizar el aclareo llega a mitad del envero. No resulta aconsejable hacerlo antes para estimular la actividad fotosintética de la cepa, pero si se lleva a cabo una vez que el envero es total los beneficios son mínimos. En ocasiones el aclareo se convierte en necesario cuando la carga es excesiva, el tiempo no acompaña y la maduración de todos los racimos se antoja imposible. En definitiva el agricultor sitúa en el fiel de la balanza cantidad de kilos y la calidad de uva, decantándose por una u otra según su filosofía de trabajo.

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